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LAS ONG EN LA MIRA DE BUSH

Dic 30 2003

Por Mark Sommer (*)

BERKELEY, (IPS) El gobierno de George W. Bush y sus asesores del
American Enterprise Institute -a los que el pueblo no eligió- han abierto
un nuevo frente en la vacilante guerra al terrorismo al lanzar un ataque
concertado contra las organizaciones no gubernamentales (ONG), a las que
atribuyen estar atentando contra la soberanía nacional, debilitando el
poder empresarial y obstaculizando la libertad de acción de Estados Unidos
en los negocios mundiales.

Este esfuerzo público por desacreditar a las ONG toma la forma de una nueva
iniciativa, el llamado NGO Watch, y de un sitio web asociado a la misma
(www.ngowatch.org), que busca revelar públicamente la financiación, las
operaciones y las agendas de las ONG internacionales. Estos críticos de las
ONG expresan una particular preocupación por la creciente cooperación entre
algunas corporaciones empresariales con grupos de ciudadanos, por ejemplo
cuando firmas importantes como MacDonald´s y Starbucks, bajo la amenaza de
boicots, negocian con aquellos para adoptar políticas más respetuosas del
ambiente.

Estos vigilantes de la actividad de las ONG se muestran igualmente
suspicaces ante la ayuda exterior de Estados Unidos encaminada por medio de
algunas organizaciones no gubernamentales como Oxfam y CARE, cuyo dinamismo
y avance general ellos ven como perjudicial para los intereses de la
superpotencia. USAID, el brazo del gobierno estadounidense encargado de la
ayuda exterior, se está volcando cada vez más hacia las empresas en lugar
de las ONG para cumplir con sus contratos de servicio.

Viniendo como viene de expertos con acceso exclusivo a la Oficina Oval de
la Casa Blanca, este asalto orquestado contra la influencia de las ONG está
siendo visto con seria preocupación por las organizaciones elegidas como
objetivo de ese ataque. Aunque las ONG han proliferado a lo largo y ancho
del mundo durante las últimas décadas, la mayoría están insuficientemente
financiadas y existe una limitada coordinación entre ellas para la
realización de sus actividades, así como escaso sentido de cómo proyectar
sus mensajes hacia sectores más amplios del mundo.

El hecho de que la más poderosa elite del planeta se está sintiendo
amenazada por las variadas y dispares legiones de activistas globales puede
ser interpretado como un inconsciente reconocimiento por parte de esa elite
del poder y de la influencia que las propias ONG todavía no se dan cuenta
que poseen.

Pero, para un régimen cuya propia legitimidad está fuertemente en cuestión
después de lo que muchos estadounidenses consideran unas elecciones
presidenciales robadas y cuyas ocultas fuentes de poder en los organismos
del gobierno y las grandes empresas no fueron en absoluto elegidas por el
pueblo y resultan inaccesibles para el gran público, la acusación de que
las ONG representan «el poder creciente de unos pocos no elegidos» es
sumamente irónica.

Por cierto, la falta de responsabilidad y el poder incontrolado de las
elites estatales y empresariales son precisamente las causas que han
engendrado a los movimientos antiglobalización de los últimos años.

Aunque las ONG han cuestionado la legitimidad del gobierno de Bush y de
sus patrocinadores empresariales, necesitan por cierto enfrentar aún el
desafío de establecer su propia legitimidad como representantes de un
público más amplio. Las ONG se han situado generalmente a sí mismas en esas
posiciones de liderazgo cívico. Motivadas por un compromiso con una causa,
sienten una vocación personal en trabajar por ella en nombre del interés
público.

Se trata de un admirable impulso, pero es difícil reivindicar que al
llevar a cabo esas tareas estén representando a la entera sociedad o a
todas las criaturas vivientes, como a menudo lo dicen, dado que nadie les
ha pedido que los hagan.

Abandonar la propia lealtad a una autoridad que se considera ilegítima es
una estrategia efectiva para quitar legitimidad al poder y, de alguna
manera, la más potente fuente de influencia del público ante quienes están
en el poder. Pero ello es sólo una estrategia a la mitad. Forjar causas
comunes con otros para decretar los los cambios que buscamos completaría el
círculo al afirmar nuestra capacidad de gobernarnos a nosotros mismos.

Según encuestas encargadas por el sector empresarial, las ONG gozan
actualmente de un más alto nivel de credibilidad que los gobiernos o las
grandes corporaciones empresariales. Pero las ONG sólo podrán oponerse a
los esfuerzos concertados para desacreditar su legitimidad si responden a
esos ataques con una estrategia que además de contestar algunos aspectos de
las críticas que se les hacen también signifique el firme mantenimiento de
sus principios básicos.

Lo que el gobierno Bush y sus aliados puede hallar más amenazante en la
influencia de las ONG es que sus actividades ya no se confinan en la
protesta sino que también hayan empezado a tomar la forma de negociaciones
y de cooperación limitada con empresas y gobiernos que buscan empujar
ligeramente hacia políticas más sustentables.

Aunque los críticos de las ONG cuestionan su legitimidad, las decisiones de
importantes empresas y de instituciones globales en el sentido de negociar
con tales organizaciones no gubernamentales son un importante
reconocimiento de que éstas son vistas ahora como poderosos y
representativos actores políticos. La concreción de compromisos
constructivos hechos con los ojos bien abiertos puede ser el medio más
efectivo de las ONG para desarmar a sus oponentes y alcanzar resultados que
beneficien tanto a las empresas y a los gobiernos que cooperan con ellas
como a los vastos sectores de la sociedad a los que afirman servir.
(FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Mark Sommer dirige el Mainstream Media Project, con sede en Estados
Unidos, y conduce un premiado programa de radio llamado «A World of
Possibilities».

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