General

Gobierno de Lula Lanza Reforma Agraria

Dic 2 2003

REFORMA AGRARIA EN MARCHA

Por João Pedro Stedile (*)

SAN PABLO, Nov (IPS) El gobierno del Presidente Lula dió a conocer el 21 de
noviembre un programa de reforma agraria que se propone asentar 400 mil
familias campesinas al concluir su mandato a fines del 2006.

El gobierno no ha considerado un programa más ambicioso presentado por un
equipo coordinado por el profesor Plinio Arruda Sampaio, que planteó el
asentamiento de un millón de familias campesinas en el mismo período.

Nosotros pensamos que, aún más importante que definir metas y números es
saber si el gobierno quiere hacer de la reforma agraria un programa
prioritario. Si es así, la meta que se deba perseguir para alcanzar ese
objetivo, es un asunto del gobierno. El problema nuestro -del MST y los
sectores que impulsan la reforma agraria- es organizar al pueblo para
presionar y conseguir asentar el mayor número de trabajadores, para que
puedan producir y salir de la pobreza lo más rápido posible.

Sostenemos que el gobierno de Lula debería redefinir sus prioridades: dejar
de colocar en primer término el pago de los intereses a los bancos y el
superávit presupuestario. La prioridad debe ser el empleo del dinero
público para resolver los problemas sociales, pues de lo contrario el
pueblo comenzará a movilizarse y reclamar. La paciencia tiene un límite,
sobre todo cuando el estómago sufre.

Pero si el gobierno inicia un proceso de reforma agraria masivo y veloz,
los trabajadores lo apoyarán y se movilizarán para asegurar que el proyecto
llegue a buen puerto.

El gobierno de Lula está ante una ocasión histórica en un país que ya ha
perdido varias oportunidades de democratizar el acceso a la propiedad de la
tierra.

En la era colonial la propiedad de la tierra era un monopolio de la
monarquía y los latifundistas tenían sólo la concesión de su uso, en el
marco de un modelo agroexportador basado en el trabajo esclavo.

Con el fin de la esclavitud se hubiera podido democratizar la posesión de
la tierra y darle a los negros no sólo la libertad formal, sino también la
libertad democrática de transformarse en campesinos.

Más tarde, cuando se instaló el modelo de industrialización dependiente
(1930-80), otra vez perdimos una oportunidad histórica. Todas las economías
industrializadas modernas apoyaron su desarrollo sobre un fuerte mercado
interno, construído mediante la redistribución de la renta y la reforma
agraria. Las elites brasileñas prefirieron una industrialización
dependiente del capital extranjero orientada hacia un pequeño estrato de la
población y estrecharon una alianza con la oligarquía rural, que mantuvo la
tierra concentrada y produciendo para la exportación. En consecuencia, el
mercado consumidor alcanza a menos de 20% de la población.

Este modelo enfrentó su primera crisis en los años 60, cuando el gobierno
de João Goulart propuso como alternativa el desarrollo del mercado interno,
una política de distribución de la renta y la reforma agraria. Las elites
prefirieron aliarse al capitalismo estadounidense e impusieron la dictadura
militar.

En la década de los 80, cuando el modelo de industrialización dependiente
entró en crisis terminal, las elites brasileñas optaron por subordinarse al
capital internacional (ahora financiero) y nuevamente se engañaron. El
neoliberalismo, aplicado durante doce años, no consiguió superar la crisis
económica y agravó la situación social.

El pueblo se vengó, votó contra el neoliberalismo y eligió a Lula.

Los adeptos del neoliberalismo pretenden que la agricultura brasileña es
moderna y está salvando la economía nacional. Se trata de pura propaganda.
La producción de granos aumentó en doce años de 80 a 100 millones de
toneladas, pero en sí mismo eso no significa desarrollo.

Brasil tiene aproximadamente 350 millones de hectáreas potencialmente
cultivables. Pero hace veinte años que no se altera el área efectivamente
cultivada: 50 millones de hectáreas equivalentes a 15% del potencial agrícola.

El modelo agrícola neoliberal profundizó la dependencia del mercado
externo. De los 34 principales productos agrícolas, sólo tres aumentaron la
extensión cultivada y la producción: azúcar, soja y maíz. Todos los demás
disminuyeron en extensión y producción. Nuestros índices de alimentación
están entre los más bajos del mundo: 44 de los 177 millones de brasileros
pasan hambre y tienen deficiencias nutricionales, otros 60 millones se
alimentan por debajo de sus necesidades.

El resultado del neoliberalismo es el crecimiento del sector de empresas
dedicadas a la exportación -particularmente de azúcar y soja- en detrimento
de los intereses de la población y los pequeños agricultores. Todos los
indicadores sociales empeoraron, aumentó el desempleo junto con la
concentración de la propiedad rural.

El modelo neoliberal aplicado por los gobiernos de Collor de Melo y de
Fernando Henrique Cardoso favoreció a un sector de unos 400.000
propietarios -en contraposición a los 23 millones de trabajadores rurales-
y a las empresas transnacionales que controlan el comercio de granos y la
agroindustria, y ahora quieren apoderarse del comercio de simientes a
través de los transgénicos.

Ahora es el turno de Lula. El Presidente tiene muy claro que si no realiza
un amplio programa de reforma agraria, su gobierno fracasará.
(FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) João Pedro Stedile, miembro de la dirección del Movimiento de los Sin
Tierra (MST) y de Vía Campesina Internacional.

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