General

Poder de la Sociedad Civil esencial para la Paz

Dic 17 2003

Por Mario Soares (*)

LISBOA, Dic (IPS) Actualmente el panorama geoestratégico del mundo no
aporta confianza y seguridad a las personas. Al contrario: se advierte un
pesimismo profundo, una crispación generalizada que alcanza a los
habitantes de los cinco continentes.

El futuro inmediato es una incógnita. Es muy preocupante.

La superpotencia norteamericana presenta señales manifiestas de
desorientación y gran incertidumbre sobre el ritmo que seguir, lo que se
refleja a escala mundial. El voluntarismo unilateralista de la
Administración Bush en Oriente Medio demostró ser un verdadero desastre. La
visita de George W. Bush, de un par de horas, a un hangar del aeropuerto de
Bagdad, superprotegido con excepcionales medidas de seguridad, en el día de
Acción de Gracias habrá servido seguramente para llevar ánimo y aliento a
los soldados pero no ha respondido -no podía hacerlo- a ninguna de las
legítimas inquietudes de los militares: ¿cuándo partiremos? ¿Qué hacemos
aquí? ¿Por qué nos odia tanto la población? ¿Por qué contamos a diario
nuestros muertos -sin hacerlo con los incontables heridos- si el régimen de
Saddam Hussein fue derrotado y él mismo capturado? ¿Será que cada día
aumenta el número de terroristas? ¿Por qué…?

La verdad es que Bush, por más presionado que esté en virtud de las
elecciones presidenciales de noviembre del año próximo, no puede dejar a
Iraq, en pleno caos, a su triste suerte. Tampoco puede retirar las tropas
de Afganistán, donde los ataques antinorteamericanos perpetrados por
población afgana se recrudecen de modo preocupante. Se ha podido ver al
propio mulá Omar rezando tranquilamente en los alrededores de Kabul. Por
otra parte, hay que aumentar los contingentes dadas las necesidades
crecientes de efectivos y el cerco a que se hallan sometidas las tropas.
Sin embargo, no es fácil optar por alguna de estas alternativas dada la
oposición que se detecta en el seno de la opinión pública norteamericana.

Indudablemente, el crecimiento de la economía parece registrar un ritmo
acelerado. Se trata, muy probablemente, de un fenómeno de carácter
coyuntural. El paro ha registrado cierta disminución. El dólar va a la
baja. Lo que influye positivamente en la reducción de las importaciones y
el aumento de las exportaciones, pero negativamente en lo concerniente a la
confianza exterior en la moneda. Y las inversiones procedentes del
exterior, tan necesarias como forma de compensación del astronómico déficit
norteamericano, empiezan a aflojar. ¡Mala señal!

Hay que añadir que el terrorismo se intensifica y se propaga por todo el
mundo islámico. De Turquía a Marruecos, de Indonesia a Arabia Saudí. Las
humillaciones infligidas a diario -habitualmente de forma arbitraria- a los
afganos, iraquíes y palestinos constituyen una prodigiosa semilla de
insurrectos y kamikazes; en una palabra: de terroristas. Lo que nos lleva a
la inevitable pregunta: ¿habrá sido eficaz la estrategia empleada hasta
ahora en la guerra contra el terrorismo?

La propia opinión pública norteamericana manifiesta dudas irreprimibles.
Los periódicos preguntan: ¿Será que Francia tenía razón? ¿A qué nebulosa
representa actualmente Al Qaeda? ¿Cómo y por qué se multiplican las células
terroristas? ¿De los marroquíes a los kurdos, de los kurdos a los chiitas?

Gobiernos que siempre han apoyado a Estados Unidos, como el japonés o el
turco, dudan ahora si enviar a Iraq las tropas que prometieron. El efecto
devastador que provocan los terribles ataques terroristas de que fueron
víctimas inocentes italianos y españoles no presagia nada bueno.

En Israel, la política ambigua de Bush deja las manos libres a Sharon
aunque multiplique al propio tiempo las advertencias retóricas sobre los
derechos de los palestinos. La senda de la paz parece cada vez más distante
y lejana. Los gobiernos, en la maraña de sus propias lógicas de violencia,
se revelan incapaces siquiera de dialogar…

Por fortuna, figuras de la sociedad civil de ambas partes -Yossi Beilin, ex
ministro de Justicia de Israel y Yasser Abed Rabbo, ex ministro palestino-
han reanudado el diálogo cuando todo parecía perdido después del fracaso de
los acuerdos de Oslo y del intento de última hora de Clinton. Sin escuchar
a los gobiernos, cada uno con su respectiva plana mayor, se han hecho eco
de los llamamientos de las respectivas sociedades civiles que quieren la
paz, y han elaborado -pacientemente- un plan conjunto de paz aceptable para
ambas cuyo texto han sometido a ambos pueblos.

Ciertamente, por primera vez en la historia la presión de la sociedad civil
y de la conciencia de las personas informadas, de ambas partes, ha
cristalizado en la voluntad de ponerse de acuerdo sobre un plan de paz y
ejercer presión sobre los gobiernos, con el apoyo expreso de la comunidad
internacional a través de las conciencias político-morales más diáfanas de
nuestra época: Mandela, Havel, Carter…

Se trata de una revolución pacífica ante la que no hay que permanecer
indiferente. Tendrá consecuencias positivas en este nuestro mundo tan
afligido y perplejo. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Mario Soares, presidente de Portugal entre los años 1986 y 1996.

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