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EEUU: Ejecutivos ricos por despidos masivos

Feb 16 2004

Carmelo Ruiz Marrero*

Si el sueldo del trabajador estadunidense hubiera subido desde 1990 al
mismo ritmo que el de sus patrones, su paga promedio en 2002 habría sido de
68 mil 57 y no de 26 mil 267 dólares. Y peor aún, mientras los trabajadores
sufren despidos masivos, como nunca antes los ejecutivos de las grandes
empresas se sirven con la cuchara grande.

LA ECONOMIA ESTADUNIDENSE está en un estado nefasto. En tres años los
accionistas han perdido 7 billones de dólares, algo no visto desde la Gran
Depresión [años treinta]. Los traspiés de la bolsa de valores y los
escándalos de contabilidad de empresas como Enron, WorldCom y Arthur
Andersen demostraron que la prosperidad de los noventa estuvo basada en
mentiras y falsedades.

Pero a los ejecutivos de las grandes corporaciones les va de lo mejor.
Según The New York Times, en 2002 el sueldo del jefe de una gran
corporación estadunidense promediaba 10.83 millones de dólares, lo cual
implica un aumento de 6% respecto del año anterior; mientras que los
salarios de los trabajadores no aumentaron ni 3% en el mismo periodo. Y
mientras más empleados son despedidos, más ricos se hacen.

La paga media de los jefes de compañías que más personal despidieron en
2001 se incrementó 44% un año después. Esto no es nuevo. Cuando AT&T
realizó despidos masivos en septiembre de 1995, sus acciones subieron de
valor. Así es: la bolsa de valores celebra cuando se botan trabajadores a
la calle. Como los ejecutivos de esta empresa eran accionistas, se
beneficiaron directamente de esta situación. El jefe de la corporación, Bob
Allen, se dio, tras los despidos, una compensación de 4.5 millones de
dólares y obtuvo acciones valoradas en 10.8 millones de dólares.

Desigualdad en el retiro

Mientras tanto, los beneficios de retiro de los trabajadores corren
peligro, pues los planes de pensión aplicados por muchos patrones
corporativos presentan déficits. Hay 30 compañías que, juntas, tienen en
sus planes de pensión un déficit de 131 mil millones de dólares, según
Executive Excess, un informe de United for a Fair Economy y el Institute
for Policy Studies.

Estas 30 empresas, que son las que mayor déficit presentan, pagan a sus
jefes 59% más que las compañías de tamaño similar que no tienen déficits
comparables.

Los jefes de 10 de esas 30 empresas se dieron aumentos mayores a 100% en 2002.

Según el Negociado Federal de Estadísticas Laborales, menos de la mitad de
los trabajadores estadunidenses tienen plan de retiro. De éstos, la mayoría
tiene planes 401 (k), es decir, que el dinero se juega en el mercado de
valores; mientras, que 27.9% de los activos de estos planes está invertido
en acciones del propio patrón, lo cual significa que si la compañía se va a
pique, sucederá lo mismo con su dinero de retiro.

Pero los jefes tienen, además, los generosísimos planes llamados «top hat»,
cuyo monto es desconocido a veces por los propios accionistas. En muchas
compañías, estos beneficios se desembolsan aun en caso de bancarrota o
fraude, según Executive Pay Watch, un proyecto educativo de la federación
sindical AFL-CIO.

Por ejemplo, Kenneth Lay, ex jefe de la corrupta empresa Enron, recibió una
póliza de seguro de 12 millones de dólares, protegida de los acreedores.

También están los «paracaídas de oro», como se conoce a los beneficios
extraordinarios que reciben los jefes cuando se van de la compañía. Según
The Corporate Library, un servicio informativo que evalúa a las
corporaciones, estos paquetes de beneficios para ejecutivos salientes son
de 16.5 millones de dólares en promedio.

El caso de Douglas Ivester, ex jefe de Coca-Cola, es particularmente
escandaloso. El ganaba 19.2 millones de dólares anuales cuando dirigía la
empresa. Al retirarse, tras sólo dos años de trabajo, le fueron concedidas
acciones y otros beneficios valorados en 120 millones de dólares por lo menos.

También recibe una pensión de 1.5 millones anuales, beneficios médicos para
él y su esposa, espacio de oficina y servicios secretariales, mantenimiento
para el sistema de seguridad de su residencia y el pago de las cuotas de
todos los clubes ultraexclusivos a los que pertenece. También se quedó con
el carro que le dio la compañía, al igual que el teléfono celular y la
computadora.

Se sirven con la cuchara grande

Al discutir la compensación otorgada a ejecutivos corporativos es necesario
mencionar los stock options, que son acciones de la compañía que se ofrecen
gratis o a precio reducido. El valor combinado de estas acciones es masivo.
En 2002, 15.7% de todas las acciones en el mercado eran stock options,
según el Investor Responsibility Research Center, otro servicio informativo
sobre corporaciones.

¡Imagínense! Invertir en una compañía para enterarse después de que más de
15% de su valor se ocupa en la paga y otros beneficios para el jefe. The
Wall Street Journal, por su parte, informa que entre 1997 y 2002 los
ejecutivos de las 350 corporaciones de mayor tamaño se echaron al bolsillo
9 mil millones de dólares en stock options.

Hablemos ahora de contribuciones. Las 350 firmas mencionadas dedujeron 3
mil 600 millones de dólares de sus contribuciones por concepto de stock
options entre 1997 y 2002. En otras palabras, un ingreso no tributado.

Esta suma es especialmente significativa en vista de las crisis
presupuestarias que enfrentan los gobiernos estatales: 3 mil 600 millones
es una suma equivalente a los déficits de siete de los 10 estados con
mayores problemas de este tipo. Un monto que iguala lo que gastaron los
gobiernos estatales el año pasado en Medicaid (servicios médicos),
adicional a su presupuesto estipulado.

Cualquiera se indigna

Si todavía no está rabioso al leer esto, lo estará cuando se entere de lo
siguiente: si el sueldo del trabajador estadunidense hubiera subido desde
1990 al mismo ritmo que el de sus patrones, su paga promedio en 2002
hubiera sido de 68 mil 57 y no de 26 mil 267 dólares.

Si el salario mínimo federal, que en 1990 era de 3.8 dólares, hubiera
subido a la misma velocidad que los beneficios y paga de los patrones,
habría llegado en 2002 a 14.40 dólares, en lugar de los 5.15 dólares de
entonces.

Toda esta gula y avaricia patronales comienzan a influir en la opinión
pública estadunidense. Una encuesta de Harris de octubre de 2002 reveló que
87% de los ciudadanos cree que a los jefes corporativos se les paga
demasiado y que se hacen ricos a costa de sus empleados. Dos tercios de los
consultados opinaron que las escalas salariales eran menos justas que cinco
años atrás.

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