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FSM se impone poco a poco

Feb 18 2004

Immanuel Wallerstein

La reciente reunión del Foro Social Mundial (FSM) celebrada por cuarta ocasión, ahora en Mumbai, India, entre el 16 y el 21 de enero de 2004, fue un gran paso hacia el fortalecimiento constante de ese mecanismo. En cinco años se ha convertido en un actor importante en el escenario mundial.

Hay tres momentos de origen de esa experiencia. El primero fueron las protestas masivas durante la reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en Seattle, en noviembre de 1999. Un gran número de manifestantes, principalmente estadunidenses -una coalición sorpresiva de sindicalistas del AFL-CIO, militantes ambientalistas y anarquistas- logró echar a pique la reunión. Dos meses después, en enero de 2000, en Davos, un grupo de unos 50 intelectuales de todo el mundo intentaron una táctica diferente y organizaron un «Antidavos en Davos», buscando que se difundieran en la prensa mundial una serie de argumentaciones antineoliberales. En febrero de 2000, dos dirigentes brasileños de movimientos populares, Chico Whitaker y Oded Grajew, fueron a París a hablar con Bernard Cassen, director de Le Monde Diplomatique y presidente de Attac-France. Le sugirieron unir fuerzas para lanzar un encuentro mundial que combinara la protesta masiva y el análisis intelectual. Convinieron que esto ocurriera en Porto Alegre, Brasil, en 2001, al tiempo en que en Davos se realizaba la reunión del Foro Económico Mundial. Le llamaron a esto Foro Social Mundial, y Cassen declaró que el objetivo era «hundir Davos».

Porto Alegre 2001 esperaba recibir a mil 500 participantes. Arribaron unos 10 mil. El grueso de ellos provenían de América Latina, Francia e Italia. Los principios básicos del FSM fueron que sería «un punto de reunión abierto» para «grupos y movimientos de la sociedad civil que se oponían al neoliberalimo y a la dominación del mundo por el capital o por cualquier forma de imperialismo». Su lema era «otro mundo es posible». Era un «proceso», no una organización. No tomaría posiciones, ni haría propuestas de acción, pero generaría posiciones y propuestas de algunos o todos los que tomaran parte en el FSM. Era «plural, diverso, no confesional, no gubernamental y no partidista», y actuaría de «modo descentralizado». En resumen, no habría jerarquías ni disciplina organizativa.

La fórmula era original y muy diferente de los movimientos contra el sistema, incluidos el comunista o las internacionales. Y prendió fuego. La segunda reunión en Porto Alegre atrajo a 40 mil participantes, incluyendo ahora a un enorme grupo de América del Norte. La tercera, en 2003, juntó entre 70 mil y 80 mil personas. Estuvieron ahí toda suerte imaginable de movimientos, reformistas o revolucionarios, cada una de las variedades de personas oprimidas o marginadas, la vieja izquierda y la nueva, los movimientos sociales y las organizaciones no gubernamentales (ONG).

Pero hubo problemas. Los tres mayores fueron: 1) tensión entre quienes insistían en mantener la fórmula de un foro abierto y aquellos que buscaban que el FSM se volviera un «movimiento de movimientos», tal vez, algún día, otra «internacional; 2) una participación desigual de Asia, Africa y Europa central y del este; 3) debates por la estructura interna y el financiamiento del FSM, qué tan independiente y democrática era su estructura.

Los tres problemas se pusieron a prueba en la reunión de Mumbai, la primera en efectuarse fuera de Porto Alegre.

El concepto de foro abierto es considerado por sus fundadores originales como elemento clave para impulsar la fuerza del foro. Argumentan que cualquier desviación de esta fórmula llevará a exclusiones y lo convertirá en un movimiento sectario más. Para garantizar la apertura del FSM, los principios frenaban la «representación de partidos» y las «organizaciones militares». Algo difícil de lograr, pues tanto los partidos como los movimientos guerrilleros fueron de todos modos, mediante organizaciones asociadas. Y el punto era controvertido, pues muchos participantes no veían razón en bloquear a las estructuras partidistas (en tanto ninguna de ellas tenía una posición de control). Y en las organizaciones guerrilleras se incluía a los zapatistas, pese a que sus acciones militares habían sido muy escasas y aunque la mayoría de los participantes tuvieran enorme simpatía hacia ellos, al grado de considerarlos un movimiento modelo.

Cuando el foro se fue de Brasil a India, de un país donde casi todos los movimientos habían apoyado al Partido de los Trabajadores y como tal no necesitaban su presencia formal en el FSM, a un país donde los movimientos estaban repartidos en muchas organizaciones políticas y donde los partidos clave eran de masa, el comité organizador de India diluyó la reticencia contra los partidos. No obstante, la proscripción de la violencia condujo a divisiones entre los participantes de India. Un pequeño movimiento maoísta organizó un contraforo, denominado Resistencia Mumbai-2004, en terrenos cercanos a los del FSM. Y los participantes denunciaron al foro como una combinación de trotskistas, socialdemócratas, organizaciones de masas reformistas y ONG financiados por trasnacionales, en suma, un arrogante caballo del inmovilismo y la contrarrevolución. En especial atacaron el concepto de foro abierto (es sólo un talk show, dijeron) y la consigna (no «otro mundo», sino el socialismo como objetivo), y el financiamiento del FSM (por el hecho de que algún dinero fluyó de la Fundación Ford).

Pero Resistencia Mumbai fue en realidad un evento colateral, que estimuló buenas discusiones en el FSM pero que atrajo tan sólo 2 por ciento de quienes asistieron al encuentro. En cuanto a la acción del foro, muchos resaltaron el hecho de que las manifestaciones mundiales contra la guerra de Irak, llevadas a cabo el 15 de febrero de 2003, las habían inspirado y organizado participantes del FSM. Así que, al final, todo mundo pareció concordar en que el foro debía mantener su carácter abierto pero tal vez buscar la manera de aceptar e institucionalizar a los grupos que desearan participar en acciones comunes. Existe ya una asamblea de movimientos, que se reúne en los foros y que acuerda puntos y propone acciones concretas. Se planea ya una manifestación a escala mundial para el 20 de marzo de 2004, en el aniversario de la invasión estadunidense a Irak.

El deseo de expandir el espectro geográfico del FSM fue uno de los objetivos perseguidos al cambiar de sede a Mumbai, y fue un éxito espectacular. En 2002, según el organizador principal en India, no había 200 personas que hubieran oído hablar del foro. Para 2004, cientos de organizaciones y más de 100 mil personas de India asistieron, procedentes de todos los grupos sociales imaginables, por lo menos 30 mil dalits (intocables) adivasis (pueblos tribales) y mujeres por todas partes. Es más, contradiciendo toda la cultura política de India, representaban un amplio espectro de puntos de vista políticos, trabajando juntos. El FSM retornará a Porto Alegre en 2005, pero planea desplazarse a Africa en 2006.

Finalmente, la estructura del FSM fue un punto debatido abiertamente. En 2002 se fundó un consejo internacional, en el que participan 150 miembros, todos nombrados. Es ampliamente representativo pero ciertamente no fueron elegidos am-pliamente. Si fueran elegidos, el FSM se tornaría una estructura jerárquica. Pero, ¿es «democrática»? El consejo internacional es el que toma las decisiones reales, dónde serán las juntas, quién hablará en las plenarias (las «estrellas») y quién puede o no ser excluido de asistir. Es cierto que la mayor parte de las sesiones se organiza de abajo para arriba. En Mumbai, hubo unos 50 o más «seminarios» simultáneos en todo momento, y para todo efecto, autónomos. En las sesiones para analizar la estructura del FSM, se pujó por mayor apertura en la toma de decisiones, buscando formas para que todos los participantes tuvieron algo qué ver en las decisiones. Y todo esto, sin convertir el foro en una estructura jerárquica. Cosa nada fácil pero al menos sujeta a debate abierto.

Tampoco debemos dejar de lado la evolución de los énfasis temáticos. En Seattle, la tendencia era frenar a la OMC. Después de Cancún- 2003, dejó de considerarse esa organización como la amenaza principal. De hecho, aunque el FSM sigue luchando contra el neoliberalismo, el sentido es que el foro inaugura una diferencia real: que si Brasil o India impulsan ahora líneas diferentes, por ejemplo, se debe en gran medida a la presencia del FSM. El encuentro de Davos casi no se mencionó este año, pero el presidente George W. Bush fue, sin duda, el villano en los carteles, para todo aquel que marchó en Mumbai. El cartel de una organización de mujeres paquistaníes, resumió los sentimientos: «Si Bush da empujones, resistan».

Los participantes centrales del FSM son conscientes de que el organismo es como andar en bicicleta: hay que seguir para no caer. Por el momento, el FSM anda bien.

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