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Espejitos de colores y caracoles en Cancún

Jul 30 2003

Silvia Ribeiro

ALAI-AMLATINA, 30/07/2003. México. Uno de los mejores
ejemplos que da cuenta de la dinámica interior de la
Organización Mundial de Comercio (OMC) es la disputa sobre
el acceso público a las medicinas. El tema se debate en el
marco de la preparación a la próxima reunión ministerial de
la OMC a celebrarse en Cancún en septiembre, dentro de los
Aspectos de Propiedad Intelectual relacionados al Comercio
(ADPIC en castellano o TRIP en inglés).

El núcleo del problema es que poderosas trasnacionales
farmacéuticas -10 empresas controlan 58.4 por ciento del
mercado mundial: Pfizer+Pharmacia, Glaxo Smith Kline, Merck
& Co., Bristol-Myers Squibb, Astra Zeneca, Aventis, Johnson
& Johnson, Novartis, Wyeth y Eli Lilly- parecen querer
lograr que las medicinas que existan en el mundo sean
exclusivamente para venta en farmacias, patentadas por
ellas, percibiendo ganancias aún mayores. Para lograr esto,
que nada tiene que ver con la salud de nadie, tienen que
derribar varios obstáculos, a corto y largo plazos.

A largo plazo, por ejemplo, deben erosionar y desarmar los
sistemas de salud autónomos de las comunidades locales para
convertirlos en consumidores obligados de productos
farmacéuticos comerciales: se estima que 80 por ciento de la
población rural del mundo utiliza sobre todo plantas
medicinales para la atención de su salud. Aunque tienen
bajo poder adquisitivo y las trasnacionales no los
consideran importantes como personas ni como «compradores»,
se trata de lograr un dominio de mercado cada vez más
abarcador, eliminando otras opciones.

Por otra parte, un sector fundamental de donde saquear y
patentar son las plantas medicinales y el conocimiento sobre
ellas que los pueblos indios y comunidades locales han
desarrollado y compartido con la humanidad desde hace
milenios. Para esto, los sistemas de patentes son un arma
imprescindible. Por eso en el paquete de ADPIC no está en
discusión solamente el acceso a las medicinas de venta en
farmacias, sino también que se mantenga y garantice el
derecho de las multinacionales -o cualquiera que cuente con
el enorme poder económico necesario- a aplicar patentes
monopólicas sobre seres vivos e impedir con ello que
continúe la libre circulación e intercambio de recursos
genéticos y conocimientos como lo han practicado las
comunidades locales en los últimos 20 o 30 mil años.

A corto plazo quieren impedir que cualquiera pueda producir
medicinas genéricas, es decir, con los mismos componentes
activos, pero sin patentes y, por tanto, mucho más baratas
al consumidor.

Desde su introducción en 1994, los ADPIC preveían que la
aplicación de patentes tendría excepciones por razones de
salud pública: en esos casos está permitido emitir
«licencias obligatorias» para fabricación nacional de
medicinas y realizar «importaciones paralelas» (comprar un
producto con patente válida en el país importador en otro
país donde se vende más barato). Pero cuando países como
Sudáfrica o Brasil quisieron utilizar estas excepciones
permitidas fueron boicoteados por las multinacionales o
amenazados por Estados Unidos de llevarlos ante el panel de
disputas de la OMC.

En la reunión de la OMC en Doha (noviembre 2001), por
protestas de países del tercer mundo y organizaciones
internacionales de la sociedad civil, se emitió la
Declaración de Doha sobre salud pública, que reconoce las
excepciones que ya existían en la OMC. Buen ejemplo de los
tiempos que vivimos es el hecho de que la declaración fue
considerada por gobiernos de sur y muchas organizaciones no
gubernamentales como un logro, cuando en realidad sólo
mantenía lo poco que ya estaba.

Aun así, desde entonces todas las instancias de negociación
de los ADPIC han sido para empeorar los términos existentes.
Los países sedes de las trasnacionales farmacéuticas –
Estados Unidos y la Unión Europea, con leves variaciones-
han tratado de reducir los ámbitos de aplicación de las
excepciones. Primero, reduciendo el número de enfermedades
aplicables, por ejemplo, solamente malaria, tuberculosis y
sida. Hace poco aclararon que el SARS, o neumonía atípica,
no podría entrar en esas «excepciones». Luego, manipulando
el término «razones de salud pública» para que sólo fuera
válido en situaciones de «extrema urgencia», evaluación
subjetiva que siempre puede ser discutida. Y ahora Estados
Unidos declaró que el grupo de países que podrían aplicar
las excepciones se-rían solamente el de los «menos
desarrollados»: los 48 extremadamente pobres según Naciones
Unidas.

Además, a partir de 2005 se limitarán severamente los
derechos de exportación de los países productores de
genéricos. Traducción: aunque se mantuviera la regla de
«importaciones paralelas», no habrá a quién comprarle y los
países «menos desarrollados» no tienen capacidad técnica de
producir genéricos por sí mismos, o sea que, aunque exista
el derecho de aplicar «licencias obligatorias», no les
servirá para nada.

Sin embargo, muchos analistas prevén que el tema del «acceso
a medicinas» y otros aspectos de propiedad intelectual –
como que los gobiernos del sur colaboren aún más en patentar
seres vivos si se les prometen algunas migajas sobre las
regalías- serán los únicos «logros» posibles en la próxima
ministerial de la OMC en Cancún. Victorias pírricas, que
más bien deberían llamarse espejitos de colores. Y como
dicen desde el sur: más vale un caracol marchando que cien
excepciones reptando.

*Investigadora del Grupo ETC.
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