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También en Afganistan mueren soldados

Ene 30 2004

El otro dolor de cabeza de Bush
por Jim Lobe

Los atentados suicidas que esta semana mataron en
Afganistán a un soldado británico y otro canadiense en 48 horas recordaron
a Estados Unidos y sus aliados de la OTAN la dificultad de realizar
elecciones creíbles el próximo junio en ese país centroasiático.

Algunos funcionarios estadounidenses ya han sugerido que los comicios
deberían postergarse, tanto por las demoras en el proceso de registro de
votantes como por la falta de seguridad, en particular en el sur, sudeste y
este de Afganistán, donde las fuerzas del derrocado grupo extremista
islámico Talibán están resurgiendo.

Pero el gobierno de George W. Bush, mucho más preocupado por Iraq y por las
elecciones indirectas que planifica también para junio en ese país del
Golfo, espera que los comicios en Afganistán puedan celebrarse tal como
están programados.

Fuerzas encabezadas por Estados Unidos derrocaron a Talibán a fines de
2001, tras acusar a ese régimen de proteger al grupo radical islámico Al
Qaeda, al que la administración de Bush atribuye los atentados de 11 de
septiembre de ese año en Nueva York y Washington.

Trascendió que el Pentágono (Departamento de Defensa estadounidense) está
preparando una gran «ofensiva de primavera» contra Talibán y Al Qaeda,
tanto en Afganistán como al otro lado de la frontera con Pakistán. Esto
sugiere que Washington ha optado por una estrategia más activa, dirigida
precisamente a minimizar la capacidad de esos grupos para frustrar las
elecciones.

Los ataques suicidas del martes y el miércoles en Kabul fueron perpetrados
tras la firma el fin de semana de la nueva Constitución afgana por el
presidente interino Hamid Karzai. La ley fundamental había sido ratificada
el día 4 por la «loya jirga», o asamblea de notables, luego de 22 días de
acalorado debate.

Washington considera que la ratificación de la Constitución es un hito en
la estabilización del país y que garantizará los derechos básicos de todos
los afganos, incluidas las mujeres y minorías étnicas, pero todavía está
lejos de aplicarse, en especial en vastas partes del país fuera de la
capital, gobernadas por señores de la guerra y jefes tribales.

«La ratificación de la Constitución fue sólo la mitad del desafío», dijo el
martes Lakhdar Brahimi, quien finalizó su mandato de dos años como
principal representante de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en
Afganistán.

Garantizar la seguridad en vísperas de las elecciones será «la cuestión
clave» para el gobierno central y las fuerzas internacionales de
mantenimiento de la paz, declaró el funcionario en Washington.

Estados Unidos tiene actualmente cerca de 11.000 soldados desplegados en
Afganistán, en su mayoría asignados a la búsqueda y captura de miembros de
Talibán y Al Qaeda.

Numerosos militares estadounidenses integran también los llamados «equipos
provinciales de reconstrucción», grupos de 50 a 100 soldados más asesores
civiles y políticos que han sido desplegados en varias ciudades y
localidades clave para ofrecer seguridad y realizar ciertas actividades de
reconstrucción.

Una segunda fuerza de unos 5.500 hombres, la Fuerza Internacional de
Asistencia a la Seguridad (ISAF), está limitada a Kabul, aunque
recientemente anunció la creación de sus propios equipos provinciales de
reconstrucción, a desplegar fuera de la capital.

Los dos soldados asesinados esta semana pertenecían a la ISAF, actualmente
bajo el comando de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte).

El general estadounidense James Jones, jefe militar de la OTAN, se quejó el
martes ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de que ISAF
carece de equipos, tales como helicópteros, para desplegar esos grupos en
las provincias.

Jones también sugirió que el despliegue de más tropas estadounidenses o de
la alianza atlántica sería de ayuda, ya fuera para operaciones de combate o
para crear más equipos provinciales de reconstrucción.

Una tercera fuerza que supuestamente debe garantizar la seguridad es el
propio ejército afgano, pero las deserciones han impedido el
fortalecimiento de esa fuerza, que actualmente no llega a 6.000 soldados.

El alto índice de deserciones ha sido atribuido a la dominación de minorías
étnicas en los cuerpos de oficiales, en particular de tajikos del valle de
Panshir. Estos tajikos formaban la Alianza del Norte, opositora de Talibán,
que se convirtió en el principal socio de Washington para el derrocamiento
de ese régimen islámico.

Otro factor señalado como causa de las deserciones es la baja paga de los
soldados en comparación con el dinero disponible en el próspero comercio
del opio, que se ha convertido en otro gran obstáculo en la estabilización
y reconstrucción de Afganistán.

El dinero de la droga es una fuente constante de ingresos para Talibán y
diversos señores de la guerra que desafían la autoridad del gobierno
central, y también tiene un creciente impacto en la economía nacional en su
conjunto.

La ONU estimó que la producción anual de opio en Afganistán representa
actualmente 75 por ciento de la producción total mundial y casi la mitad
del producto interno bruto (PIB) afgano.

«Algunos funcionarios sostienen que Afganistán corre el riesgo de
transformarse en un narco-estado, y ese problema… debe recibir más
atención», instó Brahimi.

Sin embargo, una campaña de represión contra la producción y el tráfico de
drogas podría causar un peligroso descontento en áreas de la etnia pashtun,
donde hay numerosos talibanes, advirtieron analistas. Este riesgo
explicaría la política de no intervención practicada por Estados Unidos
respecto del opio afgano.

Por ahora, el principal objetivo de Washington es asegurar la realización
de elecciones, si no en junio, algunas semanas después, afirmaron
funcionarios estadounidenses.

La administración de Bush teme especialmente que, si no se celebran
comicios en Afganistán antes de las elecciones presidenciales de noviembre
en Estados Unidos, el opositor Partido Demócrata tenga argumentos para
criticar la «guerra contra el terrorismo» del presidente.

De más de 10 millones de potenciales votantes afganos, sólo 600.000 se han
registrado hasta ahora, pero la ONU «confía razonablemente» en que casi
todos puedan inscribirse antes de junio, declaró Brahimi.

Sin embargo, advirtió, la actualización de las listas de votantes son
apenas uno de los requisitos para la celebración de elecciones creíbles..
Otros son el desarme, la creación de partidos políticos nacionales y la
libertad de expresión, que a su vez dependen de la seguridad.
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