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Brasil y Europa se unen por \»utopías realistas\»

Jul 23 2003

por Ricardo Grassi

ROMA, jul (IPS) «Ahora somos un grupo», dijo en tono cómplice
y saboreando su éxito el ministro de Cultura de Brasil, Gilberto
Gil, a las 4.000 personas apretujadas en la noche del lunes para
escuchar su concierto con María Bethania en la capital romana.
Pero no se refería a un grupo musical.

El musico aludía a su acuerdo con importantes figuras europeas
de la política cultural, horas antes del espectáculo, para firmar
el «Llamado de Roma» en la alcaldía de la ciudad.

Gil suscribió ese documento con el alcalde romano Walter
Veltroni, el ex ministro de Cultura francés Jacques Lang, el ex
ministro de Cultura portugués Manuel María Carrilho, y el catalán
Jaime Pagès, presidente del Forum Cultural de Barcelona, para «dar
vida a utopías realistas», según dijo.

La intención es dar prioridad a la cultura en las agendas
gubernamentales, y hacer de ella «el instrumento para lograr mayor
justicia social y combatir cualquier tipo de apartheid entre el
norte y el sur del mundo», afirmó Veltroni al firmar el acuerdo.

«En el tiempo de la mundialización, nosotros, artistas,
escritores e intelectuales debemos ocupar todos los espacios
disponibles e inventar otros, para difundir discursos nuevos»,
dice el Llamado, elaborado por Gil en acuerdo con el presidente
brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.

«Debemos diseminar por doquier semillas de crítica, de
rebeldía, de transformación y de sueño: en las empresas, en las
salas de conferencias, en la televisión, en la radio, en Internet,
en los espectáculos», agrega.

En mayo de 2004, en Barcelona, el texto del Llamado será
perfeccionado para convertirlo en un «Manifiesto Mundial de la
Cultura», eje de cinco meses de actividades ininterrumpidas del
Forum dirigido por Pagés.

Dos meses después, en julio de 2004, el documento será aprobado
en forma definitiva y ratificado oficialmente en la primera
reunión del Foro Mundial de la Cultura, que Gil organizará en la
ciudad de Sao Paulo, al sur de Brasil, y que se prevé reeditar
cada tres años.

Veltroni subrayó su voluntad de apelar a la «fuerte e
importante amistad con Brasil» para sostener «junto con los
colegas europeos el proyecto de Gil y su presidente, y trabajar
para que la cultura recupere la prioridad que le corresponde».

Se trata de que «los intelectuales y artistas vuelvan a
comprometerse en la vida pública», y «se difunda la certidumbre de
que no todo es comercializable», añadió.

«Cultura, saber, investigación, arte: son realidades hoy
maltratadas en el mundo. Eso debe terminar», dijo Lang, cuya
gestión ministerial dio origen en Francia a manifestaciones ya
célebres como la Fiesta de la Música y las Noches Blancas de
París.

«Debemos reconocer su poder profundamente social y llegar a una
especie de resistencia cultural internacional», sostuvo.

«La cultura puede abatir incluso el ‘apartheid’ económico»,
según Carrillo.

Gil reafirmó su concepción muy amplia de la cultura, que abarca
«de la arquitectura a la religión, de la danza a la literatura,
del samba al teatro, del urbanismo al artesanado, del patrimonio
histórico a la poesía, de la estética de las favelas a las
técnicas culinarias, del fútbol al carnaval».

«Entonces ¡al ataque! Pongamos la cultura antes y por encima de
todo», concluyó Veltroni.

El concierto de Gil y Bethania en el Auditorium romano, con el
alcalde de la ciudad en primera fila, fue coherente con esas
definiciones y «muy políticamente correcto», según una funcionaria
de la embajada brasileña.

Los valores de la tolerancia, la paz y el respeto al ambiente
fueron oportunamente subrayados por los artistas, que no por eso
olvidaron la poesía, ni canciones de maestros como el brasileño
Dorival Caymmi y el jamaiquino Bob Marley.

Gil cosechí un renovado reconocimiento a su calidad artística,
y coronó con éxito político su primer gira musical desde que fue
nombrado ministro. No sólo disipó cualquier duda sobre la
compatibilidad de sus dos actividades, sino que también demostró
que pueden complementarse con provecho y asegurar el
imprescindible eco mediático.

«¡Viva Lula!», gritó alguien del público. «¡Baila, Roma!,
respondió Gil. Poco antes de que concluyera el espectáculo, casi
todos bailaban, cada uno a su modo, la música brasileña.
(FIN/IPS)
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