General

Annan opina sobre la brecha digital

Dic 18 2003

Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información
A qué le llamamos brecha digital!

por Kofi Annan
Secretario General de la ONU

Alguien podría creer que quienes redactaron la Declaración Universal de
los Derechos Humanos hace 55 años estaban pensando en internet cuando escribieron,
en el artículo 19, que todo el mundo tiene derecho a «buscar, recibir y
divulgar información e ideas a través cualquier medio y sin tener en cuenta
las fronteras».

La Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información, que se ha celebrado
en Ginebra, corría el peligro de que su objetivo principal (cómo utilizar
mejor el poder de la tecnología de la información para el desarrollo) se
viera ensombrecido por diferencias en un par de cuestiones.

La primera era la regulación de Internet. A muchos países le satisface el
actual marco de intervención mínima auspiciado por la Corporación de Internet
para la Asignación de Nombres y Números, con sede en EEUU, conocida como
ICANN. Pero otros creen que es necesaria la creación de algún marco intergubernamental,
como en las telecomunicaciones, para tratar problemas transnacionales como
la ciberseguridad y el correo basura. No debería sorprender que resulte
difícil llegar a un consenso; es la primera vez que se plantea la cuestión
a escala mundial.

La segunda era la libertad de información. Se habían suscitado temores de
que la cumbre socavara el muy arraigado derecho a la libertad de opinión
y expresión, especialmente en Internet. Aunque las conversaciones sobre
el control y regulación de internet continúen, no debería haber necesidad
alguna de discusión respecto a la libertad de información.

La revolución de la información sería inconcebible sin la libre circulación
de ésta. Efectivamente, alguien podría creer que quienes redactaron la Declaración
Universal de los Derechos Humanos hace 55 años estaban pensando en Internet
cuando escribieron, en el artículo 19, que todo el mundo tiene derecho a
«buscar, recibir y divulgar información e ideas a través cualquier medio
y sin tener en cuenta las fronteras». Por supuesto, existe una verdadera
inquietud sobre el uso de dicha libertad para difundir odio racial y pornografía
infantil. Pero estos riesgos pueden y deben ser tratados a través de los
mecanismos legales de cada nación, sin socavar una libertad tan fundamental
para el desarrollo, la democracia y la paz.

Pero por importantes que sean, no debe permitirse que estas cuestiones sean
las que predominen. Hay demasiadas cosas en juego. La brecha digital es
real. De hecho, existen varios desequilibrios en uno: una brecha tecnológica
en infraestructuras, pues el 70% de los usuarios de internet de todo el
mundo viven en los 24 países más ricos, que sólo cuentan con el 16% de la
población mundial; una brecha de contenidos, pues aproximadamente el 70%
de los sitios web de todo el mundo están en inglés y es frecuente la ausencia
de material de interés local; y una brecha de sexo, pues las mujeres y las
jóvenes de muchos países, tanto ricos como pobres, disfrutan de un menor
acceso a la tecnología de la información.

Mientras que la explosión del comercio electrónico aproxima más a ciertos
países y empresas, otros corren el riesgo de sufrir una mayor marginación
en la economía mundial; algunos expertos han descrito la brecha digital
como una de las mayores barreras no arancelarias para el comercio mundial.
No podemos dar por supuesto que dichas diferencias desaparecerán por sí
mismas a medida que se extienda la tecnología. Son necesarias inversiones
y compromisos sostenidos.

La cumbre también ha representado una oportunidad importante para la industria
de la tecnología de la información. Ahora que el mercado en los países desarrollados
está próximo a la saturación, el futuro de la industria no sólo dependerá
de los avances tecnológicos, sino también de llegar a los miles de millones
de personas a las que todavía no ha afectado la revolución de la información.
Los obstáculos no radican tanto en la propia tecnología como en la falta
de visión y de políticas públicas.

Las tecnologías de la información y la comunicación no son la panacea. Pero
si durante la próxima década se pudiera incrementar de forma espectacular
el acceso a estas tecnologías en los países subdesarrollados, los beneficios
serían sustanciales. El aumento de los conocimientos y la educación crearía
puestos de trabajo y añadiría nueva riqueza. El comercio se expandiría.
La sanidad preventiva mejoraría enormemente, ayudando a los sistemas ya
sobrecargados a ahorrar recursos muy necesarios. Igualmente significativos,
aunque difíciles de cuantificar, serían los dividendos en libertad humana
y gobierno democrático.

La Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información, organizada con mi
apoyo y el de todo el sistema de las Naciones Unidas, ha sido única. Mientras
que la mayoría de conferencias de la ONU se centran en las amenazas globales,
en ésta se ha considerado cómo utilizar mejor un nuevo activo global. Finalmente,
el esfuerzo para hacer realidad la gran promesa tecnológica trascenderá
a la propia tecnología. Mientras que la tecnología perfila el futuro, son
las personas quienes perfilan la tecnología y deciden los usos se le pueden
y se le deberían dar.

Publicado inicialmente por The International Herald Tribune, El Periodico
de España
Traducción de Xavier Nerín.

Para ver el Documento Final de la Cumbre:

http://bolivar.c.tep1.com/maabMh7aa2185b36lAeb/

LA ONDA® DIGITAL

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