General

EL REVES DEL IMPERIO AMERICANO

Oct 24 2003

Por Augusto Zamora (*)

MADRID, Oct (IPS) Se ha hecho lugar común hablar de mundo unipolar. De igual
modo que ocurre con la mal llamada globalización, pocos parecen dispuestos a
poner en duda lo que parece inobjetable. Estados Unidos, país vencedor de la
Guerra Fría, es hoy la única superpotencia mundial y el país en torno al
cual gira el mundo. Pero ¿es, efectivamente, Estados Unidos el único polo de
poder o su hegemonía responde a una suma de hechos circunstanciales que
desaparecerá en los próximos años y décadas?

Durante la I Guerra Mundial, Estados Unidos comerció con ambos
contendientes. Su comercio con el bloque británico pasó de 824 millones de
dólares en 1914 a 3.215 millones en 1916. Sus ventas a las potencias
centrales pasaron de 169 millones a 3.214 millones en el mismo periodo.
Estados Unido entró en combate en junio de 1918 y Alemania se rindió en
noviembre de ese año. Europa quedó en ruinas y endeudada con Estados Unidos,
cuyo PIB pasó de 33.000 millones de dólares en 1914 a 72.000 millones en 1920.

La II Guerra Mundial obligó a Estados Unidos a un esfuerzo mayor, pero aun
así le dejó inmensos beneficios. Bastó que la guerra empezara para que su
producción industrial aumentara un 20%. Al concluir el conflicto era el
único país cuyo territorio no había sufrido ningún daño. Sus mercantes eran
el 66% del tonelaje mundial y su superávit comercial ascendía a 40.700
millones de dólares. Europa estaba destruida y endeudada. Su producción
industrial había descendido más de un 40% y la agrícola hasta un 50%. El
Plan Marshall acrecentó la riqueza de Estados Unidos y con la OTAN impuso su
hegemonía militar en la región.

Otro factor es que Estados Unidos nunca se ha enfrentado, solo, a
adversarios de entidad equivalente. La expansión territorial -su mitificada
y hollywoodizada conquista del Oeste- fue el primer genocidio planificado de
la era moderna. Siguieron México y una rezagada España, derrotada en 1898.
Luego Cuba, Haití, Nicaragua, Panamá…La participación de Estados Unidos en
la I Guerra Mundial fue simbólica y en la segunda, aunque con una
implicación mucho mayor, participó con aliados tan poderosos como la URSS,
que sola quebró el espinazo del poder nazi.

No hubo guerra contra la URSS, para fortuna del mundo, aunque sí dos
conflictos en los que Estados Unidos debió combatir contra China e,
indirectamente, la URSS. En Corea, en 1951, las tropas estadounidenses casi
fueron expulsadas de la península por el ejército chino. La guerra quedó en
tablas, mostrando la impotencia de Estados Unidos, que no había podido
vencer. Vietnam es lo bastante conocido para comentarlo. Estados Unidos no
tiene, por tanto, experiencia bélica en solitario contra poderes similares.

Hasta hace pocos años, la Guerra Fría fue un gasto compartido por las
potencias occidentales, de Noruega a Japón. La Guerra del Golfo fue
realizada por Estados Unidos al frente de una coalición de 50 países, con
fondos aportados por una decena de ellos. La agresión contra Yugoslavia fue
obra de la OTAN, que corrió con el gasto.

En Afganistán la situación cambió. Aunque abaratada por el apoyo ruso y
europeo, es una guerra pagada por Estados Unidos. La agresión contra Iraq
fue a peor. Debe ser pagada enteramente por Estados Unidos, con un mínimo
aporte británico. Son, claramente, guerras deficitarias que ni siquiera
podrá resarcir el petróleo iraquí, habida cuenta el enorme daño sufrido por
ese país (50.000 millones de dólares, dice el Banco Mundial) y la necesidad
que tendrá Estados Unidos de mantener ocupado Iraq por mucho tiempo. Una
ocupación costosa (4.000 millones de dólares al mes).

Puede decirse que Estados Uidos ha pasado por cuatro etapas de
imperialismo.La primera es un imperialismo vecinal de beneficios absolutos,
que va desde su independencia hasta 1898, etapa en la que alcanzó los
niveles de expansión territorial, industrialización y capitalización de
beneficios que le convertirán en gran potencia. Una segunda etapa es de un
imperialismo económico de beneficios netos, que va de 1898 hasta la II
Guerra Mundial, cuando no parece interesado en convertirse en un poder
mundial protagonista, sino en consolidar y expandir su poder económico y
financiero. La segunda abrirá una tercera etapa, que puede calificarse
imperialismo mundial deficitario, habida cuenta que, como acontecerá en la
guerra de Corea y, sobre todo, en la de Vietnam, la economía de Estados
Unidos se verá afectada por la necesidad de mantener el pulso con la URSS.

El derrumbe soviético abrirá una cuarta y actual etapa, en la que Estados
Unidos aparece como vencedor absoluto de la Guerra Fría y única
hiperpotencia planetaria. Aunque sea paradójico, Estados Unidos ha entrado
en una etapa de imperialismo militar de pérdidas netas, por cuanto, por vez
primera en su historia, debe consumir cantidades ingentes de recursos
propios para mantener su status de hiperpotencia hegemónica, con menguados
beneficios económicos y políticos. Sus dos últimas aventuras militares han
tenido que salir de sus contribuyentes, sin que las ganancias aparezcan por
ninguna parte, a menos que se asuman como tales la ocupación de esos países
y la creciente guerra de guerrillas. Dado su notable descrédito político,
este imperialismo militar de pérdidas netas tenderá a aumentar por causas
varias.

La primera de ellas es que Estados Unidos ya no es la primera potencia
industrial y comercial del mundo, puesto que ocupa la
Unión Europea (UE) y que se irá reforzando a medida que ingresen nuevos
países. Como señala Emmanuel Todd, la norteamericana se ha convertido en una
economía dependiente del resto del mundo. El presupuesto federal pasó de un
superávit del 2,3% en 2000 a un déficit del 2,3% a finales de 2002, hasta
dispararse a 500.000 millones de dólares en 2003. El ahorro interno ha caído
del 5% de mediados de los 90 a un mínimo histórico del 1,3%. Al carecer de
ahorro interno, Estados Unidos necesita absorber el ahorro excedentario
extranjero, incurriendo en un gran déficit por cuenta corriente. Una
situación que agravará la drástica reducción de impuestos, que acrecentará
los beneficios del 1% más rico, al costo de reducir programas sociales.

Es en el campo militar convencional donde Estados Unidos no tiene rivales.
Su presupuesto de 460.0000 millones de dólares, el 45% del gasto mundial, es
imposible de igualar. El problema es que tanto gasto tiene escasa utilidad
práctica. Si aceptamos como cierta la afirmación de que el terrorismo es la
principal amenaza para Estados Unidos, tanques y aviones no sirven para
combatirlo, como Israel sabe muy bien.Si se trata de países enemigos, su
estrategia no parece alcanzar los objetivos propuestos. Estados Unidos
derrocó al gobierno talibán, pero su control del país no pasa de Kabul y la
guerra sigue. Unos 200 soldados han muerto desde la derrota de los talibán.
En Iraq la guerra de guerrillas ha causado más bajas que la guerra misma y
seguirá. ¿Cuánto tiempo aguantará Estados Unidos el goteo, tomando en cuenta
su aversión a sufrir bajas? ¿Cuánto tiempo más aguantará su economía sin
llegar a la crisis?

El cambio de política hacia la ONU es, quizás, la prueba más evidente de
que, entre los escasos sectores sensatos que hay en el gobierno de Bush,
existe el convencimiento de que Estados Unidos, solo, no puede controlar la
situación en Iraq y, menos todavía, el infierno que hay en Oriente Próximo.
Bush ha pedido 87.000 millones de dólares para «terminar de ganar» la
guerra, pero quiere que otros países cubran parte sustantiva del costo
económico y humano. En este panorama incierto, solamente el sector del
petróleo y el complejo militar-industrial son los beneficiarios del
despilfarro y la inseguridad mundial abierta por el militarismo rampante de
Bush. El peligro de la vorágine militarista es que la derecha que gobierna
Estados Unidos, para intentar mantener su diktat, necesita mantener al país
y al mundo en un permanente estado de guerra, en el más puro sentido
orwelliano. La guerra será la paz y la opresión, la libertad. De ahí la
necesidad de que existan estados canallas y de mantener viva la histeria
sobre la amenaza terrorista.

El problema real para Estados Unidos no es ese grupo de países pobres,
aislados y débiles a los que reduce a parias. Su problema es qué hará cuando
Rusia y China, la una recuperada de los desastres de Yeltsin y la otra
habiendo alcanzado el nivel de poder que construye con paciencia asiática,
reclamen el sitio que les corresponde. Estados Unidos no podría ir a la
guerra contra ellas sin destruir el mundo ni desafiarlas en sus áreas de
influencia. La permanencia en Afganistán depende de la bondad rusa, como se
demostró en 2001. Si esa bondad desaparece, su situación devendría precaria.
El otro problema es el euro. Si una parte cada vez mayor del ahorro se hace
en la divisa europea, ¿cómo financiará Estados Unidos su crónico déficit y
su despilfarro militar? ¿Recurrirá a la guerra económica para destruir a la
UE? ¿Utilizará a sus aliados de la nueva Europa para dinamitar a la UE?

Detrás de la aparente omnipotencia de Estados Unidos se mueven fuerzas
poderosas, unas que son obvias para quien las quiera ver, otras que apenas
se vislumbran y otras que están esperando agazapadas. Europa (y el mundo)
debería hacer cuentas y entender que avalar sin más a Estados Unidos en su
imperialismo militar de pérdidas netas puede generar un conflicto
interminable, mezcla de fanatismo religioso, crisis económica, geopolítica
decimonónica y fascismo light. Como decía Henry Kamen, «la preservación del
imperio español se debió a la general inclinación de todas las potencias».
La hiperpotencia de Estados Unidos es tal por la inclinación general de los
otros poderes. Pero, como ocurrió con España, será una hegemonía efímera. La
pregunta es el precio que pagará la humanidad para un mundo multipolar y más
seguro. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Augusto Zamora es profesor de Derecho Internacional Público y Relaciones
Internacionales en la UAM.

——————————————————————————–
‘Other news’ es una inciativa personal, que tiene el fin de proprocionar material que tendria que estar en los medios, y no esta por los criterios comerciales de la informacion. Esta abierta a recibir contribuciones de todos. Su area de trabajo es informar sobre temas globales, relaciones norte-sur, y gobernabilidad de la globalizacion. Su lema es una frase aparecida en el muro de la vieja aduana de Barcelona, a comienzos del 2.003: «Lo que los muros hablan, los medios callan». Roberto Savio