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Iraq: Faltan soluciones, sobra el caos

Ene 27 2004

El horror
Análisis de Jim Lobe

WASHINGTON, ene (IPS) El general retirado estadounidense Anthony Zinni
advirtió ya en 1998 que procurar el desalojo del entonces presidente iraquí
Saddam Hussein del poder amenazaría con desestabilizar todo Medio Oriente.

Zinni, un infante de Marina veterano de Vietnam y luego de su retiro
enviado especial del presidente Bill Clinton (1993-2001) a Medio Oriente,
comandaba por esos días el Comando Central de Estados Unidos.

Su llamado de alerta de hace cinco años fue lanzado ante el Congreso
legislativo, al cuestionar la Ley de Liberación de Iraq que convertiría el
«cambio de régimen» del país árabe en política oficial de Washington.

Y en octubre de 2002, cuando faltaban seis meses para la invasión
concretada en marzo pasado, sentenció ante la Conferencia Anual Fletcher
sobre Estrategia de Seguridad Nacional: «Estamos a punto de encender una
mecha en esta región y nos arrepentiremos desde ese mismo día.»

Todo indica que Zinni no estaba equivocado, aunque el presidente George
W. Bush intentó, en su discurso del Estado de la Unión la semana pasada,
insuflar una sensación de confianza y control respecto de Iraq y de Medio
Oriente en general.

La posibilidad de una guerra civil en Iraq llegó a las portadas de la
prensa estadounidense, que también informa que algunos elementos del
gobierno de Bush impulsan, por primera vez desde mediados del año pasado,
ataques contra el Partido de Dios (Hizbola) en Líbano y ciertos objetivos
en Siria.

Al mismo tiempo, al no mencionar el conflicto árabe-israelí en su
discurso, Bush dejó en evidencia su falta de interés en presionar por un
cese de fuego bilateral, para no hablar de conversaciones de paz dirigidas
a la creación de un estado palestino.

En otras palabras, las perspectivas del territorio que abarca desde las
costas orientales del mar Mediterráneo hasta Irán son más turbulentas
–posiblemente muchísimo más– que hace 10 meses, cuando los soldados
estadounidenses avanzaron sobre Iraq desde Kuwait.

Desde entonces, los kurdos del norte de Iraq han demandado autonomía
total, incluida la retención de su propia fuerza militar, en el marco de
una federación, lo cual despertó alarma en las vecinas Turquía, Irán y
Siria, países con gran población kurda.

Grandes protestas convocadas por el máximo clérigo del Islam chiita
iraquí, el ayatolá Alí al-Husseini al-Sistani, rechazaron la semana pasada
el plan estadounidense de transferir la soberanía de Iraq a un gobierno de
transición sin que la ciudadanía del país lo elija directamente en las urnas.

Esas manifestaciones dejaron en evidencia una gran organización,
convocatoria y disciplina, y despertaron en Estados Unidos la sensación de
que, cualquiera sea el avance de Washington contra la insurgencia en el
Iraq central sunnita, esa meta no se cumplirá tan rápido.

«Los agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en Iraq
advierten que el país puede estar encaminándose a una guerra civil»,
indicaba, en el primer párrafo de un informe de portada, el diario
Philadelphia Inquirer la semana pasada.

Los autores del artículo, periodistas duchos en desvelar secretos del
gobierno de Bush, consideran que el fracaso de convocar elecciones directas
en Iraq podría desatar un levantamiento en la amistosa población chiita,
que representa 60 por ciento de los 24 millones de iraquíes.

Si los chiitas se vuelven contra la coalición militar estadounidense
equivaldría a «la pérdida de apoyo de los budistas en Vietnam», dijo el
experto en asuntos de Medio Oriente en el conservador Centro de Estudios
Estratégicos e Internacionales (CSIS) Antony Cordesman.

«Significaría perder la guerra», agregó, como si faltara más aclaración
en la alusión a la guerra de Vietnam que concluyó en 1974 con grandes
pérdidas para Estados Unidos.

De todos modos, las elecciones directas también encerrarían un peligro.

«No podemos, simplemente, retirarnos y dejar a los chiitas dando forma
al nuevo gobierno, porque eso desataría una guerra civil», dijo el
subsecretario (viceministro) de Defensa del gobierno de Bill Clinton
(1993-2001) John Hamre.

Hamre, quien en su carácter de presidente del CSIS visitó Iraq en
agosto para analizar la situación en el terreno a pedido del secretario de
Defensa Donald Rumsfeld, consideró que el gobierno está «atrapado en una caja».

Una caja con bordes afilados. Sistani y sus seguidores han aclarado que
los chiitas, al igual que los sunitas, se oponen a un sistema federal que
daría a los kurdos la autonomía que procuran para las áreas petroleras
alrededor de Kirkuk.

Choques violentos y mortales entre combatientes kurdos y sus rivales
turcomanos y árabes residentes en Kirkuk y en el área sunita han sido una
constante desde el fin de la guerra, aunque poco divulgada por la prensa.

El hecho de que Estados Unidos haya permitido a los kurdos conservar
sus armas no ayuda a aplacar los ánimos.

Mientras, la tensión entre chiitas y sunitas –que dominaron el
gobierno iraquí desde la independencia– aumenta desde diciembre, cuando
tres sunitas murieron en un atentado con explosivos en una mezquita de Bagdad.

Los representantes del gobierno estadounidense aseguran estar de
acuerdo con los reclamos de elecciones directas formulados por Sistani.

Pero insisten en que no hay tiempo suficiente para organizarlas antes
del 30 de junio, una fecha decidida más para no entorpecer la reelección de
Bush que como compromiso para construir instituciones democráticas y
viables en Iraq.

Si no llegara a funcionar el complicado sistema de voto en asambleas
locales que Washington propone en para las elecciones, la opción sería
crear un Consejo de Gobierno ampliado que funcionaría como autoridad de
transición, aunque no hay acuerdo en cómo se integraría.

El gobierno estadounidense confía en la disposición a negociar de
Sistani, quien se manifestó dispuesto a seguir lo que recomienden los
expertos electorales de la Organización de las Naciones Unidas.

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+Iraq sin aliento – Cobertura especial de IPS
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(FIN/IPS/

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