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Carta interceptada de Al-Qaeda relanza discusion sobre dimension de la red

Feb 18 2004

Análisis de Jim Lobe

WASHINGTON, feb (IPS) Una carta enviada a líderes de la red terrorista Al Qaeda por parte de un supuesto colaborador en Iraq, Abu Musab Al Zarqawi, socava argumentos usados en Estados Unidos para justificar la invasión a ese país árabe.

La carta, que esencialmente es un pedido de apoyo para una «guerra» de los iraquíes de la rama sunita del Islam, contra sus compatriotas de la rama chiita, fue hallada el 23 de enero en una casa de Bagdad, durante una redada realizada por fuerzas estadounidenses.

En esa casa se ocultaba un presunto mensajero de Al Qaeda, y el texto
de la carta, que estaba grabado en un disco compacto, se filtró al
periódico estadounidense The New York Times, que lo publicó el 10 de este mes.

Partes de la misiva fueron reproducidos en la página en Internet del
Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense, de la belicista fracción
neoconservadora del gobernante Partido Republicano.

Esa influyente fracción alega que la carta confirma su teoría de que Al
Qaeda, dirigida por el saudita Osama bin Laden y considerada responsable de
los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington, está
detrás de los constantes ataques en Iraq contra las fuerzas de ocupación..

Al parecer, Washington habría permitido que el contenido de la misiva
se divulgara porque confirma esa teoría sobre la resistencia iraquí.

El autor de la carta, identificado por el Departamento de Defensa como
un palestino-jordano vinculado con Al Qaeda, admite que la ocupación
estadounidense progresa y alcanza sus objetivos.

«No hay duda de que nuestro campo de movimiento se estrecha cada vez
más y que se aprieta con más fuerza la garganta de los mujaidines
(combatientes islámicos)», afirma.

«Con el despliegue de militares y policías, nuestro futuro se vuelve
sombrío», añade Zarqawi.

El autor se adjudica la organización de 25 «operaciones de martirio»
(atentados suicidas) contra objetivos chiitas y estadounidenses, y sugiere
que la resistencia no es dirigida por iraquíes sino por terroristas
islámicos de otros países, como sostienen las fuerzas ocupantes.

La misiva también menciona la preparación de más ataques contra las
fuerzas de seguridad integradas por iraquíes que colaboran con la coalición
ocupante que encabeza Estados Unidos, secundado sobre todo por Gran Bretaña.

Hasta aquí, todo bien para la tesis de Washington.

Sin embargo, al mismo tiempo la carta desacredita varios de los mitos
divulgados por los neoconservadores.

En primer lugar, no contiene ningún indicio de que haya habido algún
tipo de cooperación entre el derrocado presidente Saddam Hussein y Al Qaeda.

Además, el autor de la carta expresa gran desilusión por la ausencia de
combatientes de Al Qaeda en Iraq. Según el analista Juan Cole, de la
estadounidense Universidad de Michigan, el texto parece haber sido escrito
por alguien que perdió contacto con Al Qaeda hace mucho tiempo.

Pero lo más importante es que el pedido de ayuda para realizar ataques
contra chiitas socava la tesis neoconservadora de que todos los extremistas
islámicos luchan juntos en Iraq contra las fuerzas de Estados Unidos.

El analista neoconservador Michael Ledeen sostuvo en su libro «La
guerra contra los amos del terror» que las agencias de inteligencia de
Occidente son ingenuas al pensar que grupos chiitas, como el libanés
Hizbolá (Partido de Dios), o el poderoso clero iraní, no colaborarían con
sunitas como los líderes de Al Qaeda, debido a sus diferencias religiosas.

Ledeen, ex funcionario del gobierno de Ronald Reagan (1981-1989) y
miembro del derechista Instituto Estadounidense de la Empresa (AEI, por sus
siglas en inglés) asegura que chiitas y sunitas forman una «coherente red
terrorista» en la que Irán desempeña un papel dominante.

Las discrepancias entre las dos ramas del Islam tienen 14 siglos, y su
mantenimiento en la actualidad se debe a razones más políticas que religiosas.

Tras la muerte de Mahoma, el profeta de los musulmanes, éstos se
dividieron entre los seguidores del califa Abu Bakr y los de Alí ibn Abi
Talib, yerno de Mahoma. La división se formalizó en 661.

Quienes reivindicaban los derechos al poder religioso y político de los
descendientes de Alí fueron conocidos como chiitas, en contraposición a los
sunitas, que reivindicaban el derecho a la libre sucesión, no hereditaria.

El Islam sunita es predominante en la mayoría del mundo árabe, pero los
chiitas dominaron la revolución islámica triunfante en Irán en 1979, y el
régimen que estableció.

Otro defensor de la tesis de los «amos del terrorismo» es Richard
Perle, también integrante del AEI y amigo del vicepresidente Dick Cheney.

«La red terrorista mundial es más compleja y mucho más unida de lo que
nuestros analistas han querido aceptar», escribió Perle el año pasado en la
revista National Review.

«Las divisiones y distinciones del pasado ya no tienen sentido. Las
mafias del terrorismo trabajan juntas, y su misión está definida por los
países que las protegen, arman, financian y asisten: Arabia Saudita, Irán y
Siria», señaló.

Para Ledeen, Irán es el «eje de la red del terror», y es sede de
encuentros periódicos entre los principales líderes terroristas. Teherán ha
negado vehementemente cualquier vínculo con la red Al Qaeda u otro grupo
radical sunita.

Ledeen aseguró el año pasado que la capital iraní fue sede de una
reunión en agosto entre Zarwawi, el jefe de operaciones de Hizbolá, Imad
Mughniyah, el número dos de Al Qaeda, Ayman Al Zawarhiri, y el hijo de
Osama bin Laden, Saad.

A ese encuentro también habrían asistido funcionarios de inteligencia
iraníes, y luego de la reunión Zarqawi volvió a Iraq para organizar la
resistencia contra Estados Unidos, siempre según Ledeen.

El problema es que la carta atribuida a Zarqawi no da ningún indicio de
conexiones con Irán, y por el contrario señala como enemiga a la población
chiita iraquí, a la que Teherán ha siempre dado su apoyo.

«Los chiitas le han declarado una guerra sutil al Islam. Si bien es
cierto que los estadounidenses son el gran enemigo, los chiitas se han
convertido en un peligro mayor y están causando más daños en la nación que
los estadounidenses», dice la carta.

Estas referencias a los chiitas y el silencio en torno a los supuestos
vínculos con Irán sólo confirman que la tesis de los «amos del terrorismo»
es cuestionable, así como el supuesto vínculo de Saddam Hussein con Al
Qaeda, dijo Cole a IPS.

«El documento socava todas las teorías de conspiración sobre el apoyo
iraní a Al Qaeda o sobre el vínculo de esta red con Hizbolá», añadió.

Es por eso que la distribución de la carta en medios de comunicación
derechistas juega contra sus propios intereses.

Los neoconservadores impulsaron la guerra para derrocar a Saddam
Hussein y son el principal obstáculo para que Washington mejore sus
relaciones con Teherán.
*****
+ Extractos de la carta, publicados por el Proyecto para el Nuevo Siglo
Estadounidense, en inglés
(http://www.newamericancentury.org/middleeast-20040212.htm)
(FIN/IPS/

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