General

Haití: Comunidad Internacional indecisa

Feb 17 2004

Yanik Delvigne

ALAI-AMLATINA. Bajo la mirada indecisa de la
comunidad internacional, Haití celebra el bicentenario de
su independencia en medio de una violenta tormenta social
que deja al gobierno de Jean Bertrand Aristide tambaleando,
y la «primera república negra de la historia,» fragmentada
entre facciones rivales.

Vigilados por una fuerte presencia policial, un grupo de
mil opositores de la sociedad civil se arriesgaron una vez
más a marchar en la capital Puerto Príncipe el domingo 15
de febrero para pedir la renuncia del presidente. Las
manifestaciones se vienen repitiendo desde hace dos meses.

Por su parte, el Frente de Resistencia Revolucionaria
Artibonite, dirigido por Butteur Metayer, que ha tomado el
control en el Norte del país, llamó a la insurrección
nacional, amenazando que «no esperaría al fin del mes para
marchar sobre Puerto Príncipe y sacar a Aristide». La
ciudad norteña de Gonaives, donde también empezó la
rebelión que terminó con casi 30 años de dictadura de la
familia Duvalier en 1987, ha sido la escena de violentos
enfrentamientos entre grupos rivales en los últimos meses
que han dejado alrededor de 40 muertos. El Frente,
anteriormente llamado «grupo Caníbal» cuando era financiado
y armado por el mismo Presidente como fuerza de choque, se
rebeló y tomó Gonaives el 5 de febrero, precipitando el
último episodio de una crisis sociopolítica endémica desde
varios meses.

El lunes 16 de febrero los grupos rebeldes armados
controlaban todavía todo el norte del país cuando se
anunció la caída de la ciudad de Hinche en el nordeste.
Choques violentos entre rebeldes y simpatizantes del
presidente Aristide seguían también en la ciudad vecina de
Saint Marc a 95 kilómetros de la capital.

Jonas Petit, vocal del partido presidencial Lavalas, se
lamentó que «los 5000 policías nacionales, cuya prioridad
es proteger la capital, serán insuficientes para mantener
la seguridad del país».

No obstante, no toda la oposición está de acuerdo con la
resistencia armada. André Apaid, líder del «grupo de los
184», que reúne, al interior de la «Plataforma
democrática,» organizaciones de la sociedad civil y grupos
de empresarios, plantea la salida del presidente de manera
pacífica: «Entre más pronto se vaya, más temprano podremos
reconciliar al pueblo haitiano,» comentó Apaid a principios
del febrero.

Otros líderes que participan en la Plataforma democrática,
como Micha Gaillard, buscan desligar sus movimientos
políticos y civiles de los grupos armados activos en el
norte del país. Critican la alianza de esos grupos,
anteriormente armados por el partido de gobierno Lavalas,
con paramilitares activos bajo las dictaduras de Raoul
Cedras (1991-1994) que acaban de regresar de su exilio en
República Dominicana para apoyar a los insurgentes. Según
Apaid, esas facciones representan una visión del pasado de
la cual el pueblo haitiano no quiere más.

Comunidad internacional indecisa

La comunidad internacional ha mantenido una postura ambigua
ante el conflicto. Luego de su encuentro en Washington el
viernes 13 de febrero, los ministros de asuntos exteriores
de Estados Unidos, Canadá y de la Comunidad de países del
Caribe (Caricom) pidieron una solución «pacífica,
negociada, democrática y constitucional» a la crisis, que
amenaza con provocar, según personal de la Cruz Roja y de
Naciones Unidas, una emergencia humanitaria en el país más
pobre del continente.

«No aceptaremos la salida ilegal del presidente elegido»,
dijo Colin Powell, secretario de Estado de EE.UU., quien
descartó la posibilidad de una intervención armada en el
país como la que se realizó en 1994 con la participación de
20,000 soldados estadounidenses para restablecer al
presidente Aristide después del golpe de Estado del general
Raoul Cedras. El representante del Caricom, Patrick
Manning, quien es primer ministro de Trinidad y Tobago,
descartó cualquier tipo de intervención militar para
restaurar la paz, pero admitió que Caricom podría enviar
una misión armada de paz a Haití.

A fines de enero, líderes del Caricom se habían reunido
sucesivamente con los líderes de la oposición haitiana y el
Presidente Aristide. En esas reuniones se había decidido
darle al presidente hasta marzo para calmar la situación,
mientras que Aristide acordó establecer un «consejo asesor
de base amplia» que integraría a personalidades
independientes, y a desarmar a las pandillas armadas. La
Comunidad Caribeña condenó el desorden y la anarquía en
Haití y urgió a todos los grupos involucrados a la
necesidad del diálogo.

El gobierno de Aristide -ex sacerdote católico y antiguo
defensor de la Teología de la Liberación-, se enfrenta a
una oposición que ha venido creciendo desde su reelección
cuestionada en 2000, y que pide su renuncia bajo
acusaciones de obstrucción al proceso democrático,
prácticas de corrupción y violencia generalizada contra
grupos de la sociedad civil.

Organizaciones de estudiantes, sindicatos y mujeres
denuncian, desde hace varios meses, la fuerte represión del
régimen de Aristide y sus simpatizantes. En diciembre,
importantes manifestaciones estudiantiles y populares
habían ocupado las calles de Puerto Príncipe para protestar
contra el gobierno.

Myriam Merlet de la Coordinación nacional de defensa por
los derechos de las mujeres (CONAP), alerta en una carta a
las mujeres del Caribe que «en esta guerra que libra el
gobierno Lavalas contra las poblaciones civiles haitianas,
las mujeres son particularmente víctimas de extorsiones por
parte de las fuerzas represivas y de sus sicarios». Varios
casos de violaciones por motivos políticos y perpetrados
por los simpatizantes Lavalas, fueron reportados por la
organización de mujeres que también denuncia la represión
brutal de la policía y de los mercenarios contra los
manifestantes, que sigue creciendo desde enero.

Aristide fue electo presidente por primera vez en 1990 y
aclamado como un «salvador» y un «padre combatiente» por
los de pobres de Haití, que son 80% de la población. Pero
hoy se le critica por la fortuna que acumuló en Estados
Unidos, y por su vida lujosa, su mansión de dos piscinas en
un país donde apenas 39 % tiene acceso a agua potable. Por
ello Aristide ha sido apodado como «Duvalier-bis».

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