General

Escándalo en la Boeing desestabiliza política Norte-Americana

Dic 5 2003

Lisandro Otero

Al terminar su mandato presidencial el general Dwight Eisenhower, llevado por un impulso momentáneo de franqueza, aterrado quizás por los poderes ocultos que movían al gobierno de Estados Unidos, declaró en su discurso de despedida que la nación debía cuidarse del complejo industrial militar. Se refería a las estrechas relaciones entre las grandes empresas productoras de armamento y las clases políticas. Una íntima connivencia favorecía millonarios contratos, aprobados o impulsados por generales y funcionarios del Pentágono, la Defensa o las múltiples agencias de espionaje y represión. Casi siempre los impulsores de los ventajosos acuerdos recibían bien remunerados altos cargos en esas empresas cuando se retiraban o abandonaban las filas de la administración pública.

Este peligro a la estabilidad política ha vuelto a la luz con el escándalo ocurrido en la industria aeronáutica Boeing. Phil Condit, presidente de esa empresa, renunció ayer 1ero de diciembre, una semana después de haberlo hecho Michael Sears, jefe financiero. Según salió a la luz, Sears había ofrecido una posición burocrática en la Boeing a Darleen Druyun, quien es nada menos que el funcionario del Pentágono responsable de la adquisición de de cien aviones tanqueros. El Senado aprobó el mes pasado un convenio mediante el cual se comprarán ochenta naves y veinte serán rentadas con un ahorro de cinco mil millones de dólares. Es evidente que el soborno provocó el escándalo, pero muchas de estas transacciones fraudulentas pasan inadvertidas a la opinión pública.

La Boeing ha estado teniendo serias dificultades financieras en los últimos tiempos. Este año producirá 275 aviones comparado con los 620 que produjo en 1999. El Airbus A-380 le está haciendo una fuerte competencia el B-747 que ha sido la joya de la compañía hasta ahora. Boeing se ha visto forzada a salir del mercado coheteril y también ha cerrado su división de satélites. El desarrollo tecnológico de las telecomunicaciones ha puesto en crisis el uso de satélites.

Condit tenía planificado su retiro para el 2005. Uno de los ex vicepresidentes de Boeing, Harry Stonecipher, ha sido seleccionado como el nuevo director ejecutivo y Lew Platt, ex presidente de Hewlett-Packard, como presidente. Hasta su despido, Sears estaba siendo preparado para sustituir a Condit.

Lo ocurrido en la Boeing recuerda el reciente escándalo en la Emron que a inicios del 2001 aparecía como la séptima compañía más floreciente de Estados Unidos, según la revista Fortune, y a mediados de octubre de ese año declaró pérdidas por 618 millones de dólares y se declaró en quiebra. Acciones que valían ochenta dólares se convirtieron en pocos meses en papel mojado con un valor de veinticinco centavos. Millares de familias que tenían invertidos sus ahorros se vieron en la ruina en pocas semanas. Ello se debe a las técnicas de hinchamiento artificial de los valores de bolsa, de la sobrestimación de evaluaciones que los forajidos de cuello blanco realizan en el mercado accionario. Lo más grave es que la Emron desempeñó un papel importante en la campaña electoral de Bush y le entregó millones de dólares.

El caso de la Emron nos recuerda que la criminalidad financiera es un fenómeno creciente en los últimos años del siglo veinte. Los movimientos de capital se han liberado de todo tipo de control de los estados nacionales y se mueven con entera libertad por el mundo gracias a la revolución tecnológica de las comunicaciones. Los paraísos fiscales permiten la evasión fiscal y hacen el fraude asequible. Los bancos se muestran más permeables al lavado de dinero proveniente de las mafias del narcotráfico. El crimen organizado se aprovecha, cada día más, de los sistemas financieros legales para blanquear sus operaciones.

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