General

La lucha por el control del agua mundial

Feb 12 2004

EL AGUA ¿ES UN DERECHO O UN NEGOCIO?

Por Mark Sommer (*)

BERKELEY, Feb. (IPS) – La cuestión del agua y de quien la controla ha pasado
de pronto a ocupar el centro del escenario de los negocios mundiales. Antes
abundante, el agua dulce y potable es un recurso rigurosamente finito y
cada vez más escaso. Exactamente la mitad del uno por ciento del agua del
mundo es dulce, segura y aprovechable para el consumo humano. Cerca de mil
millones de los seis mil millones de habitantes del planeta carecen
actualmente de un acceso seguro al agua potable y se estima que esta cifra
se triplique dentro de los próximos 25 años.

Varios factores están contribuyendo para que se produzca esta creciente
escasez: el incremento del uso intensivo del agua por ciertas industrias;
los ineficaces métodos de riego, la desertificación, los múltiples efectos
del calentamiento global y la contaminación química y orgánica.

La amenazadora escasez de agua ha atraído a grandes corporaciones ávidas de
lucro que esperan capitalizar a su favor el ascendente valor del recurso
mediante la privatización y el consiguiente aumento de las tarifas
por el abastecimiento de agua potable.

El asalto al oro líquido está siendo conducido por tres corporaciones
europeas ûSuez, Vivendi y RWE- que, a través de subsidiarias nacionales,
dominan ahora el mercado mundial privado del agua. Habiendo recurrido con
éxito a grupos de presión en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y
en otras instituciones internacionales para establecer condiciones
altamente favorables a la privatización de sistemas municipales operados
por empresas públicas, estos llamados «barones del agua» inicialmente
pusieron su mira en grandes pero deteriorados sistemas públicos en las
megaciudades del mundo en desarrollo donde creían poder lograr rápidas
mejoras e ingentes ganancias.

El experimiento modelo debía ser Buenos Aires. Al obtener el 97% de los
1.000 millones de dólares invertidos en la operación de fondos públicos
suministrados por el Banco Mundial y otras instituciones financieras a
mediados de la década del 90, Suez extendió el servicio en forma limitada y
recogió ganancias de 25% al año. Pero fracasó en cumplir con sus
proyectados objetivos y recientemente anunció planes para retirarse de
Argentina, dándole la culpa a la crisis monetaria del país por la caída de
sus ganancias. Similares planes de privatización han salido mal en
Johannesburgo, Nueva Delhi y Manila, así como en ciudades del Primer Mundo
como Atlanta y Nueva Orleáns.

La más famosa hasta ahora de las «guerras del agua» ocurrió en el 2000 en
Cochabamba, Bolivia. Mientras que la oposición a la privatización del agua
se ha extendido ahora a las comunidades de clase media en naciones del
Primer Mundo, la resistencia a esta tendencia global surgió primeramente en
regiones del Tercer Mundo.

En Cochabamba, una coalición ad hoc de campesinos y de habitantes de zonas
urbanas marginales logró llenar las calles de esa ciudad con una inmensa
multitud que enfrentó a una lluvia de balas del ejército boliviano y forzó
la cancelación de un contrato con la corporación estadounidense Bechtel,
que triplicó las tarifas del suministro de agua y reclamó la propiedad de
las fuentes, manantiales y ríos que son un recurso común desde hace miles
de años. Actualmente, las autoridades de la ciudad están administrando de
nuevo el sistema de agua corriente como bien común que es y luchan por
mantenerlo con sus escasos recursos.

El hecho de que todas las cosas vivientes están conectadas con el agua y
por ella unos con otros, conlleva el potencial de asociar a diferentes
clases y comunidades en torno a un principio unificador. En el centro del
debate sobre el futuro del agua dulce está la interrogante de si es una
materia prima como el petróleo o el gas que puede ser comprada o vendida en
el libre mercado al mejor postor o si es un recurso tan esencial que
debería darse al menos una mínima concesión de su uso a todas las personas
como reconocimiento de su derecho a la supervivencia.

En un orden mundial capitalista es de simple sentido común comercial la
búsqueda del lucro donde la demanda y la escasez hacen que los precios
suban vertiginosamente y dejar en el desamparo a aquellos que no puedan
pagar tales precios. Eso quizás funcione en los casos del petróleo o del
gas, o incluso de la carne o de los vegetales, pero no hay sustitutos para
el agua. Privar a un tercio de la población del planeta del acceso al agua
equivale a sentenciar a esa porción de la humanidad a morir lentamente a
causa de privaciones y enfermedades.

Pero los impactos provocados por la falta de agua potable no golpearían
sólo a los que carecen de ella. Sin ella es imposible la higiene básica y
en una economía globalizada las enfermedades engendradas en las fuentes
contaminadas por aguas residuales en ciudades asiáticas y africanas se
propagarán por todo el mundo.

La lucha por el control del agua mundial puede cambiar el curso de la
historia humana. Desde Porto Alegre (Brasil) hasta Accra (Ghana) y desde
Kerala (India) a Stockton (Estados Unidos), un capitalismo sin conciencia
está corriendo precipitadamente hacia el interior de comunidades
catalizadas ante las amenazas de expropiación de su recurso más esencial y
que redescubren el significado del objetivo común. Nosotros pertenecemos al
agua y el agua nos pertenece a todos nosotros. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Mark Sommer dirige el Mainstream Media Project, con sede en Estados
Unidos, y presenta el galardonado programa de radio «A World of
Possibilities».

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