General

Neoconservadores a la defensiva

Nov 21 2003

Análisis de Jim Lobe

WASHINGTON, nov (IPS) La filtración de un memorando enviado por un
alto oficial del Pentágono (Ministerio de Defensa de Estados Unidos) al Comité
de Inteligencia del Senado parece indicar que la belicista fracción
neoconservadora del gobierno está a la defensiva y desesperada.

Esa interpretación se basa en la hipótesis de que los neoconservadores
filtraron la información, para respaldar la decisión de atacar a Bagdad
adoptada este año por el presidente George W. Bush, aunque el material de
inteligencia divulgado aporta escasa justificación de la invasión y
ocupación de Iraq.

El Comité y la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en
inglés) pidieron al Departamento de Justicia que investigue la filtración,
causante de la publicación el lunes de un artículo en el influyente
periódico neoconservador The Weekly Standard.

El presidente del Comité, Pat Roberts, señaló que la filtración fue
«enorme» y puede haber comprometido «información altamente secreta», sobre
fuentes de inteligencia, métodos de recolección de datos e investigaciones
en curso.

También expresó que en su opinión, la filtración no se debió a
integrantes ni funcionarios del Comité.

El propio Pentágono emitió un inusual comunicado de prensa en el cual
señaló que la filtración fue «deplorable y quizás ilegal».

El artículo, titulado «Caso cerrado», resumió un extenso memorando
enviado el 27 de octubre al Comité por el subsecretario de Defensa para
políticas, Douglas Feith.

Ese documento respondió al pedido de los senadores de que Feith
fundamentara su afirmación, durante una audiencia a puertas cerradas en
julio, sobre vínculos operativos estables entre la organización extremista
islámica Al Qaeda y Bagdad descubiertos por agencias estadounidenses de
inteligencia.

La Casa Blanca considera a Al Qaeda responsable de los atentados del
11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington.

Esa afirmación y otras en el mismo sentido de altos funcionarios del
Poder Ejecutivo antes del ataque contra Iraq encabezado este año por
Washington no han sido probadas hasta ahora, y tampoco las relacionadas
con presuntas armas de destrucción masiva en poder de Bagdad.

Investigaciones periodísticas han señalado a la sección del
Departamento de Defensa dirigida por Feith como responsable de manipular
datos de inteligencia para convencer a Bush y, por su intermedio, a la
población del país de que urgía atacar al derrocado presidente iraquí
Saddam Hussein.

Según el artículo, el memorando consiste básicamente en 50 fragmentos
de informes primarios de inteligencia de cuatro agencias estadounidenses
especializadas en la materia, sobre presuntos vínculos entre Al Qaeda e
Iraq de 1990 a 2003.

Algunos de esos informes incluyen breves análisis, pero la mayoría se
limitan a citar fuentes no identificadas, que son consideradas confiables
o probablemente bien informadas por quienes los elaboraron. Sólo unos pocos
se atribuyen a declaraciones de funcionarios iraquíes o miembros de Al
Qaeda capturados por fuerzas estadounidenses.

El autor del artículo, Stephen Hayes, sostuvo que se trata de
evidencia «detallada, concluyente y corroborada por múltiples fuentes», pero el
único dato corroborado por varios informes es que en 1999 hubo contactos en
Afganistán entre integrantes de Al Qaeda y funcionarios iraquíes.

La mayor parte de los informes citados se refieren a presuntos
encuentros o contactos indirectos en los que agentes de Al Qaeda habrían
pedido a Bagdad diversas formas de apoyo, entre ellas refugio,
entrenamiento y, en una ocasión, armas de destrucción masiva.

Analistas que apoyaron la guerra, como el columnista William Safire,
del diario The New York Times, se apresuraron a afirmar que el artículo de
Hayes respaldaba la decisión de atacar a Bagdad, pero funcionarios de
inteligencia retirados opinaron, por el contrario, que los datos no fueron
concluyentes, además de destacar que su filtración es un hecho muy grave.

W. Patrick Lang, ex jefe de la sección de Medio Oriente de la Agencia
de Inteligencia de Defensa, dijo al diario The Washington Post que el
artículo contenía sólo «la lista de un montón de informes no confirmados,
muchos de los cuales indican que los dos grupos (Al Qaeda y los
funcionarios iraquíes) intentaron en forma reiterada establecer algún tipo
de relación».

Pero también subrayó que si hubieran llegado a entablar una relación
productiva, no se comprendería por que continuaron los intentos de
establecerla.

Otros funcionarios de inteligencia retirados comentaron que el
artículo de Hayes confirmaba las críticas a la oficina de Feith por elegir los
informes en bruto que apoyaban su posición de antemano favorable a la
guerra, sin someterlos al tipo de análisis riguroso que suelen realizar
las agencias del sector.

«Esto se hizo para deslumbrar a personas no excesivamente educadas»,
comentó a IPS Greg Thielmann, veterano de la Oficina de Inteligencia e
Investigación del Departamento de Estado (Ministerio de Relaciones
Exteriores), retirado en 2002.

«Uno se pregunta si esto es lo mejor que pueden hacer. Si se trata de
exponer este tipo de material, es mejor tener algo más que mostrar»,
opinó.

Thielmann no considera sorprendente que Bagdad y Al Qaeda estuvieran
en contacto durante el periodo cubierto por los informes, pero piensa que eso
«estuvo más en el terreno de la recolección de datos de inteligencia que
en el de la colaboración operativa».

En opinión de Melvin Goodman, ex alto analista de inteligencia de la
CIA, la filtración es una muestra de desesperación.

«Creo que tenían que filtrar algo así, porque los neoconservadores
(del gobierno) no tenían en qué apoyarse. Tratan de difundir la idea de que
había motivos para la guerra, y cuentan con ‘cretinos útiles’ como
Safire», afirmó.

La idea de que la filtración fue «autorizada» o «vista con simpatía»
por los halcones del Pentágono o sus aliados en la oficina del
vicepresidente Dick Cheney es ampliamente aceptada en Washington.

El Weekly Standard, especialmente mediante artículos de Hayes y del
director ejecutivo del periódico, William Kristol, ha actuado como
portavoz de halcones como Feith, su superior inmediato el subsecretario de Defensa
Paul Wolfowitz y sus amigos en el entorno de Cheney, como el poderoso I.
Lewis Libby, a quien sus amigos llaman «Scooter».

Si la hipótesis de una filtración deliberada se confirmara, eso
significaría que los neoconservadores están dispuestos incluso a
sacrificar secretos de Estado para conservar el poder que ejercen en el actual
gobierno.

«El objetivo de silenciar a los críticos es tan abrumador que parece
justificar la difusión a los cuatro vientos secretos de seguridad
nacional», según Thielmann.

El y Goodman señalaron impactantes semejanzas entre esta filtración y
la que identificó en julio como agente de la CIA a Valerie Plame, esposa
del embajador retirado Joseph Wilson, quien acababa de poner en aprietos
al gobierno.

Wilson había revelado que viajó a Níger, por encargo de la CIA, para
verificar un informe sobre la compra a ese país, por parte de Bagdad, de
uranio para fabricar armas nucleares, y sostuvo que cuando Bush se refirió
a esa presunta compra en un informe al Congreso, a comienzos de este año,
manejó datos cuya falsedad conocía o debió conocer.

El evidente propósito de la filtración sobre Plame a Robert Novak,
columnista del Washington Post, fue desacreditar a Wilson, mediante la
insinuación de que el viaje a Níger le fue sugerido por su esposa.

Aquella filtración, indagada en la actualidad por la Oficina Federal
de Investigaciones, causó enorme irritación en la comunidad de inteligencia,
ya que puso fin a la carrera de Plame como agente secreta, e incluso puede
haber puesto en peligro su vida y la de personas que han cooperado con
ella en tareas de espionaje.

«Obviamente, nadie que se preocupe por los verdaderos intereses de
seguridad nacional estadounidenses revelaría ese dato. Esto muestra que
estamos ante un grupo venal y desesperado», aseveró Goodman.
(FIN/IPS/

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