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LO QUE OCCIDENTE OCULTA SOBRE EL TERRORISMO

Dic 15 2003

Por Kaare Willoch (*)

OSLO,(IPS) – Recientemente, diarios de varios países han publicado
largos artículos dirigidos contra los atentados suicidas. Es improbable que
tales artículos sean de mucha ayuda en la llamada Guerra contra el Terrorismo.

Las encuestas de opinión demuestran la urgente necesidad de una nueva
política. Por ejemplo, durante los últimos dos años el porcentaje de la
población con una opinión favorable sobre Estados Unidos ha caído de 61 a
15% en Indonesia y de 52 a 15% en Turquía.

Existe una conexión entre la carencia de poder militar para enfrentar a la
injusticia y el recurso al terror. Las armas nucleares son un elemento de
la aplastante superioridad de una de las partes en el Cercano y Medio
Oriente. El Occidente con buenas razones- busca evitar que otras naciones
adquieran tales armas. Pero Estados Unidos se niega a escuchar toda crítica
acerca del arsenal nuclear de Israel.

Los líderes de la coalición angloamericana abrigan la esperanza de que la
guerra contra quienes estuvieron detrás de los atentados del 11 de
setiembre y el derrocamiento del régimen terrorista Sadam Husein en Iraq
pueda poner fin a tan brutal violencia. Pero, según Ami Alayon, ex jefe del
servicio de seguridad israelí Shin Bet «quienes quieren una victoria contra
el terror sin ocuparse de las reivindicaciones subyacentes en realidad
desean una guerra sin fin».

En la conferencia de Nueva York de setiembre de este año sobre el
terrorismo, el presidente de Paquistán, Pervez Musharaf, mencionó alguna de
estas frustraciones: «Los musulmanes sienten que sus reclamos son
descartados, lo que conduce a un sentimiento de desesperanza. Esta es la
causa directa de los atentados suicidas y del terrorismo».

Según la lógica de Israel, si se matan a dos de cada 10 terroristas
quedarán sólo ocho, pero según la lógica palestina el nuevo número será 12.
Esto explica por qué el general Moshe Yalon, Jefe de Estado Mayor de
Israel, declaró recientemente que la dura política de su país hacia los
palestinos significa, al contrario de lo que persigue, un fortalecimiento
de los extremistas del lado palestino en perjuicio de los propios intereses
estratégicos israelíes.

Un ejemplo del tipo de actitudes que exacerban el conflicto es una reciente
declaración de un conocido fundamentalista cristiano noruego, quien dijo:
«Lo que Dios proclamó ante el mundo a través de su ángel y de Rebeca ha
sido por cierto realizado. El pueblo árabe ha sido como un asno salvaje
implicado en constantes conflictos, tanto entre sus propios componentes
como contra otros grupos étnicos. Siempre ha sido hostil con el pueblo judío».

Esta opinión es compartida por personas de las mismas creencias en
Occidente. Otros, en cambio, tienen en cuenta el modo en que los europeos
hemos librado las más sangrientas guerras de la historia entre nosotros
mismos, transformando al mundo en un matadero. Ellos podrían preguntarse si
no será que los occidentales tienen más mentalidad de «asno salvaje» que
los árabes». Además, no fueron árabes sino europeos los que cometieron uno
de los más terribles crímenes de la historia contra el pueblo judío. Pero
las actitudes racistas que los cristianos fundamentalistas justifican con
la Biblia todavía ejercen una influencia considerable en las políticas
occidentales.

Deberíamos estar agradecidos a los líderes de Francia y Alemania y a casi
todas las confesiones cristianas (con la excepción del líder del grupo de
oración de la Casa Blanca), que han enfatizado que esta no era una guerra
entre religiones ni una «cruzada». Si no hubiera sido por ello, la guerra
en Iraq habría creado incluso peores riesgos de expansión de los conflictos
y dado aún más impulso al terrorismo. Pero, lamentablemente, esta oposición
a la guerra no ha sido suficiente como para eliminar la percepción de la
existencia de un mundo occidental agresivo, una percepción originada por
las Cruzadas y reforzada día a día por las imágenes de Palestina y de Iraq.

Uno no puede esperar que los no occidentales consideren más heroico
bombardear a los hogares palestinos desde aviones que volarse a uno mismo.
Y si bien nosotros nos sentimos conmocionados por los atentados suicidas,
otros podrían hacer notar que los misiles y obuses financiados por Estados
Unidos están cobrando un mucho mayor número de víctimas sobre civiles
inocentes. Resulta entonces natural que muchos fuera de Occidente crean que
estamos sólo contra ciertas formas de violencia y que, en cambio, toleramos
el uso de la violencia por parte nuestra y de nuestros aliados o la
utilización de mucho más letales medios violentos.

Algunos de la nueva generación de terroristas pueden incluso recordar los
resultados alcanzados por los terroristas judíos que echaron a los
palestinos de áreas que luego serían parte de Israel. Muchos en Occidente
ahora creen que el derecho al retorno por parte de los palestinos que
fueron expulsados de sus tierras es inaceptable, incluso aunque la ley
internacional así lo exige. En otras palabras, uno está en principio contra
el terrorismo que da resultados a los terroristas, pero hace excepciones
cuando uno tiene simpatía por ellos.

Los líderes occidentales deben dirigir su atención a las causas
primordiales del terrorismo y actuar para eliminarlas. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Kaare Willoch, ex líder del Partido Conservador, fue Primer Ministro de
Noruega entre 1981 y 1986.

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