General

El eje de la incoherencia

Dic 12 2003

Análisis de Jim Lobe

WASHINGTON, 12 dic (IPS) En su búsqueda desesperada de una salida viable
del atolladero de Iraq, la política exterior de Estados Unidos se vuelve
cada vez más incoherente.

Un claro ejemplo fue el del pasado miércoles cuando, mientras el
presidente George W. Bush pedía en persona a líderes europeos y otros que
perdonaran gran parte de la deuda iraquí, el Pentágono (Departamento de
Defensa) anunciaba en su sitio web que las compañías de esos mismos países
no podrían participar en contratos de reconstrucción en Iraq por 18.600
millones de dólares.

Demás está decir, la decisión del Pentágono no puso a los mandatarios
de Francia, Rusia y Alemania –los más influyentes de los países excluidos
por no haber apoyado la invasión de Iraqde humor para perdonar miles de
millones de dólares de la deuda de Iraq.

El viceprimer ministro de Canadá, también en la lista negra de
contratistas, sugirió que Ottawa reconsideraría sus planes de aumentar la
contribución de 190 millones de dólares que ya hizo a la reconstrucción iraquí.

El diario The New York Times informó que funcionarios de la Casa Blanca
estaban «furiosos» por el anuncio del Pentágono, principalmente el ex
secretario de Estado (canciller) James Baker, que el miércoles debutaba
como enviado especial de Bush para la reducción de la deuda de Iraq, nada
menos.

Justamente, Bush estaba pidiendo ese día al canciller (jefe de
gobierno) alemán Gerhard Schroeder, al presidente francés Jacques Chirac y
al presidente ruso Vladimir Putin, entre otros, que les abrieran la puerta
a Baker cuando golpeara.

La embarazosa y potencialmente costosa desinteligencia del miércoles
refleja una desorientación cada vez mayor de Washington sobre qué hacer en
Iraq, además de enfrentamientos entre diferentes sectores del gobierno que
defienden sus propios intereses.

Esto quedó claro el mes último en Iraq, donde las fuerzas de ocupación
estadounidenses adoptaron una táctica de contrainsurgencia mucho más
agresiva para reducir los ataques de la resistencia, aun a expensas de la
campaña de la Autoridad Provisional de la Coalición (APC) por conquistar
«la mente y el corazón» y de los iraquíes, incluidos los residentes del
llamado «triángulo sunita», en el centro de ese país.

Por un lado, la APC se esfuerza por convencer a los iraquíes de que las
tropas estadounidenses están allí para ayudarlos a reconstruir el país y a
hacer la transición hacia la democracia.

Por otro, los militares, que el mes pasado tuvieron un número récord de
bajas por fuego hostil, están ahora embarcados en una campaña militar que
se asemeja cada vez más a la táctica de Israel en los territorios
palestinos ocupados.

Los alambres de púas, los puestos de control, las redadas nocturnas,
los bombardeos y la demolición de viviendas nunca lograron persuadir a los
palestinos de que los soldados israelíes están en Cisjordania para
ayudarlos. Del mismo modo, la actual estrategia militar de Estados Unidos
en Iraq enoja cada vez más a la población iraquí.

La APC y los militares tienen ahora «objetivos opuestos», observó el
contraalmirante retirado David Oliver, quien ocupó un puesto de alto nivel
en la APC.

Mientras las fuerzas comandadas por el general Ricardo Sánchez se
concentran en los objetivos «tácticos e inmediatos» de capturar a supuestos
guerrilleros y mantener el orden, el jefe de la APC, Paul Bremer, intenta
ganarse la confianza del pueblo iraquí, señaló Oliver.

Un tercer tipo de incoherencia se refleja en los continuos choques
burocráticos por el poder dentro de Iraq, que enfrentan a los
neoconservadores del Pentágono y la oficina del vicepresidente Dick Cheney
contra los «realistas» y especialistas regionales del Departamento de
Estado y la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Mientras los neoconservadores continúan apoyando a sus favoritos en el
Consejo de Gobierno Provisional, principalmente a Ahmed Chalabi, del
Congreso Nacional Iraquí (CNI), los «realistas» están más inclinados a
trabajar con otros miembros del consejo, como Ayad Alawi, líder del Acuerdo
Nacional Iraquí (ANI), un antiguo favorito de la CIA.

En los años 90, ambos grupos opositores al régimen de Saddam Hussein,
que tenían contactos secretos de alto nivel dentro del ejército y los
servicios de inteligencia iraquíes, competían por la atención de Estados
Unidos.

Tras el ascenso de los neoconservadores, luego de los atentados del 11
de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, y la decisión de Bush de
permitir que el Pentágono encabezara la «guerra contra el terrorismo», el
CNI se transformó en el favorito de Washington.

Ambos grupos iraquíes se detestan mutuamente y desconfían uno del otro.
El CNI siempre afirmó que el ANI está infiltrado por los servicios de
inteligencia iraquíes y que, en todo caso, muchos de sus miembros son
integrantes del partido Baas, del derrocado presidente Saddam Hussein,
cuyas credenciales democráticas son, en el mejor de los casos, cuestionables.

Por otra parte, el ANI sostiene que el CNI es esencialmente un
instrumento de las ambiciones personales de Chalabi, y no un movimiento que
pueda movilizar a sectores importantes de la población.

Las principales diferencias entre ambos grupos se refieren actualmente
a los planes de «iraquificación» de la APC. Chalabi, que persuadió al
Pentágono de desintegrar el ejército iraquí después de la guerra, reclama
la «des-baasificación» de Iraq, en especial entre militares y policías.

Mientras, el ANI sostiene que se deben minimizar las purgas, para
asegurar la cooperación y lealtad de funcionarios y oficiales militares
competentes en la posguerra.

A medida que se acerca la transferencia de soberanía de la APC a un
gobierno provisional, programada para el próximo junio, ambas partes
promueven sus propias agendas, separadas y contradictorias entre sí.

El Pentágono continúa apoyando los esfuerzos de «des-baasificación» de
Chalabi, por ejemplo poniendo en la lista negra a las empresas vinculadas
con Saddam Hussein para que no puedan participar en nuevos contratos, o
promoviendo leyes para juzgar incluso a jerarquías medias del Baas.

Mientras, el ANI de Alawi trabaja con la CIA y con autoridades
militares estadounidenses en Bagdad para reclutar a ex funcionarios de
inteligencia del Baas y formar un nuevo cuerpo antiinsurgente. El ANI
también presiona para acelerar la «iraquificación» del ejército y las
fuerzas de seguridad.

Todas estas incoherencias reflejan la falta de una estrategia básica
detrás de los diferentes intereses sectoriales en Washington. Aunque en los
últimos dos meses Bush se ha apartado de los halcones para acercarse a los
realistas, la incoherencia persistirá mientras ambas fuerzas conserven la
capacidad de debilitarse mutuamente.

Que el realista Baker haya sido la última víctima de esta incoherencia
en su primer día de trabajo es particularmente interesante. De todos los
asesores de Bush, Baker, quien como secretario de Estado durante la primera
guerra del Golfo (1991) demostró muy poca paciencia hacia las intrigas
burocráticas e ideológicas en especial de los neoconservadores–, es quizá
el que está en mejores condiciones de corregir el problema.
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+Iraq sin aliento Cobertura especial de IPS
(http://www.ipslatam.net/iraq/index.asp)
(FIN/IPS/
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