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Ahora Bush necesita a la ONU

Jul 21 2003

Comentario de Jim Lobe

WASHINGTON, jul (IPS) El presidente de Estados Unidos, George W.
Bush, está en graves problemas, y quizá sólo la Organización de
las Naciones Unidas (ONU) pueda ayudarlo.

A esta altura, Bush parece necesitar poco menos que un milagro
para salvar su presidencia sin ayuda. Por ejemplo, el hallazgo de
un vasto escondite de armas de destrucción masiva en las montañas
iraquíes, o una vigorosa reactivación de la economía
estadounidense que haga disminuir el desempleo.

Pero aún con un milagro, el costo humano, político y de
prestigio será extremadamente alto.

Para salvar su gobierno, Bush debería abandonar el agresivo
unilateralismo que ha dominado su política exterior, pedir perdón
a los tradicionales aliados de Washington que no apoyaron la
guerra contra Iraq, y tratar de que el Consejo de Seguridad de la
ONU se haga cargo de la ocupación de ese país.

La semana pasada, India indicó con claridad que, al igual que
otros países, sólo aportará tropas para mantener la paz en Iraq en
una operación autorizada por el Consejo de Seguridad. Bush había
pedido al gobierno indio 20.000 soldados.

Eso es lo que legisladores del gobernante Partido Republicano y
el opositor Partido Demócrata desean desesperadamente, como
comprobó el lunes en Washington el secretario general de la ONU,
Kofi Annan, durante una breve entrevista con parlamentarios tras
reunirse con el propio Bush.

El traslado del mando en Iraq a la ONU es también la propuesta
de experimentados funcionarios diplomáticos, de cuyas advertencias
antes de la guerra se burlaron los halcones del Partido
Republicano, dueños de la política exterior desde los atentados
del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington.

Y es también lo que comienzan a susurrar en el oído de Bush sus
propios asesores económicos y políticos.

El mensaje de esos asesores es que Estados Unidos no puede
soportar solo las cargas económica y política de la ocupación, y
que debe lograr mucha ayuda, aunque sea a costa de perder control.

El mismo mensaje llega al presidente desde el llamado «gobierno
permanente», o sea la alta burocracia que permanece mientras pasan
los presidentes, y en especial la relacionada con la seguridad
nacional.

Es claro que esos funcionarios están hartos de la arrogancia de
los halcones congregados en torno al vicepresidente Dick Cheney y
el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, a quienes culpan de
conducir al país a empantanarse en Iraq.

El director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), George
Tenet, asumió el miércoles ante senadores responsabilidad por la
referencia errónea de Bush, antes de invadir Iraq, a presuntos
intentos iraquíes de fabricar armas nucleares, pero también señaló
que halcones de la Casa Blanca y el Departamento de Defensa
presionaron por la inclusión de esa referencia.

El general John Abizaid, nuevo comandante de las fuerzas que
ocupan Iraq y designado directamente por Rumsfeld, contradijo a
éste en forma explícita el miércoles, en su primera comparecencia
ante el Congreso, al indicar que las tropas bajo su mando afrontan
una «clásica campaña de tipo guerrillero», cada vez más efectiva y
quizás organizada en escala regional.

Esos ataques causaron, hasta el sábado, 36 bajas
estadounidenses desde que Bush declaró terminadas las grandes
hostilidades de la guerra contra Bagdad, el 1 de mayo, y Rumsfeld
había afirmado hasta ahora que no se debían a un movimiento
organizado de resistencia.

Según información filtrada por funcionarios del Departamento de
Estado (Ministeriop de Relacines Exteriores) y la CIA, los
halcones trataron de silenciar, intimidar o desacreditar a los
analistas que no compartían sus engreídas predicciones sobre la
campaña iraquí.

Esas predicciones fueron que los soldados de Estados Unidos
serían recibidos como «libertadores» por la población iraquí, que
no haría falta una gran fuerza de ocupación tras la guerra, y que
sería fácil convertir a Iraq en una país próspero y democrático,
que enviaría millones de barriles de petróleo barato para los
automóviles estaounidenses con alto consumo de combustible.

Es muy probable que quienes filtran información sobre el modo
en que se impulsó la guerra comiencen pronto a hacer revelaciones
formales ante el Congreso.

Además, los soldados desplegados en Iraq no ocultan su
irritación.

El miércoles, el programa «Buenos días América» de la poderosa
emisora estadounidense ABC emitió una entrevista con soldados en
la occidental ciudad iraquí de Faluja.

«Si Donald Rumsfeld estuviera aquí, le pediría que renuncie».
dijo uno de los entrevistados.

Mientras tanto, oficiales militares dicen a periodistas que la
ocupación de Iraq puede destruir la capacidad del ejército para
retener a sus actuales soldados y reclutar a otros.

Eso es veneno para un gobierno, y hay indicios de Bush lo
percibe, en especial tras su reunión con Annan.

Washington había mostrado poco interés en nuevas resoluciones
de la ONU sobre Iraq, pero esta semana el secretario de Estado,
Colin Powell, comenzó a indagar qué tipo de decisión del Consejo
de Seguridad podría habilitar la participación de potencias
occidentales, entre ellas Alemania, en la ocupación de Iraq.

«Ahora que la guerra ha terminado, deberíamos concentarnos en
estabilizar Iraq y convertirlo en un país pacífico y próspero»,
dijo el miércoles Annan.

Las grandes preguntas son qué pedirá la ONU por sacar a
Washington del aprieto, y si Bush aceptará pagar. (FIN/IPS/
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