General

Demasiados errores o una gran mentira

Jul 17 2003

Análisis de Jim Lobe

WASHINGTON, jul (IPS) ¿Cómo tanta gente tan inteligente pudo
equivocarse tanto?

«Creo, realmente, que nos recibirán como libertadores», decía
ante las cámaras de televisión el vicepresidente de Estados
Unidos, Dick Cheney, mientras las tropas de su país se aglomeraban
entre Kuwait e Iraq en las vísperas del avance sobre Bagdad.

«Salvajemente distante de la realidad», había dicho antes de la
guerra en Iraq el subsecretario (viceministro) de Defensa, Paul
Wolfowitz, cuando respondía en un comité del Senado si la fuerza
ocupante requeriría más de 200.000 soldados, como afirmaba el
entonces jefe del Estado Mayor del ejército, Eric Shinseki.

«Creo definitivamente más probable que improbable algún grado
de anuencia» entre el régimen de Saddam Hussein y la red radical
islámica Al Qaeda para cometer los ataques del 11 de septiembre de
2001 contra Estados Unidos, repetía antes de la guerra en un
tribunal el ex jefe de la CIA y asesor del Pentágono James
Woolsey.

«Sabemos dónde están. Están en el área alrededor de Tikrit y
Bagdad, y en algún lugar al este, el oeste, el sur y el norte»,
dijo a los televidentes el secretario (ministro) de Defensa,
Donald Rumsfeld, sobre la ubicación de las armas de destrucción
masiva que supuestamente poseía el régimen de Saddam Hussein.

«El gobierno británico se ha enterado de que Saddam Hussein
buscó recientemente cantidades importantes de uranio en Africa»,
declaró el presidente George W. Bush en enero ante el Congreso
legislativo, en su discurso anual Estado de la Unión.

«Sabemos que (Saddam Hussein) está tratando otra vez de
producir armas nucleares, y sabemos que él tiene una larga
relación con varios grupos terroristas, incluida la organización
Al Qaeda», aseguró el vicepresidente Cheney en las vísperas de la
guerra.

Hoy, tres meses después de que las tropas estadounidenses
consolidaron su control sobre Iraq, la Casa Blanca admitió que ni
ella ni Gran Bretaña tuvieron jamás evidencia sólida ni genuina de
que Saddam Hussein intentaba comprar uranio en Africa.

Las fuerzas invasoras tampoco descubrieron armas de destrucción
masiva en Iraq.

Por otra parte, la posibilidad de que existiera un vínculo
entre el régimen secular de Saddam Hussein y la red radical
islámica Al Qaeda fue oficialmente desacreditada por un panel
especial de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Y el público iraquí dista mucho de percibir a los soldados
invasores como una fuerza de «liberación», según afirman, incluso,
los medios de prensa estadounidenses.

Ahora, el gobierno de Bush trata de asegurarse una fuerza
significativamente mayor de los actuales 145.000 soldados
estadounidenses para asegurar el control de Iraq, y por eso le
pidió colaboración a no menos de 70 países, que pondrían policías
y militares. Los contribuyentes estadounidenses, el dinero.

Todo ese despliegue para una ocupación sin plazo definido.

Mientras, legisladores estadounidenses, incluidos cada vez más
miembros del gobernante Partido Republicano, muestran creciente
inquietud por la situación en Iraq, en contradicción con los
confiados pronósticos anteriores a la guerra.

Las fuerzas invasoras sufren un promedio de 13 ataques cada
día. Bush declaró el fin de la operación militar el 1 de mayo,
pero todo indica que se desarrolla ahora una guerra de guerrillas.

«El problema es que los estadounidenses estamos inseguros sobre
el futuro de nuestro involucramiento en Iraq», dijo el senador
republicano John McCain, un «halcón» antes de la guerra. Fue una
intervención gentil en una audiencia en el Senado a la que asistía
Rumsfeld, el miércoles.

El jefe del Pentágono se defendía entonces del acoso de los
senadores del opositor Partido Demócrata, que le exigían tragarse
su orgullo y pedir ayuda a la Organización del Tratado del
Atlántico Norte (OTAN) o a la ONU.

«Lo que usted necesita, en mi opinión, es delinear un plan
concreto», le recomendó McCain a Rumsfeld.

La palabra «empantanamiento» –para no mencionar la palabra
Vietnam– ha vuelto a imprimirse en los periódicos
estadounidenses.

Cada día muere atacado al menos un soldado de la fuerza
ocupante, mientras militares de todo rango dicen ante las cámaras
de televisión que carecen del poder necesario para imponer el
orden en un país del tamaño del sudoccidental estado de
California.

La población iraquí aprecia cada día menos la presencia de
soldados estadounidenses. Y hay allí personas que los quieren
muertos. Analistas militares comparan la situación en Iraq a la
afrontada por la ocupación israelí en territorio palestino.

«Algunos soldados frustrados escriben cartas a sus
representantes en el Congreso para pedir el retorno de sus
unidades», informó esta semana el diario Christian Science
Monitor.

«La mayoría de los soldados vaciarían su cuenta bancaria sólo
por un pasaje de avión hacia casa», dice una de esas cartas,
enviada por un soldado del ejército. Un oficial de su misma
división escribió: «No se engañe, la moral de la mayoría de los
soldados que he visto ha tocado fondo».

Expertos en asuntos de Medio Oriente, en especial ex
diplomáticos, agentes de inteligencia y académicos, habían dicho
durante muchos meses que derrotar a Iraq sería fácil, pero no
consolidar el control sobre el país.

Pero se trataba de los mismos expertos que cuestionaban las
afirmaciones del gobierno de Bush sobre los vínculos de Bagdad con
Al Qaeda, sobre la reanudación del programa nuclear iraquí y sobre
la cantidad de armas químicas y biológicas en sus arsenales.

De todos modos, esas visiones que a la postre resultaron
acertadas fueron sistemáticamente ignoradas, incluso en el
Congreso, donde la mayoría de los demócratas se resistían a
criticar a un presidente popular y procuraban no mostrarse
«blandos» ante la amenaza de Saddam Hussein luego de los atentados
del 1 de septiembre.

Numerosas evidencias que iban en sentido contrario al del
gobierno fueron desviadas. Aquellos expertos que realmente sabían
algo sobre Medio Oriente fueron excluidos de los círculos
políticos ejecutivos.

«Es francamente increíble que los civiles en el Pentágono
inhalen su propia propaganda sobre la bienvenida que las fuerzas
estadounidenses recibirían de los iraquíes», dijo el presidente
del Consejo de Políticas de Medio Oriente y diplomático retirado
Chas Freeman.

«Nadie que sepa algo sobre la región hubiera comprado la idea
de que los soldados serían recibidos como libertadores. Pero nadie
que sepa algo sobre la región fue invitado a participar en las
discusiones políticas», sostuvo Freeman.

Como consecuencia, los ideólogos, en particular los que rodean
a Cheney y a Rumsfeld, simplemente se reforzaron las suposiciones
unos a otros y atacaron a cualquiera que discordara con ellos,
includos los verdaderos expertos.

Esos profesionales eran vistos por los halcones del gobierno
como defensores de dictadores árabes que odian a Israel y aman a
Arabia Saudita, cretinos útiles al servicio del Gran Petróleo,
esclavos del pensamiento tradicional.

El propio Rumsfeld definió tal actitud, pero para referirse a
los agentes de inteligencia que no reforzaban su visión: «Tendemos
a oir lo que esperamos oir, sea malo o bueno. Así es la naturaleza
humana. A menos que algo nos sacuda, tenemos a seguir nuestro
camino y a reforzarlo, más que a modificarlo.»
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+ Iraq en transición – Cobertura especial de IPS
(http://www.ipsnoticias.net/iraq/index.shtml
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