General

Mary Robinson pide compromiso ético a ricos

Dic 11 2003

DERECHOS HUMANOS: UN DEBER DE LA HUMANIDAD

Por Mary Robinson (*)

NUEVA YORK, Dic (IPS) Los gobiernos modernos reconocen que tienen la
responsabilidad de trabajar activamente para poner fin a la pobreza,
proteger a la humanidad de enfermedades peligrosas, dar educación a los
niños, preservar el ambiente para nuestros descendientes y asegurar que
todos tengan acceso a una vivienda razonablemente adecuada y al agua
potable. Por ejemplo, todos los 189 miembros de las Naciones Unidas firmaron
la Declaración del Milenio en el 2000, que formalmente los compromete a
llevar a cabo acciones prácticas y cooperativas en esas y en otras áreas.

¿Qué significan en la práctica esas responsabilidades? ¿Cuándo es que las
sociedades más ricas tienen el deber de ayudar a las más pobres? ¿Cuáles son
los límites que los gobiernos de esas sociedades pueden imponer con respecto
a tales obligaciones y en cuál medida ellas tienen prioridad sobre otros
deberes, particularmente con relación a sus propios ciudadanos? ¿Son tales
obligaciones de una naturaleza meramente ética o incluyen una dimensión más
formal o incluso legal?

Nunca ha habido mayor necesidad de argumentos convincentes para explicar, a
los gobiernos y a la opinión pública, por qué las acciones para poner fin a
la pobreza, al analfabetismo, a la opresión y a las enfermedades son
correctas, en el interés de todos y requieren un esfuerzo combinado y
persistente de todas las partes.

Los dirigentes políticos en su función pública y los ciudadanos en su
actividad privada actúan para ayudar a otros porque creen que es correcto
hacerlo. El compromiso ético es un componente esencial de cualquier
estrategia para hacer que el mundo sea más seguro y un lugar mejor para
todos los que en él viven. La acción para poner fin a la pobreza, al
analfabetismo y a la opresión no podrá tener éxito en ausencia de tales
valores.

Sin embargo, los estados no operan de la misma forma que los individuos, ya
que están sujetos a las leyes nacionales e internacionales y deben tener
apropiadamente en cuenta los intereses nacionales. Aunque las creencias
éticas individuales de los políticos a menudo influyen sobre sus decisiones,
la mayoría de ellos considera que su primer deber es hacia con sus propios
ciudadanos. Sostener simplemente que los países más ricos deberían mostrar
más determinación para poner fin a la pobreza y el analfabetismo no servirá
a menos que los dirigentes políticos y los funcionarios puedan demostrar uno
al otro y a sus públicos que ellos tienen el deber de accionar en lo
internacional y que lo harán en manera responsable y respetuosa de otras
obligaciones que tienen, en especial hacia su propio pueblo.

Los argumentos para la acción referida a los derechos humanos son más que
llamamientos morales, porque los valores de los derechos humanos están
insertados en un marco legal internacional que ha sido negociado y acordado
por los estados y que toma en cuenta el carácter de las obligaciones del
estado. El marco de los derechos humanos refleja y promueve valores morales
esenciales con los que puede identificarse la mayoría de las personas en la
mayor parte de las sociedades, pero que al mismo tiempo tienen carácter legal.

Ello presenta tres beneficios. En primer lugar, el marco es preciso:
establece claramente quién tiene obligaciones y deberes y quién no los
tiene, así como cuáles son esas obligaciones y esos deberes. En segundo
lugar, es práctico: proporciona a los estados un lenguaje formal que ellos
pueden usar para negociar y cooperar el uno con el otro. En tercer lugar,
puede ser vinculante: cuando los gobiernos ratifican los acuerdos sobre
derechos humanos aceptan el deber formal de cumplir con los compromisos que
de ese modo asumieron.

La realidad, por supuesto, no es tan simple. Como otras formas de empresas
humanas, los derechos humanos no son siempre tan explícitos como sería de
desear. Los gobiernos pueden interpretar sus compromisos internacionales de
modo diferente (o pasarlos por alto) y en muchas instancias las leyes pueden
no ser aplicadas efectivamente. Sin embargo, aunque imperfectamente, las
normas legales sobre derechos humanos agregan rigor y precisión al argumento
moral, tienen aplicación práctica y crean condiciones en las cuales puede
lograrse claridad política.

Un nuevo informe del International Council on Human Rights Policy titulado
«Derechos sin fronteras: derechos humanos y justicia social global» examina
cómo los argumentos sobre los derechos humanos pueden fortalecer los
llamamientos éticos y legitimar el interés propio. Ofrece herramientas
adicionales que los ciudadanos y los funcionarios pueden utilizar por cierto
en los países más ricos, pero también en las sociedades más pobres- para
generar la acción dinámica y efectiva que será necesaria si queremos dar
solución a las numerosas injusticias e iniquidades que afligen a nuestra
sociedad y dejar a las futuras generaciones un mundo más digno.
(FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Mary Robinson es Directora Ejecutiva de The Ethical Globalisation
Initiative y Presidenta Honoraria de Oxfam International. Fue Presidenta de
Irlanda y Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos
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