General

Técnica Militar

Oct 3 2003

BOMBARDEOS Y POBLACIÓN

Lisandro Otero

El objetivo principal de una guerra es destruir la capacidad defensiva del enemigo y anular su voluntad de triunfo. Pero está demostrado que el bombardeo aéreo no es el mejor instrumento para alcanzar esos fines. Alemania fue virtualmente hecha polvo durante la Segunda Guerra Mundial y el daño sicológico causado no fue el esperado. Ciudades como Coventry en Inglaterra, Rotterdam en Holanda y Dresde en Alemania fueron totalmente destruidas y no se logró aplastar el espíritu combativo de sus habitantes. En Yugoslavia ocurrió lo mismo. Los bombardeos lograron cohesionar al pueblo en torno a su régimen.

El nuevo concepto de guerra, desde 1940, establece que hay que combatir más allá de las líneas del frente, aniquilar almacenes, carreteras, vías férreas, industrias de guerra y líneas de abastecimiento. Durante la Segunda Guerra Mundial las técnicas de bombardeo consistían en alfombrar vastos territorios de explosivos que estallaban indiscriminadamente. Este tipo de agresión dejó al final de la guerra, solamente en Europa, cuatro mil millones cúbicos de escombros.

Ahora se trata de atinar un blanco específico con misiles teledirigidos desde satélites. Desde los tiempos de escudos y armaduras, lanzas y arqueros, las técnicas de guerra han avanzado hasta el arma definitiva, el artefacto de fisión nuclear. En la explosión de Hiroshima murieron 78 mil personas y en Nagasaki 39 mil. Sin embargo el bombardeo aéreo de Dresde dejó 135 mil cadáveres y el 80 % de la ciudad quedó destruida, efectos muchos más devastadores que los de las bombas atómicas.

En la Guerra Civil de España los alemanes ensayaron los bombardeos en picada con sus Stuka, técnica que luego aplicaron en su Blitzkrieg o guerra relámpago. Pero al final se impusieron las mirillas telescópicas que demostraron ser sumamente ineficaces. Más del veinte por ciento de las bombas cayeron muy distantes de sus objetivos. Los misiles que fueron empleados por primera vez en la guerra contra Irak no son tan eficientes como en un inicio parecieron ser. Los actuales Tomahawk han demostrado que pueden ser imprecisos y los aviones Stealth, pretendidamente invisibles de los alcances del radar, han sido derribados. Los civiles ajenos al conflicto siguen muriendo y las técnicas de guerra, a fin de cuentas, no han avanzado mucho más allá del garrote y la piedra.

Los Estados Unidos están abandonando su estrategia de guerras colosales y grandes desplazamientos de tropas para entrar en conflictos de cuarta generación, dominados por una tecnología avanzada que les permite destruir el enemigo con pérdidas mínimas. Los aviones sin piloto, la cohetería inteligente, la información proporcionada por los satélites, sustituyen a los enfrentamientos en campo abierto y a los combates corporales.

Esta revolución en las ciencias de las hostilidades armadas, este viraje ciclópeo en los procedimientos militares, favorece lo que ha dado en llamarse los conflictos asimétricos, en los cuales se desvanece la importancia del estado nación y se traslada la categoría del enfrentamiento a pugnas entre ideologías, religiones o culturas. Ya no son gobiernos o conflictos de intereses comerciales los que se oponen sino las superestructuras doctrinales.

La asimetría subraya los aspectos cualitativos de los medios empleados y los contendientes pueden acudir a métodos de lucha no convencionales. En los conflictos asimétricos se esquiva la concentración de recursos y se buscan los puntos vulnerables para golpear con un mínimo de instrumentos acometedores. En las guerras asimétricas caben todos las posibilidades de lucha, desde las estructuras jurídicas hasta la comunicación social, se utilizan todos los espacios de maniobra. El asalto a la bayoneta en un campo de trincheras es considerado como un vestigio de la edad de piedra.

Todo ello será transformado en el presente siglo con el signo de los conflictos asimétricos, que constituyen una nueva teoría militar desplegada por vez primera en la guerra del Golfo y profundizada en el conflicto con Afganistán y en Irak.

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