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LA INTOLERABLE BRECHA ENTRE POBRES Y RICOS

May 14 2003

Por Gro Harlem Brundtland (*)

GINEBRA, May (IPS) ¿Qué significa en realidad el derecho a la salud en un
mundo donde tanta gente vive en condiciones desesperadas? Claramente hay
una importante brecha entre lo ideal y las actuales realidades.

En muchas partes de Africa y en algunos países de América Latina y de Asia,
los pueblos han vivido décadas de estancamiento. En otros incluso hay un
retroceso.

Muchas personas viven en países donde demasiada gente no puede satisfacer
sus necesidades básicas diarias en materia de alimentos, agua y vivienda.
Esa gente no puede acceder a los servicios que se necesitan para
sobrevivir, incluyendo los esenciales para el cuidado de la salud y para la
protección personal. Tales personas son vulnerables y padecen inseguridad.
Por ejemplo, el consumo promedio de una familia africana es actualmente un
20 % menor que hace 25 años.

Durante los pasados 15 años, en muchos de los países más pobres ha sido
mucho más difícil llegar con ayuda hasta las poblaciones con problemas
vitales. Al aflojarse la garra de hierro de la Guerra Fría algunos países
gozaron de nuevas libertades, pero en otras áreas, paradójicamente, el
resultado fue el estallido de conflictos armados y un serio debilitamiento
de los estados.

En los países en crisis, la gente está sufriendo, encerrada en el círculo
vicioso de la pobreza, la inseguridad y las enfermedades. Si se mira debajo
de la superficie de una crisis que se cree debida sólo a un desastre
natural, como por ejemplo una sequía, a menudo se puede encontrar que es en
realidad la expresión de la sucesiva acumulación de problemas relacionados
entre ellos. En ciertas partes del sur de Africa las causas subyacentes
incluyen conflictos civiles, colapsos económicos, gobiernos pobres,
estragos del VIH/SIDA y crónicas inversiones insuficientes en los servicios
básicos.

Dada esta brecha entre lo ideal y la realidad ¿tiene algún sentido hablar
de la salud como un derecho humano? ¿No es que los derechos humanos como el
acceso a la salud y al agua se transforman en algo sin sentido cuando se
enfrentan a tan enorme brecha?

Dejémos en claro que el derecho a la salud no significa que los gobiernos
pobres deben poner en funcionamiento servicios costosos que no pueden
permitirse. Más bien significa que los convenios firmados por esos
gobiernos les exigen dar los pasos en la dirección correcta para buscar la
progresiva realización de los derechos de sus pueblos.

Seis mil millones de personas coexisten en este frágil planeta. Mientras
muchas de ellas carecen peligrosamente de los alimentos, el agua y la
seguridad que necesitan para vivir, hay otros millones que sufren debido a
que consumen demasiado. Todos ellos corren alto riesgo de sufrir enfermedades.

La creación de un sistema de reglas y normas que resulten practicables y
justas es una de las muchas caras de la globalización. Muchas personas ven
a la globalización sólo en los términos de la expansión del alcance de las
corporaciones multinacionales y de los mecanismos financieros globales.
Pero si la globalización utiliza su potencial como una fuerza para el bien,
tenemos que considerar más atentamente los medios con los cuales manejamos
nuestra creciente interdependencia. No tenemos un gobierno mundial, pero
tenemos una cada vez más compleja red de instituciones que tienen que ver
con el ejercicio del gobierno global. Esas instituciones son fundamentales
para nuestro futuro y para la legislación internacional sobre los derechos
humanos.

De esta forma, la globalización puede ayudar a transformar las vidas de
millones de personas. Si, como muchos críticos advierten, ella lleva a la
injusticia, es una señal de fracaso. Nuestro desafío es hacer que sucedan
cosas positivas.

Muchos gobiernos no usan sus fondos para el sistema de salud tan bien como
debieran. El impacto de este fracaso es soportado en forma desproporcionada
por los pobres. Los sistemas de salud no se ocupan sólo de mejorar la salud
de la gente sino también de protegerla contra los costos financieros de la
enfermedad. El desafío que se nos presenta es el de reducir el impacto que
producen en los pobres los altos costos en general y, particularmente,
reducir los gastos catastróficos para quienes están seriamente enfermos.

La llave para el éxito está en la interacción entre las acciones nacionales
y la colaboración internacional. En las Metas para el Desarrollo en el
Milenio, determinadas por la comunidad internacional, han sido acordadas
firmes prioridades y se han establecido claros objetivos, por ejemplo
reducir a la mitad antes del 2015 la proporción de personas cuyo ingreso es
menos de un dólar por día. Pero las metas no pueden ser alcanzadas sin un
cambio fundamental en la financiación para el desarrollo. Muy pocos países
ricos dan ayuda para el desarrollo que alcance o supere el 0,7 % de su PBI.

Con visión, compromiso y liderazgo responsable el mundo puede terminar la
primera década del siglo XXI con una drástica reducción de la brecha entre
ricos y pobres. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Gro Harlem Brundtland, Directora General de la Organización Mundial
de la Salud (OMS) y ex Primera Ministra de Noruega.

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