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DESARROLLO Y DEMOCRACIA, DUALIDAD INDISOLUBLE

Dic 8 2003

Por Boutros Boutros-Ghali (*)

PARIS, (IPS) – El mundo que compartimos hoy, en los comienzos del siglo
XXI, está lleno de complejos contrastes y diferencias, de conflictos y de
promesas. Es un mundo en el que nosotros, los individuos, estamos
destinados a jugar un papel más importante que nunca antes.

«Aunque la humanidad comparte un planeta, este es un planeta en el cual hay
dos mundos, el mundo de los ricos y el mundo de los pobres» (Raanan Weitz,
1986). En el mundo de los ricos existe una abundancia aparentemente
ilimitada e imperan la ley y la democracia. Es un mundo en el que los
individuos son estimulados para que tengan una opinión y para expresarla,
así como donde ellos pueden elegir libremente sus propios caminos.

El mundo de los pobres, al contrario, se caracteriza por su violencia, por
la tiranía de sus líderes y por la extrema y más absoluta pobreza de su
gente. Es un mundo en el que las guerras y los conflictos destrozan a las
naciones. Es un mundo en el cual la coherencia de enteras sociedades y la
estabilidad de los regímenes políticos parecen haber sido olvidadas desde
hace mucho tiempo. Para aquellos de nosotros que han tenido la fortuna de
nacer en el «lado correcto» del mundo sería criminal no tomarse un tiempo
para la pausa y la reflexión y sería imperdonable olvidarse de cuestionar
el orden de las cosas.

En el centro del debate internacional está la relación entre desarrollo y
democracia, dos conceptos que están intrínsecamente entrelazados, pero que
demasiado a menudo han sido tratados como pertenecientes a esferas
separadas. Pero el logro de ambos es fundamental para el futuro de la paz
mundial.

El desarrollo y la democracia contribuyen a la común prosperidad de la
humanidad, al florecimiento de sociedades donde la armonía social, el
imperio de la ley y el respeto de los derechos humanos y de la dignidad son
por cierto ideales realizables. Pero ¿por qué necesitamos todavía, después
de décadas de esfuerzos a favor del desarrollo, tender puentes entre los
dos mundos? ¿Cuáles son los nuevos desafíos a la democracia? En este mundo
donde los estados parecen a veces abrumados, los esfuerzos de actores no
gubernamentales y de la sociedad civil -las acciones de los individuos-
están incrementando su importancia.

¿Qué es la democracia? La democracia es un sistema en el cual todos los
miembros de la sociedad pueden, a todos los niveles, participar en el
proceso de toma de decisiones y ejercer un control sobre el curso que tales
decisiones seguirán. El respeto por los derechos humanos es uno de los
pilares fundamentales y sólo puede ser alcanzado con la presencia de las
instituciones apropiadas, a fin de asegurar que las leyes sean aplicadas y
respetadas, que la gente esté representada y que sus voces sean escuchadas.

La obediencia a una regla común, un sistema electoral adecuado y la libre
participación de los ciudadanos en el proceso democrático son también
elementos esenciales para la realización de la libertad civil.

Más que un marco institucional, sin embargo, la democracia es un estado de
la mente, una cultura que favorece la tolerancia, el respeto por el otro y
por sus diferencias, el pluralismo de las opiniones, la libertad de
expresión y el diálogo.

La democracia es una serie de valores compartidos que pertenecen al
patrimonio común de la humanidad. Sin embargo, a fin de que tales valores
adquieran su verdadero significado deberían ser reflejados en las
relaciones que oponen y unen a todos los individuos, desde las
instituciones sociales, políticas y económicas hasta los actores locales y
los miembros de la sociedad civil.

Por cierto que el reconocimiento de la importancia de esos valores
democráticos fundamentales a escala global no significa que deban ser
desechadas o ignoradas las específicas circunstancias históricas,
religiosas o económicas que contribuyen a hacer que cada sociedad sea
única. Pero todas deberían tener, como objetivo central, el respeto por los
derechos humanos, tal como fue expuesto en la Declaración Universal de los
Derechos Humanos de 1949.

El desarrollo es el aspecto esencial que actúa para complementar y reforzar
a la democracia y representa la serie de aspiraciones económicas, sociales
y culturales que tienen todas las sociedades. El desarrollo es también un
proceso pluridimensional que incluye a todos los factores que contribuyen
al enriquecimiento y al desarrollo personal del individuo, desde las
dimensiones económicas y políticas hasta las perspectivas sociales,
culturales, ambientales o científicas, así como a la justicia social y a la
educación.

El derecho al desarrollo es un derecho humano. Debería incluir todos los
aspectos de la vida humana. La desigualdad, la pobreza, la exclusión, el
fanatismo religioso, el racismo, la xenofobia y la falta de diálogo son
impedimentos para el desarrollo que deberán ser superados si queremos
trabajar para el establecimiento de una cultura democrática más global. El
mero hecho de que esos son todavía rasgos comunes de las sociedades
modernas subraya la necesidad de la participación para establecer un
compromiso con el proceso democrático. Ello revela que las libertades de
opinión y expresión no son derechos que sólo deben ser tomados como una
concesión sino que también deben ser puestos realmente en práctica. Nos
permiten recordar que nuestro planeta importa y que él nos necesita.
(FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Boutros Boutros-Ghali fue Secretario General de las Naciones Unidas en
el período 1992-1996.

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