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SIDA-AMERICA LATINA: No hay receta única

Dic 1 2003

Por Diana Cariboni*

MONTEVIDEO, nov (IPS) Un año atrás, 52 bolivianos con sida denunciaron
ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que su país negaba
tratamientos gratuitos contra la enfermedad, violando compromisos
internacionales. De ese grupo sólo sobreviven 33 personas.

David fue el último en morir. Sus esperanzas y su batalla por
medicamentos, como líder de la Red VIHDA en la central ciudad de Santa Cruz
de la Sierra, se extinguieron con él a fines de noviembre.

Apenas 3,7 por ciento de los casos conocidos de sida reciben en Bolivia
tratamiento antirretroviral -que controla la proliferación del virus,
reduce la mortalidad y mejora la calidad de vida-, señala un estudio del no
gubernamental Instituto para el Desarrollo Humano (IDH), firmado por los
médicos Edgar Valdez, Andrés Vargas, Daniel Ruiz y Anna Sauden.

Los datos oficiales señalan 537 portadores de VIH y 466 que han
desarrollado el sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) en ese país
de 8,2 millones de habitantes. Pero los infectados son miles, advierten
organizaciones no gubernamentales.

El costo de la terapia por paciente en Argentina y Brasil es de apenas
50 a 110 dólares mensuales, según los medicamentos.

Pero en Bolivia oscila entre 1.000 y 1.500 dólares mensuales. «Es una
suma impensable para la mayoría», afirma Valdez, del IDH. El salario mínimo
mensual de 56 dólares equivale a un día de tratamiento.

«No tenemos acceso a medicinas y la gente se muere todos los días»,
clamaba desde La Paz en una carta a IPS la activista y portadora de VIH
(virus de inmunodeficiencia humana) Violeta Ross, de la Red Boliviana de
Personas Viviendo con Sida.

Con todo, América del Sur es una de las regiones del mundo donde están
más extendidos los tratamientos con antirretrovirales, según la
Organización Mundial de la Salud (OMS).

De 40 millones de infectados en todo el mundo, sólo reciben tratamiento
unas 400.000 personas y una gran proporción están en países sudamericanos,
sobre todo en Brasil, de acuerdo a los datos de la OMS.

Un programa en práctica desde 1996 en Brasil asegura medicinas
gratuitas a todo quien las necesite. Este año, las autoridades prevén un
gasto de 175 millones de dólares en terapias.

«Tomo los medicamentos hace ocho años, cuando por una neumonía descubrí
que tenía sida. Empecé con el (antirretroviral) AZT, que era el único,
pasando al cóctel cuando el Ministerio de Salud empezó a distribuirlo en
1996», relató a IPS el profesor de educación física Silvestre Gonçalves
Maia, de 39 años.

Maia dedica ahora todo su tiempo a asistir a quienes sufren la
enfermedad, como coordinador general de la Red Nacional de Personas
Viviendo con VIH/Sida en Campina Grande, ciudad del interior del estado de
Paraíba, en el noreste de Brasil.

El programa es «muy bueno», por la distribución gratuita y la calidad de
los medicamentos, pero en Campina Grande son insuficientes los exámenes
para detectar la proporción de virus en la sangre, lo que dificulta la
orientación del tratamiento.

De unos 215.000 portadores de VIH notificados y con control médico,
135.000 reciben terapias antirretrovirales, y los restantes 80.000
presentan un estado inmunológico aceptable. Pero el gobierno estima que son
400.000, en 174 millones de habitantes, los que contrajeron el virus.

También Argentina y Uruguay cuentan desde 1996 con programas gratuitos
de medicamentos.

Pero estos planes suponen una lucha constante por abaratar costos, en
un abanico de soluciones: uso de medicamentos genéricos –siempre que el
principio activo sea de dominio público o el dueño de la patente lo
permita–, negociaciones con los fabricantes y hasta amenazas de anular
compulsivamente los derechos de patente.

La ley de patentes brasileña prevé, en casos de emergencia sanitaria,
la licencia compulsiva o anulación de patente. Brasilia llevó esa lucha a
la Organización Mundial del Comercio, donde los países pobres lograron
imponer el principio de que la salud pública amenazada está por encima de
la propiedad intelectual.

Argentina, donde hay 25.000 personas con sida y unos 140.000 portadores
del virus, ha logrado una cobertura total de tratamientos.

En el país también hay legislación que permite apelar a medicamentos
genéricos. Pero su aplicación es más restringida en el sida. «El mercado
(de antirretrovirales) tiene las fallas típicas de los mercados
oligopólicos», entre ellas escasa competencia, dijo a IPS la directora del
Programa Nacional de Sida, Gabriela Hamilton.

Por eso no hay receta única para bajar los precios.

En junio, Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, México,
Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela acordaron con laboratorios
trasnacionales reducciones masivas de precios de antirretrovirales.

Según el ministro de Salud argentino Ginés González García, esa
negociación «significó para América Latina un ahorro de 150 millones de
dólares al año», que pueden destinarse a ampliar coberturas donde hagan falta.

Colombia es uno de esos lugares. De 220.000 personas con VIH
registradas, sólo 9.000 reciben tratamiento. Y según la no gubernamental
Liga Colombiana de Lucha contra el Sida, la realidad de la epidemia es
mucho peor: 459.000 infectados en 43 millones de habitantes.

La terapia antirretroviral cuesta 500 dólares por mes y por paciente.
Los servicios de salud estatal sólo reconocen siete de los 14 medicamentos
y no cubren el costoso análisis de carga viral, de 200 dólares.

Los enfermos se ven obligados a entablar batallas legales por
medicación. Entre 2000 y 2002, los recursos de amparo aumentaron casi 440
por ciento, tanto que el año pasado el Ministerio de Salud debió destinar
9,5 millones de dólares para atender reclamos.

«El costo inalcanzable de los medicamentos» y el hecho de que sólo
9.000 personas los reciban «indica que se están violando los derechos de
los pacientes», dijo a IPS la ex directora del Instituto de Seguros
Sociales, Cecilia López.

Por otra parte, si bien «se distribuyen genéricos, su problema es que
no tienen calidad certificada», dijo a IPS el director de la publicación
especializada Indetectable, Mauricio Sarmiento.

En la vecina Venezuela la terapia cuesta 500 dólares por mes, en Costa
Rica bajó de 625 dólares a menos de 200 por el uso de medicamentos libres
de patente. Y en Uruguay el costo por paciente es de 400 dólares al mes.

En Chile no se usan genéricos. Los tratamientos oscilan entre 200 y 650
dólares por mes y la cobertura supera 90 por ciento. Pero sólo las mujeres
embarazadas y los niños tienen medicinas gratis.

Costa Rica logró reducir 20 por ciento la mortalidad desde 1988, dijo
a IPS el director del programa sobre sida de la Caja de Seguro Social,
Solón Chavarría.

Para financiar los tratamientos, los uruguayos instauraron un Fondo
Nacional del Sida en 2001, mediante una tasa de uno por ciento a las
pólizas de seguros y de cinco por ciento a la transferencia de jugadores
del fútbol profesional.

En virtud de estos esfuerzos, la mortalidad se abatió en Uruguay 50 por
ciento desde 1996, la misma proporción que en Brasil.

Con todo, de los 1.200 uruguayos sometidos a terapia, «tenemos una
pérdida de seguimiento de 10 por ciento de los casos», admitió a IPS la
directora del Programa Nacional del Sida, Margarita Serra.

Y la organización de seropositivos se queja de «discontinuidad en los
tratamientos» y de poco control a la efectividad de las terapias con genéricos.

En Venezuela, poco más de 10.000 personas reciben tratamiento en salud
pública, menos de 20 por ciento de los 70.000 infectados, según
organizaciones no gubernamentales. El Tribunal Supremo de Justicia ordenó
en 2001 la obligatoriedad de los tratamientos gratuitos.

El próspero Chile obtuvo en junio una asistencia de 39 millones de
dólares del Fondo Global de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la
Malaria para costear medicinas antirretrovirales.

Pero en Bolivia, con más de 70 por ciento de población pobre, Violeta
Ross sigue esperando que el Fondo Global aporte recursos para sus
medicamentos y los de más de 1.000 personas. Espera, en fin, que la
historia de David no se repita.

*Con aportes de Marcela Valente (Argentina), Mario Osava (Brasil),
María Isabel García (Colombia), José Eduardo Mora (Costa Rica), Gustavo
González (Chile), Raúl Pierri (Uruguay) y Humberto Márquez (Venezuela).

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+ IDH, Bolivia (http://www.idhbolivia.org/plantilla.php?p=idh)
+ Onusida Colombia (http://www.onusida.org.co/)

(FIN/IPS/dcl/mj/he/03)

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