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Otra vez la tercera vía

Jul 23 2003

Theotonio Dos Santos

ALAI-AMLATINA, 23/07/2003, Río de Janeiro. Otra vez los líderes
de los partidos políticos que defienden una llamada Tercera Vía
entre capitalismo salvaje y socialismo se proponen reunirse para
dar continuidad a un enfoque que se probó poco consistente pues
la
mayoría de ellos se encuentra fuera del gobierno y no pueden
presentar un caso de éxito político y sobre todo económico
significativo.

En el caso de Brasil, el representante normal del país sufrió una
derrota electoral brutal y definitiva, pero extrañamente
su sucesor da continuidad a la representación del país, como si no
fuera el representante de un proceso electoral que lo escogió como
el opuesto a su antecesor. En el caso de Estados Unidos, queda
el
mismo representante, a pesar de derrotado y fuera del gobierno.
Tratándose de una propuesta ideológica, esto parece natural. El
ex-presidente Clinton se manifestó en clara oposición a su
sucesor, apuntando hacia las diferencias de la Tercera Vía con las
posiciones a su derecha y a su izquierda.

¿Cuál es la esencia de la llamada Tercera Vía? Apuntar a un
camino
entre socialismo y capitalismo no tiene nada nuevo. Esta ha sido
la posición de los social-demócratas desde el final de la Segunda
Guerra Mundial, cuando la mayoría de estos partidos aceptó
alinearse con los Estados Unidos en la Guerra Fría en contra de la
URSS y sus aliados y renunciar a la propuesta de una sociedad
socialista. Lo que diferencia la Tercera Vía es la aceptación del
carácter positivo del libre mercado, en su versión neoliberal.
Hay un reconocimiento de la eficacia del libre mercado para la
correcta asignación de los recursos al mismo tiempo en que se
acepta su incapacidad de atender las necesidades sociales de la
mayoría de la población.

La Tercera Vía pretende corregir las dificultades generadas por
las políticas neoliberales, a través de políticas sociales. Se
reconoce la autonomía de lo económico y se reconoce la
existencia
de una tecnología de políticas económicas que debe ser gerida
autónomamente por los Bancos Centrales. Bueno, este es por lo
menos el enfoque de Anthony Giddens que pretende fundamentar
este agrupamiento.

En la práctica la cosa es bien diferente.

Los asesores económicos de Clinton jamás han aceptado este enfoque.
Ellos han criticado duramente el enfoque neoliberal y han propuesto
una política económica basada en la idea de un capitalismo gerenciado.
Ellos tuvieron un éxito económico espectacular al bajar drásticamente
el déficit fiscal norteamericano a través de la disminución de los
gastos militares, pero sobre todo a través de la baja de la tasa
de interés que obligaba el gobierno norteamericano a gastar miles
de millones de dólares en transferencias de recursos para los
especuladores del sistema financiero.

Es verdad que esto puede parecer una paradoja. ¿Cómo puede
ser que los neoliberales, que defienden el equilibrio fiscal y
financiero realicen políticas económicas que producen
desequilibrios fiscales y cambiarios colosales, como lo hicieron
los gobiernos Reagan y George Bush? Y, al contrario, gobiernos
que aparentemente asumen perspectivas keynesianas contengan el
déficit fiscal y crean mismo superávit fiscal. Al mismo tiempo,
el gobierno de Clinton bajó el dólar y mantuvo el déficit comercial
bajo hasta que la crisis asiática abrió camino para una retomada
del déficit comercial gigantesco que se presentó al final de su
gobierno.

Estamos terminando un libro que recoge una vasta producción de
artículos en que mostramos esta realidad desde la mitad de los
años 80. Los economistas post-keynesianos y los antiguos neo-
keynesianos no se convencieron aún de esta inversión dentro del
pensamiento económico.

Lo repetimos aquí para quedar claro con nuestro argumento: el
neoliberalismo ha sido un humo ideológico para ocultar la crítica
a políticas económicas que provocan desequilibrios colosales en la
economía mundial. Talvez la razón para esta situación se
encuentre en el hecho de que la adopción del libre mercado lleva
a un aumento de los desequilibrios económicos. Pues cuanto
mayor la competitividad mayor el desequilibrio que resulta de ella,
con la expansión del mercado monopólico, de la concentración
económica y de la exclusión de grandes masas del empleo y hasta
del propio mercado de trabajo, a través de una gigantesca economía
informal y formas primitivas de relaciones económicas.

El grupo de economistas que asesoró a Clinton tenía plena
conciencia de los efectos necesariamente negativos de una
propuesta de libre funcionamiento del mercado en una época
histórica en que el capital actúa a través de las grandes
corporaciones económicas, las empresas multinacionales, los
grandes grupos financieros y la cobertura activa del Estado, no
solo como regulador del mercado semi-monopólico como agente
económico directo cada vez más contundente. En este sentido
los liberales más radicales de Estados Unidos no han cedido al
neoliberalismo como los social-demócratas europeos.

El caso más grave en Europa ocurrió en el comienzo del gobierno
Schroeder cuando su ministro de economía era Oskar Lafontaine,
que intentó bajar las tasas de ganancia y retomar el crecimiento
económico de Alemania, en contra de los dirigentes de los Bancos
Centrales europeos, y particularmente del alemán. Schroeder
abandonó su ministro de economía a las fieras y abrió camino para
su dimisión. Desde entonces ha intentado varias veces retomar el
crecimiento económico alemán a través de la flexibilidad del
trabajo y otras medidas defendidas por los neoliberales para
terminar en la práctica conduciendo los gobiernos bajo su
dirección al fracaso económico y sobre todo a la recesión y al
desempleo.

El ejemplo más contundente de este fracaso es el caso de
Inglaterra. Este país viene bajando su perfomance económico
desde el gobierno de la Sra. Tatcher de manera definitiva.
Inglaterra bajó de la quinta potencia mundial a la sexta. Sin
embargo, si adoptamos la medida del poder de compra para el
Producto Interno Bruto, vemos a China y a India superar aún más
drásticamente la economía inglesa tirandola para los últimos
lugares de los países más poderosos del mundo. No es por nada
que el primer ministro de Inglaterra se convirtió en el «poodle»
del gobierno norteamericano como lo asistimos en el espectáculo
horroroso de la guerra reciente en contra de Irak.

Así parece que aceptar el libre mercado como organizador de la
vida económica no trae buenos resultados para quienes lo
adoptan.

En América Latina tenemos varios ejemplos de los resultados de
esta opción. En Estados Unidos, como lo hemos mostrado varias
veces, nadie asume una perspectiva neoliberal en la práctica de la
política económica. Véase ahora el caso de Geoge W. Bush.
Frente a la amenaza de repetir el fracaso electoral de su padre,
que perdió las elecciones después de «ganar» la primera guerra en
contra del Irak, él se rehúsa a aplicar los principios
neoliberales. De un lado, permite y estimula al presidente del
Federal Reserve bajar drásticamente la tasa de interés del
país que llegó a 1% al año ( y que tendrá de bajar a por lo menos
el 0,75%, como lo estamos planteando hace más de un año, como
condición para una recuperación efectiva de la economía
norteamericana y mundial).

De otro lado Bush hijo aumenta dramáticamente los gastos públicos,
particularmente los gastos militares para que puedan calentar la
economía y permitir la retomada de su crecimiento. En tercer
lugar sí recurre a un principio de gusto neoliberal que es la baja
de los impuestos con la vana esperanza de que un aumento de la
renta, sobre todo de los sectores de altos ingresos, ayude a
retomar el consumo y recalentar la economía. Su inspirador,
Ronald Reagan lo intentó sin resultados importantes en los años
ochenta. Pero el estudio de las experiencias históricas no es lo
fuerte de los economistas formados en las escuelas actuales de
pensamiento.

Por lo tanto no podemos ver ningún camino serio para la Tercera
Vía. Creer que la economía debe ser regida por principios
universales, de carácter «técnico» es el camino más directo para
quedarse a la merced de los intereses más reaccionarios que
comandan este estilo de pensamiento económico. Al mismo
tiempo, es condenarse a no disponer de recursos para enfrentar
los problemas sociales que resultan del fracaso de las políticas
neoliberales.

Esta lección fue repasada a todos los dirigentes políticos
latinoamericanos que por ignorancia y cobardía han asumido las
políticas neoliberales en la región. Mientras disponían de
reservas internacionales y de recursos públicos para vender
pudieron ofrecer un periodo de aumento de consumo a través de
las importaciones y de expansión de inversiones a través de la
atracción de capitales internacionales que luego se fueron al
agotar la captación de los excedentes existentes en estas
llamadas economías emergentes.

De manera irremediable todas ellas entraron en crisis colosales
con la devaluación de sus monedas y salidas colosales de divisas.

Mientras el tesoro norteamericano y el aparato financiero
internacional decidieron intervenir para garantizar la salida de
los capitales invertidos por los norteamericanos y otros
inversionistas «serios» el fracaso de estas políticas asumió
proporciones equivalentes a la profundidad de su irracionalismo
económico.

Hoy día, estas intervenciones son cada vez más difíciles pues hay
falta de liquidez en los países centrales. Argentina ha sido el
primero caso a desarrollarse en este nuevo contexto. De ahí se
pueden sacar dos lecciones. En primer lugar la gravedad de la
crisis socioeconómica que resultó de esta aventura económica.

En segundo lugar, la profunda crisis política e ideológica que
resultó de esta situación. Estamos asistiendo solamente al
comienzo de las manifestaciones más ordenadas de esta crisis.
Y ellas no apuntan hacia una situación favorable a los dueños
actuales del mundo. En Brasil, como hijo de la crisis de 1999,
tuvimos las elecciones de 2002 que resultaron en un rechazo del
77% de los electores al candidato del gobierno.

En México, la crisis de 1994 llevó finalmente a la derrota
electoral del PRI. El hecho de que el PAN haya dado continuidad
a la política económica neoliberal ya lo conduce a la derrota y
a un posible retorno de un PRI más crítico del neoliberalismo de
Salinas. Este ir y venir de manifestaciones políticas en contra
de las actuales políticas económicas y la insistencia del sistema
financiero internacional de mantenerlas a través de la
intimidación o la corrupción de los líderes electos debe llegar a
un límite muy serio: debe poner en cuestión la posibilidad de
alcanzar los cambios por la vía legal e institucional, lo que
pondría en riesgo veinte años de lucha democrática en la región.

Nada de esto parece favorecer a un intento de retomar la propuesta
de vuelta a la Tercera Vía. Insistir en el fracaso y en los
errores políticos e intelectuales no es una vía muy saludable…

* Theotonio dos Santos es profesor titular de la Universidad
Federal Fluminense y Coordinador de la Cátedra y Red UNESCO –
Universidad de las Naciones Unidas sobre Economía Global y
Desarrollo Sostenible. Su libro más reciente es «Teoría de la
Dependencia: Balance y Perspectivas», Editora Plaza & Janés.

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