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La recuperación de la economía mundial y sus límites

Oct 29 2003

Theotonio Dos Santos

ALAI-AMLATINA, Río de Janeiro.- Los principales
institutos de análisis de la coyuntura mundial han aceptado
el diagnóstico que acusa una recuperación más o menos
sostenible de la economía mundial. Parece claro que la baja
de la tasa de interés en Estados Unidos, Europa y Japón ha
asegurado la vuelta a las inversiones en las bolsas y la
alimentación de las empresas con recursos para retomar las
inversiones. Al mismo tiempo, el aumento de los gastos
públicos norteamericanos con la creación de un déficit
fiscal colosal, sobretodo para los gastos militares y
«antiterroristas» así como para la «reconstrucción» del
Irak, ha generado un aumento colosal de demanda. Esta
demanda aumentada se transforma en una demanda internacional
y revierte hacia el sector externo produciendo un déficit
comercial gigantesco, superior a los colosales déficits de
los años de 1980.

Como se ve, la recuperación económica se apoya una vez más
en colosales desequilibrios macroeconómicos y no en los
equilibrios macroeconómicos que tanto recomiendan los
economistas de orientación neoliberal. Aún cuando sean
ellos quienes dirigen las políticas económicas, frente la
imposibilidad de poner en práctica sus principios
doctrinarios, inspirados en modelos «teóricos» totalmente
falsos, se tornan «keynesianos» pragmáticos para poner sus
economías en funcionamiento.

Solo escapan de estos principios de acción, los economistas
de las naciones dependientes, los cuales sí creen
rígidamente en principios teóricos aprendidos en manuales de
las universidades norteamericanas o en manuales del Fondo
Monetario Internacional. Que se vea el caso de la política
de establecimiento de la tasa de interés.

Mientras la Reserva Federal de Estados Unidos (FED, por sus
siglas en inglés) bajó la tasa de interés pagadas por el
gobierno de este país, de reflejo universal, del 6,5 al 1,0%
en menos de un año para detener la recesión norteamericana
que era consecuencia, sobretodo, del irresponsable aumento
de la misma tasa de interés realizado por el FED en el 2000,
nuestros economistas locales afirman con aire de
superioridad que las absurdas tasas de interés que imponen a
nuestros países son un producto del mercado y no pueden ser
bajadas «irresponsablemente». Descubrimos así que las tasas
de interés solo pueden ser aumentadas irresponsablemente…
Se trata de un principio «científico» muy apreciado por los
especuladores.

La caída de las tasas de interés es un movimiento necesario
en la economía mundial y hace parte de los factores de
recuperación de la economía mundial que empieza a liberarse
de la tiranía del sector financiero especulativo para
retomar la dinámica productiva. Esto confirma nuestras
tesis sobre el regreso de una fase a de los ciclos largos de
Kondratiev a partir de 1994.

Y confirma también nuestras previsiones sobre el carácter de
corto plazo de la crisis de 2000-2002, así como nuestra
denuncia de que la gravedad que asumió esta crisis era
producto de las políticas equivocadas, conservadoras e
interesadas del FED, expresadas sobretodo en el aumento de
la tasa de interés para hacer «aterrizar» la economía
norteamericana que estaría amenazada por una inflación que
nunca vino ni vendrá a corto plazo pues nos encontramos
claramente en una coyuntura deflacionaria.

No era necesario, por tanto, un desequilibrio fiscal tan
agudo, como el que generó la aventura militarista del
gobierno Bush, para recuperar la economía norteamericana.
Él se convierte más bien en un grave problema para la sana
recuperación. Obliga, por ejemplo, a mantener una enorme
deuda pública que llena los mercados financieros de títulos
del gobierno norteamericano creando una peligrosa fuente de
especulación financiera.

El déficit afecta también la credibilidad del dólar, ya
desestabilizada por el gigantesco déficit comercial de este
país, aumentado por los nuevos gastos militares en el
exterior y otros gastos que se hacen cada vez más pesados
para una balanza de pagos marcada por situaciones negativas
generalizadas.

Es necesario acordarse de que, desde la década del 1980, los
Estados Unidos vienen acumulando una deuda externa colosal
que pone en cuestión cada vez más la confianza en su moneda.
Esta situación ha sido saneada hasta el momento a través de
la entrada masiva de capitales del exterior para cubrir el
déficit de su balanza de pagos. Pero es creciente la
desconfianza en contra de los títulos de la deuda pública
norteamericana y es creciente también el miedo a invertir en
una moneda que está gravemente amenazada de desvalorización.

Todo indica por lo tanto que la crisis del dólar y su brutal
desvalorización deberá dominar el horizonte del sistema
financiero internacional en los próximos quince años, es
decir en el tiempo suficiente para que los países que
hicieron sus reservas en dólares se desprendan de las mismas
buscando de manera creciente el oro y otros mecanismos de
defensa de sus activos, lo que incluye inclusive las nuevas
monedas fuertes internacionales, particularmente el euro.

En el caso asiático, la fortaleza del yen japonés y la
resistencia de la China en devaluar el yuan apuntan a una
lucha entre monedas en los próximos quince años que
terminará necesariamente en una amplia devaluación del dólar
y la pérdida definitiva de su condición de moneda mundial.

Es necesario señalar también que la fuerza que conserva el
dólar en un cuadro tan desfavorable deviene de la
importancia del déficit comercial norteamericano en la
formación de la liquidez mundial. Los superávits
comerciales de los exportadores a los EE.UU. alimentan de
dólares los stocks de las reservas mundiales. Pero ese
mismo déficit aumenta la debilidad del dólar a mediano y
largo plazo.

Los déficits fiscal y comercial fueron el principal
instrumento para la recuperación del poder hegemónico de la
economía norteamericana, después de la derrota del Vietnam y
la crisis del dólar en 1973.

Al mismo tiempo esta recuperación fue ayudada por los gastos
en ciencia y tecnología orientados básicamente hacia la
recuperación del poder militar norteamericano en el mundo y
se basó en la entrada de capitales de todo el mundo para
adquirir los títulos de la deuda pública de EE.UU.

En la década del 90, estos capitales fueron atraídos
sobretodo por la ultravalorización de la bolsa
norteamericana. En los años 2003-4 no habrá intereses altos
para atraer capitales y la valorización de la bolsa deberá
ser limitada por el miedo de la desvalorización del dólar.

No podemos esperar por lo tanto una recuperación
extremamente sólida y poderosa. Nada que pueda compararse
con los años dorados del post II Guerra Mundial. Pero
tendremos los fenómenos fundamentales del crecimiento chino,
hindú y asiático en general (incluyendo Siberia y las
Coreas) que producirá una economía nueva en el mundo, una
nueva frontera económica con creciente integración regional.

Habría que agregar, sin embargo, otro elemento a este
escenario. Se trata de la disminución del tiempo de trabajo
necesario para producir los productos industriales lo que
tiende a generar, ante la falta de una disminución de la
jornada de trabajo correspondiente al aumento de la
productividad, una drástica disminución de la mano de obra
industrial.

Es ridículo ver cómo se habla de una crisis de las
previsiones sociales y de los gastos públicos en un momento
en el cual la humanidad produce un excedente económico tan
colosal. Es absurdo también constatar que, en esta fase de
la historia humana aumentan tan fuertemente las poblaciones
pobres del mundo.

La única explicación para esta crisis irracional es la
injusta distribución de los frutos del progreso tecnológico
y científico en el mundo, patrocinada por una injusta
distribución del ingreso en cada región y en cada nación y
entre las regiones y naciones.

Pero se trata también de una injusta distribución del
ingreso entre los varios sectores económicos permitiendo que
el capital financiero se apodere de la mayor parte de la
riqueza generada en el mundo a través sobretodo de la
intervención de los Estados nacionales que captan recursos
de toda la población para transferirlos hacia el sector
financiero a través de la negociación de unas deudas
públicas colosales creadas nada más para favorecer el
capital financiero mundial.

Lo grave de esta situación es no solamente la debilidad de
la capacidad de los Estados para atender las necesidades de
las poblaciones. Es, sobretodo, la posesión de gigantescos
excedentes por un grupo de intereses, defendidos por
«técnicos» al servicio de los mismos, que imponen una
corrupción generalizada dentro de las corporaciones privadas
y sobretodo de la administración pública.

El clima intelectual, moral y ético de esta sociedad solo
puede ser el más negativo posible. La angustia de la lucha
por la supervivencia se hace más penetrante cuando la
violencia se convierte en el camino de la competición
económica con la expansión de los negocios ilegales, las
«gangs» de todo tipo y las formas de corrupción estatal y
privada.

La desesperanza y el cinismo que se desarrolla en este
ambiente conduce a una filosofía del desánimo y del
pragmatismo que ridiculiza el heroísmo y la voluntad
transformadora que no logra convertirse en renta. Este es
talvez el efecto más brutal de este ambiente ideológico y
cultural: nada se puede esperar de una humanidad que no cree
en su poder de transformación, máxime cuando ella traspasa
sus límites cada día con el avance de la ciencia y la
tecnología, en una permanente y multifacética revolución.

* Theotonio Dos Santos es profesor titular de la Universidad
Federal Fluminense. Coordinador de la Cátedra y Red sobre
Economía Global y Desarrollo Sostenible de la UNESCO y de la
Universidad de las Naciones Unidas (www.reggen.org.br). Su
último libro es Teoría de la Dependencia: Balance y
Perspectivas, Plaza & Janés.

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