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Foro Social Mundial – Tres Perspectivas

Ene 21 2004

Por Roberto Savio (*)

ROMA, Ene (IPS) – Con Mumbai, el Foro Social Mundial (FSM) llega a su máximo
nivel de expansión. Los tres foros anteriores han tenido un éxito de imagen
y de convocatoria que nadie se esperaba cuando se decidió organizar una
reunión en la tranquila ciudad de Porto Alegre para afirmar que era posible
una alternativa al Foro Económico Mundial de Davos. Los números son
evidentes: en enero del 2001 se esperaban unas 10.000 personas y fueron
50.000, pasando a 75.000 en el 2002 y a 100.000 en el 2003. Más importante
que la cantidad de asistentes es el hecho de que una galaxia de
organizaciones de todo tipo y nivel se hayan reunido para proclamar que
«otro mundo es possible».

Este movimiento ha sido ignorado por el sistema político, cada dia más
desconectado de los ciudadanos, en una democracia cada día mas restringida
y en manos de una clase de políticos profesionales. Ejemplar ha sido la
reacción a las marchas por la paz del 15 de febrero del 2003 que sumaron
más de cien millones de manifestantes en todo el mundo. Aznar la ignoró,
Blair dijo que estaban equivocados, según Berlusconi la cifra sobre el
número de asistentes era una exageración del comunismo internacional y Bush
afirmó que se trataba de un «focus group», aludiendo a los grupos que se
utilizan en el marketing para lanzar a un producto.

Por otra parte, cabe preguntarse porqué ninguno de estos gobernantes ha
visto disminuida su fuerza electoral pese a que millones de ciudadanos se
manifestaron en contra de sus políticas. Y creo que este es el problema que
se le presenta al FSM.

El Foro es un momento de enorme gratificación para sus participantes. Se
trata de unas jornadas de ricos y vivos debates, donde nadie hace
diferencia entre viejos y jóvenes, campesinos e intelectuales, hombres y
mujeres, y se cruzan posiciones políticas muy diversas. Cada uno sale
enriquecido y fortalecido en sus compromisos ideales. Pero todo esto no
logra transformarse en un impacto en el mundo político y en las
instituciones internacionales. Por este camino, se corre el riesgo que el
FSM se transforme en un gran festival de izquierda.

Si antes del FSM del año próximo no se introducen algunas reformas en su
arquitectura, se corre el riesgo de que los foros resulten útiles solo para
sus participantes. Aunque el intercambio de ideas y experiencias es
importante, hay que estudiar cómo operar e influir en la realidad
institucional y política en la que estamos inmersos.

Lo que pasa es que para acomodar experiencias tan diferentes, se ha optado
por soslayar todo intento de adoptar fórmulas institucionales y
organizativas. Pero no se puede evaluar a los foros sólo por su número de
participantes y su expansión geográfica, también hay que considerar si
están aportando elementos para la acción en el mundo que nos rodea, para
que otro mundo sea posible.

El movimiento encara tres desafíos igualmente importantes: el de la
participación (que falta en el sistema político cada día más), el de la
movilización y el de la elaboración de planes de acción y de respuestas a
los innumerables desastres ocasionados por el sistema neoliberal.

No es posible solucionar estos desafíos en el FSM, donde nunca podrá
participar un número suficiente para que el Foro sea realmente universal.
En Porto Alegre serán mayoría los brasileños y en Mumbai los indios. Sólo
profundizando el camino actual, con la expansión de foros temáticos,
regionales y nacionales, se solucionará el problema de la participación en
el proceso del FSM.

El segundo desafío es el de la movilización, que no se agota con una
manifestación en el FSM. El camino es el indicado por la marcha para la paz
de febrero pasado: una convocatoria anual sobre un tema que interprete
el sentir común de los ciudadanos y congregue a millones de personas que
están hartas de decisiones nacionales e internacionales que no los
representan.

El tercer desafío es el de la elaboración, que indudablemente abre grietas
entre los participantes. Ellos tienen posiciones muy diferentes y así como
es fácil que coincidan en las denuncias, acordar alternativas es
inmensamente más complicado.

En realidad, subyace el temor de despertar la contraposición latente entre
la primera generación de la sociedad civil, integrada por las
organizaciones que surgieron para enfrentar los temas del desarrollo
(mujer, ambiente, derechos humanos), y la segunda generación, que nació en
la lucha contra la globalización. La diferencia fundamental entre ambas es
un mayor radicalismo de la segunda generación.

Yo creo que el debate es necesario y que finalmente se llegará a acuerdos y
plataformas comunes. Si no se toma este camino, se corre el riesgo de que
el FSM no pase de ser una suerte de festival internacional de las fuerzas
progresistas. (FIN/COPYRIGHT IPS).

(*) Roberto Savio es presidente emérito de la agencia IPS y miembro del
Comité Internacional del Foro Social Mundial (FSM).
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FORO SOCIAL MUNDIAL: LUCHA EPICA CONTRA EL CAPITAL

Por Vandana Shiva (*)

NUEVA DELHI, Ene (IPS) – El Foro Económico Mundial (FEM) concibió un mundo
modelado por el «Hombre de Davos», centrado en el capital y en los hombres
y las empresas que lo controlan. La libertad para el Hombre de Davos, por
lo tanto, es la libertad para el capital. El proyecto para esta libertad es
la globalización guiada por las grandes corporaciones empresariales -un
proyecto que yo califico de producto del patriarcado capitalista-, que se
refleja en los condicionantes ajustes estructurales del Banco Mundial y del
Fondo Monetario Internacional (FMI), en las distorsionadas, perjudiciales y
antidemocráticas reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y en
el paradigma económico liberal en general.

En este mundo todo está en venta, todo es una mercancía. La biodiversidad y
las formas de vida, los genes y las semillas son propiedad intelectual que
es posible patentar. El agua, la verdadera base de la vida, es una
mercancía comerciable, no un bien común ni un derecho humano fundamental.
Los alimentos y la agricultura no son la base de la subsistencia o medios
de vida sino sólo fuentes de lucro para el agronegocio. La biodiversidad y
los campesinos han desaparecido para dar paso a una agricultura industrial
globalizada y controlada por grandes corporaciones. En lugar de alimentos
saludables, este sistema perverso nos ha dado los organismos genéticamente
modificados, la vaca loca y la obesidad.

El crecimiento del fundamentalismo religioso, el aumento del terrorismo y
de la violencia, así como la militarización y la guerra, son consecuencias
inevitables de un sistema que deja a un lado fundamentales derechos humanos
y democráticos de la gente.

En Seattle, en la Reunión Ministerial de la OMC de 1999, el paradigma de la
globalización empresarial fue desafiada a escala global por ciudadanos de
diferentes partes del mundo. Seattle marcó un cambio tectónico en el cual
el poder popular frenó al monstruo de la globalización e hizo que la
reunión de la OMC fracasara.

Y cuando tuvo lugar, en febrero del 2003, la mayor movilización popular
contra la guerra jamás registrada, la sociedad civil fue reconocida como la
segunda superpotencia.

Y en el Foro Social Mundial (FSM) efectuado después de Seattle en Porto
Alegre comenzó a resonar una nueva consigna en los movimientos sociales,
«Otro mundo es posible», alternativa a la globalización.

Ahora se celebra el cuarto FSM en Mumbai. El primer mensaje del Foro al FEM
es su propio nombre: el FSM da su principal importancia a la gente y a la
sociedad, mientras que el FEM pone en primer lugar a las corporaciones
empresariales y al capital.

El segundo mensaje se refiere a los sistemas de organización, uno
controlado por el capital y el otro organizado conjuntamente por miles de
grupos. Es en esta diversidad y pluralidad de la organización que una nueva
política ha comenzado a tomar forma.

El tercer mensaje es el de la paz y la no violencia. La violencia es a la
vez el medio y el fin de una economía basada en la codicia, la dictadura
económica y el militarismo. La no violencia es tanto en los medios como en
el fin el resultado de la elección del pueblo. La corporación empresarial
necesitó al militarismo, explícito o implícito. Cuando 25.000 campesinos
indios son forzados a cometer suicidio, cuando el granjero coreano Lee
sacrifica su vida en las barricadas en Cancún diciendo «la OMC mata a los
granjeros», cuando las corporaciones estadounidenses Halliburton y Bechtel
surgen como los verdaderos ganadores de la guerra de Iraq, queda en claro
que la guerra es la globalización por otros medios.

Pero hay dos peligros que enfrentan las movilizaciones del FSM. El primero
viene desde dentro del propio FSM. Mientras que el éxito de Seattle y
Cancún fue el resultado de la capacidad de organización de la propia gente
y de su solidaridad en la diversidad, hay una tendencia entre ciertas
organizaciones a imitar el gigantismo y el control centralizado de las
estructuras dominantes, en lugar de crear una plataforma para acoger y dar
energías a diversas tendencias, movimientos y culturas. Esta tendencia
comporta el riesgo de sofocar el proceso del FSM.

En la nueva política impulsada por los ciudadanos lo global necesita a lo
local y lo local a lo global. Los movimientos que dieron impulso a Seattle
han sido formados primero a escala local. Pero constituimos en verdad un
ejemplo de resistencia global porque lo global se ve reflejado en nuestras
luchas locales y nacionales. Una resistencia global sin raíces locales no
puede durar mucho, lo mismo que los movimientos locales sin solidaridad
global o una conciencia planetaria o universal pueden transformarse en
parroquiales, defensivos e inseguros. No es necesario institucionalizar al
FSM. Hacerlo sería un costoso despilfarro. El gran tamaño es la fortaleza
del poder y la vulnerabilidad de la gente. La pequeñez y la diversidad, al
contrario, son la fuerza del pueblo y la vulnerabilidad del poder.

La segunda amenaza para el FSM está surgiendo en su exterior, de políticas
de viejo estilo basadas en principios patriarcales y en la celebración de
la violencia y de la fragmentación. El Mumbai Resistencia 2004, organizado
para oponerse al FSM, refleja el divisionismo y la violencia de las
políticas de viejo estilo, que intenta perjudicar la política de paz y
diversidad que los movimientos antiglobalización han construido durante la
última década con su enfoque de «vivir y dejar vivir». Nuestra no violencia
ha sido nuestra fuerza. Pero esa fuerza, que el establishment no le puede
quitar a la gente, es amenazada por algunos movimientos que hace de la
violencia su principal estrategia para el cambio.

La lucha entre el pueblo y el capital es ahora una lucha épica de vida o
muerte que ha apenas comenzado. Este es el comienzo de un nuevo capítulo de
la historia humana, no «el fin de la historia». (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Vandana Shiva es escritora y militante en las campañas
internacionales a favor de los derechos de la mujer y del ambiente. Fue
galardonada con el Right Livelihood Award, premio alternativo al Nobel, en
1993.

UNIR FUERZAS PARA MODELAR UN MUNDO MAS JUSTO

Por James D. Wolfensohn (*)

WASHINGTON, Ene (IPS) – El cuarto Foro Social Mundial (FSM) llega en un
momento oportuno. Con el 2004 recién comenzado, los conflictos y el
terrorismo continúan acaparando los principales titulares de los medios de
comunicación, mientras que a las urgentes cuestiones de la desigualdad y de
la injusticia no se les da la importancia que merecen. Esto es así pese a
que sabemos que la pobreza y la exclusión social están en la raíz de tantos
de los problemas que padecemos hoy en día.

El diálogo del FSM en Mumbai puede ayudar a renovar una agenda global
orientada hacia el desarrollo. Hacer frente con toda nuestra fuerza
colectiva a la pandemia del VIH/SIDA, llegar a fondo en las cuestiones del
cambio climático, de la contaminación de nuestros océanos y del suministro
de agua potable, así como ocuparse de que todos los niños del mundo reciban
instrucción primaria son asuntos fundamentales que requieren una atención
preferente. Estas cuestiones deben estar al mismo nivel que las de las
pensiones, la salud, el desempleo y otros asuntos que concentran la
atención de los gobernantes, pues ellas pueden hacer mucho para moldear el
mundo en el que viven nuestros niños.

Los líderes mundiales reconocieron esta verdad al aprobar las Metas para el
Desarrollo del Milenio. Se comprometieron a reducir la pobreza a la mitad
antes del 2015, a lograr que la instrucción primaria tenga un alcance
universal, a asegurar la igualdad para niñas y mujeres, a reducir la
mortalidad infantil y el número de mujeres que mueren al dar a luz, a
detener la difusión del VIH/SIDA, a proteger el ambiente y a fomentar una
asociación global para el desarrollo.

Se han hecho progresos en esos frentes. Gracias en particular a los
esfuerzos para la reducción de la pobreza en China y en India la proporción
de personas que vivirán con menos de un dólar diario en el 2015 disminuirá,
según las proyecciones, de más del 28% actual a cerca del 12%, librándose
así a mil millones de personas de la miseria. En el Africa Subsahariana,
sin embargo, el número de personas que están viviendo en la pobreza
absoluta se calcula que aumentará. Sólo la mitad de los niños africanos
completarán la escuela primaria y uno de cada seis morirá antes de cumplir
5 años, muchos de ellos de SIDA.

Ciudadanos de todo el mundo están buscando nuevos caminos para hacer que
los gobiernos se responsabilicen de las promesas hechas. Estas incluyen
inversiones en salud, educación e infraestructura; servicios centrados en
las necesidades de los pobres y sistemas administrativos, financieros y
judiciales eficientes y transparentes que sirvan a todos y no sólo para los
privilegiados.

Desde los presupuestos aprobados con amplia participación en Porto Alegre,
a las mejoras educativas en Uganda, a las auditorías sociales en Rajasthan,
India y a la instrumentación de programas comunales en Malawi, la
responsabilidad social está creciendo, haciendo la diferencia entre el
éxito y el fracaso. El Banco Mundial no sólo está alentando este desarrollo
sino que también está apoyando su expansión.

Podemos comenzar a resolver los problemas del desequilibrio sólo si
forjamos una nueva senda de desarrollo que vincule el crecimiento económico
con la responsabilidad social y ambiental. Sin extender las oportunidades
reales para que estén al alcance de todos los ciudadanos, los mercados sólo
sirven para las elites. Esto significa dar a todos la posibilidad de una
vida segura, con el derecho a la expresión, el derecho a aprender, el
derecho a un ambiente limpio, con iguales derechos para las mujeres, los
minusválidos y desaventajados y con el derecho al desarrollo.

Me siento alentado por el modo en que el presidente Luis Inácio Lula Da
Silva ha interpretado el espíritu del FSM de Porto Alegre y con el que está
buscando una estrategia de desarrollo basada en la premisa de que el
progreso económico y el social son inseparables. Hasta la fecha, su
gobierno ha protegido la salud, la educación y otros programas vitales al
mismo tiempo que mantiene una disciplina fiscal y atrae las inversiones
extranjeras.

Otros países están llevando a buen término modelos similares. No es fácil
pero es imperativo que hallemos y apliquemos enfoques más responsables
-fijados por un nuevo contrato social- en los cuales el progreso social se
convierta en un requisito previo para el crecimiento económico sostenible.
Al mismo tiempo, debemos pensar continuamente a lo grande. Los programas
que ayudan actualmente a unos pocos miles de individuos deben ser
extendidos para beneficiar además a millones de personas. Por eso es que el
Banco Mundial continúa en la búsqueda de resultados en tal sentido y
convocó a una conferencia en Shangai para mayo próximo a fin de considerar
más de 70 estudios de situaciones en las que es posible concretar la
reducción de la pobreza.

Las miradas y las conversaciones de muchos de los participantes en Mumbai
estarán dirigidas hacia la promesa de este nuevo tipo de liderazgo. Hagamos
que el 2004 sea un año de esperanza, de compromiso común, un año en el que
nos movamos hacia delante juntos para unir fuerzas detrás de la visión
compartida de un mundo más equilibrado. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) James D. Wolfensohn es el Presidente del Banco Mundial.

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