General

Panitchpakdi analiza el Comercio Mundial

Dic 4 2003

COMERCIO MUNDIAL: LOS PELIGROS Y LAS OPORTUNIDADES

Por Supachai Panitchpakdi (*)

GINEBRA, Nov (IPS) El sistema multilateral de comercio se halla en una
coyuntura crucial y bajo gran presión. Pero al contrario de lo que algunos
medios de comunicación quisieran hacernos creer, el sistema está sano y
salvo y ha ganado en significación después del supuesto revés en la
Conferencia Interministerial en Cancún (9-14 septiembre).

La reunión de Cancún fue una oportunidad para los ministros de los países
que integran la Organización Mundial del Comercio (OMC) para dar impulso y
dirección política a la Agenda de Desarrollo de Doha, aprobada en noviembre
del 2001, a fin de llevar a ésta a una oportuna conclusión dentro de la
fecha tope del 1 de enero del 2005. No se pretendió que allí se produjera
el fin de las negociaciones mundiales sobre comercio, sino un hito
importante en el proceso.

Al final de la reunión, los ministros reafirmaron su compromiso con la
Agenda de Desarrollo de Doha y nos dieron tiempo hasta el 15 de diciembre
próximo para decidir cómo movernos hacia delante. Desde entonces, he estado
ocupado en mantener intensas consultas con ministros y embajadores. El
contundente mensaje que he recibido en esas consultas es el de un fuerte
compromiso para poner de nuevo en marcha las negociaciones.

Cancún ha servido como un llamado de alerta y provocó algunas reflexiones
sobre cómo sería el mundo sin un sistema comercial multilateral fuerte y
dinámico.

La ausencia de un compromiso con respecto a la liberalización del comercio
podría dañar ulteriormente la confianza en nuestra ya débil economía
global. Los flujos globales de inversiones en el 2002 cayeron por tercer
año consecutivo a 651.000 millones de dólares, la mitad del pico alcanzado
en el 2000. Los intercambios comerciales se recuperaron el año pasado
después de una pronunciada caída en el 2001, pero todavía están bien por
debajo de los niveles alcanzados en el 2000.

El fracaso en avanzar en la Agenda de Doha podría ser una oportunidad
perdida para los países en desarrollo en cuanto a integrarse en forma más
completa a la economía mundial y a beneficiarse del crecimiento económico
que el comercio puede generar.

Los acuerdos regionales y bilaterales sobre comercio pueden asumir aún
mayores proporciones. Ningún país está satisfecho con el statu quo. Todos
quieren acceder a nuevos mercados y a nuevas oportunidades. Los acuerdos
regionales y bilaterales son ya un rasgo prominente del sistema comercial.
Actualmente hay alrededor de 250 acuerdos en vigor y podrían llegar a cerca
de 300 en el 2005.

Los convenios regionales pueden ser útiles si son abiertos y se mueven
hacia delante en tándem con la liberalización comercial mundial. Pero no
son un sustituto de ésta y son, por su propia naturaleza,
discriminatorios. Ninguno de estos convenios ha realmente tenido éxito en
cuanto a abrir mercados en áreas sensibles como la agricultura. En cambio,
han agregado dificultades a las ya existentes complejidades de hacer
negocios al crear una multiplicidad de reglas. Y los países más pobres
tienden a ser dejados de lado.

El Programa de Trabajo de la Agenda de Desarrollo de Doha vigoriza y
extiende las negociaciones para liberalizar el acceso a los mercados, que
son la cuestión central para la OMC, en la agricultura, los bienes
industriales y los servicios. No obstante los importantes logros obtenidos
en las rondas pasadas, todavía quedan impedimentos serios para el comercio,
la competencia y la eficiencia económica. Los aranceles en los países
desarrollados que suben con el nivel del procesamiento son de particular
preocupación para las naciones en desarrollo. Estos aranceles tienden a
concentrarse en la agricultura, los productos alimenticios, los textiles y
la ropa, así como en otras manufacturas en las que los países en desarrollo
tienen ventajas comparativas.

En agricultura, esos impedimentos se ven severamente agravados por el hecho
de que los países en desarrollo tienen también que competir en los mercados
de los países industrializados, donde la agricultura recibe subsidios
enormes que llegan a la friolera de mil millones de dólares diarios.

Por otro lado, las negociaciones deben comprender la apertura de mercados
en los países en desarrollo, con cuidadosa consideración en cuanto al ritmo
y la secuencia de la reforma. Las negociaciones ofrecen la oportunidad para
los países en desarrollo, para quienes todavía no lo hayan hecho, de
incrementar el nivel de sus aranceles obligatorios a fin de ayudar a crear
un clima más previsible para el comercio y la inversión. Ellas son una
oportunidad no sólo para estimular el comercio entre países desarrollados y
en desarrollo sino también entre naciones en desarrollo.

No hay dudas de que estos son tiempos de desafíos para la OMC, pero son
también tiempos de grandes oportunidades potenciales. El sistema comercial
ha enfrentado dificultades en el pasado e indudablemente enfrentará reveses
y obstáculos en el futuro. Y es sólo cuando consideramos cuáles podrían ser
las consecuencias si no mantenemos las negociaciones en camino que
percibimos cuán importante es que continuemos luchando para seguir adelante
en los acuerdos que hemos laboriosamente construido durante más de medio
siglo. Y ésta es la pelea que no podemos perder. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Supachai Panitchpakdi es el Director General de la Organización Mundial
del Comercio (OMC).

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