General

Lo que los medios ocultan en Haiti

Feb 27 2004

Anthony Fenton
ZNet en español

No hay que dejarse engañar por las deformaciones de los medios sobre la situación en Haití. Se trata de crear la impresión de que Aristide es un dictador y enfrenta una auténtica oposición democrática para justificar un nuevo golpe de los paramilitares y la elite haitiana.

A juzgar por la reciente cobertura de la crisis en Haití en los medios corporativos, podría llegarse a creer que están «ayudando e instigando» un intento de golpe de estado contra el democráticamente elegido Jean-Bertrand Aristide. Día tras día, los medios internacionales dominantes lanzan historias generadas sobre todo por Associated Press y Reuters que tienen poca base en la realidad.

El 10 de febrero, el Globe and Mail, el principal periódico nacional de Canadá, reprodujo un artículo de AP que se basó en Radio Vision 2000, de propiedad de la elite haitiana. (1) Ese artículo contrastó el reciente «levantamiento violento» en Gonaives, la cuarta ciudad por su tamaño en Haití, con la insurrección de 1986 que causó el derrocamiento de la opresiva dictadura Duvalier. La inevitable conclusión hacia la que orientan a los lectores canadienses es que Aristide es, o podría ser, un dictador, que puede, o no, merecer lo que le va a suceder- Es difícilmente el tipo de contexto que pueda llevar a los ciudadanos a apoyar a los asediados haitianos.

Paul Knox del Globe ha estado informando desde Haití a partir del 11 de febrero, y ha presentado hasta ahora dos artículos, ninguno de los cuales se diferencia del «circuito de desinformación» que incluye el reciclaje por parte del equipo de prensa corporativo de dudosas informaciones generadas por la elite. [vea Pina] Se otorga credibilidad al mismo contexto mencionado: que Aristide confronta a una oposición legítima que tiene todo derecho a apoyar su violento derrocamiento. Knox cita a Charles Baker, un rico propietario de fábrica que dice: «Luchamos todos por lo mismo. Aristide tiene que renunciar.» (2)

El otro periódico nacional de Canadá, el National Post, [considerado el más ‘derechista’ de los dos diarios] no ve problema alguno en el uso de titulares como el publicado en su sitio en la red del 13 de febrero: «Militantes de Aristide lanzando piedras obligan a los opositores a anular marcha de protesta». (3) En ninguna parte del artículo se menciona el comunicado de prensa del presidente Aristide, que condena la obstrucción de la protesta y que llama a que se respete el derecho constitucional a la manifestación pacífica.

Es interesante ver que los medios corporativos no han mencionado que la «oposición» a la que se refieren y que legitiman repetidamente, sólo representa un miserable 8 por ciento de los votantes registrados en Haití, según un sondeo estadounidenses realizado en 2000. Según el Consejo de Asuntos del Hemisferio [COHA, por sus siglas en inglés], «su único objetivo político parece ser reconstituir el ejército e implementar rigorosos programas de ajuste estructural». (4) Como los periodistas se basan en la oposición para todo lo que es un poco más que algunos soundbites inflamatorios, descartan repetidamente la información que sería necesaria para que sus esfuerzos ganen en credibilidad.

La congresista estadounidense Maxine Waters publicó el 11 de febrero un comunicado de prensa, después de su reciente visita a Haití, en el que llamaba a la administración Bush a que se le uniera en la condena de la «así llamada oposición» y, específicamente, de Andre Apaid Jr., que es un «partidario de Duvalier» que, junto con su Grupo de 184, está «tratando de instigar un baño de sangre en Haití para luego culpar al gobierno por el desastre resultante en la creencia de que EE.UU. ayudará a los así llamados manifestantes contra el presidente Aristide». (5)

También apuntó al Banco Mundial y al FMI y su «continuo embargo», que asciende a cientos de millones de fondos desesperadamente necesitados. La representante Waters describió las siguientes medidas positivas emprendidas por Aristide:

«Bajo su dirección, el gobierno haitiano ha realizado importantes inversiones en la agricultura, el transporte pública y la infraestructura. El gobierno [recientemente] dobló el salario mínimo de 36 a 70 gourdes por día, a pesar de la fuerte oposición de la comunidad empresarial… El presidente Aristide también ha convertido la atención sanitaria y la educación en prioridades nacionales. Se construyeron más escuelas en Haití entre 1994 y 2000 que entre 1804 y 1994. El gobierno expandió los programas de almuerzo escolar y de autobuses escolares y da un subsidio de un 70% para libros de texto y uniformes».

La representante Waters formuló claras declaraciones en nombre de Aristide que de otra manera no aparecen en los comentarios de la administración Bush y en los engaños de los medios corporativos sobre Haití. Waters completó su declaración con un importante llamado, en el que apela a los medios corporativos para que «discontinúen la práctica de repetir rumores e insinuaciones,» con los que funcionan como «megáfonos internacionales para la oposición. Mienten desvergonzadamente a diario».

Otra congresista, Barbara Lee, desafió directamente a Colin Powell en una carta formal que le dirigió el 12 de febrero, después que Powell anunció que la administración de EE.UU. «no está interesada en un cambio de régimen» en Haití. Dijo Lee: «Parece que EE.UU. está ayudando e incitando el intento de derribar violentamente el gobierno Aristide. Con todo respeto, esto parece ser «cambio de régimen»… Nuestras acciones – o inacción – pueden estar empeorando las cosas». (6)

En una conferencia de prensa el miércoles, Aristide llamó a una solución pacífica y democrática de la agitación que existe en Haití. Una vez más apeló a la oposición a que discuta racionalmente las cosas con su gobierno para poder trabajar hacia una solución equitativa.

Ahora parecería ser una buena oportunidad para que grupos por la justicia social con una amplia base se galvanicen alrededor del tema crítico de Haití. Los haitianos necesitan desesperadamente apoyo popular internacional si han de superar este último ataque. Utilizando la historia como guía, deberíamos mantener extrema cautela cuando un lado de la boca de la administración de EE.UU. promueve «la democracia y la libertad» y una «solución pacífica» a la situación en Haití, mientras del otro lado apoyan los intereses de actores como André Apaid Jr. Las declaraciones de algunos representantes estadounidenses son alentadoras. Otras son algo raras.

En una conversación de hoy con el representante Gregory Meeks, quedó bien clara su posición poco fiable. La «principal preocupación [de Meeks] es la democracia» y la promoción de la democracia no significa que «se tome partido». Es una posición familiar la que se está pregonando, en la que EE.UU. apoya la democracia pero no está dispuesto a apoyar activamente al líder democráticamente elegido. El Miami Herald tomó nota ayer, de que el Caucus Negro del Congreso, cuya posición es apoyada por Meeks, «llama a terminar la violencia en Haití, pero no repite su apoyo tradicional a Aristide». (énfasis del autor)

Estas son señales peligrosas, ya que las ciudades haitianas continúan bajo el ilegal asedio por antiguos miembros de los paramilitares, que – según Pina – «Se reunieron en la República Dominicana y que ahora llevan fusiles M16 totalmente nuevos». Pina también señaló que se sabe que la República Dominicana acaba de recibir un embarque de 20.000 M16 fabricados en EE.UU.

Como una gran parte de los actuales problemas que afectan a Haití provienen de dramáticos problemas económicos, deberíamos pasar a considerarlos. En su libro de 1997 «Haití in the New World Order» [Haití en el Nuevo Orden Mundial] (l), Alex Dupuy resume la actitud de EE.UU. hacia Haití:

«Para la intelligentsia de la política exterior, la defensa y la promoción de la democracia y del libre mercado sirven como la «visión mayor» subyacente tras los objetivos políticos de EE.UU. en el nuevo orden mundial… La democracia no se va a firmar a menos que sus corolarios – una economía de libre mercado y un sistema de libre comercio – sean también promovidos.» (7)

La lógica del Departamento de Estado, según COHA, ve a Aristide como «poco más que un ‘Castro sin barba'», que fue desdeñado por Jesse Helms, una tradición que es continuada por sus «herederos ideológicos» en el Departamento de Estado: Roger Noriega y Otto Reich. Deberíamos recordar que este tipo de actitud fue preponderante hace más de una década, cuando Aristide fue elegido presidente por primera vez.

En 1991 Aristide fue derrocado por los brutales paramilitares, dirigidos por los antiguos empleados de la CIA Emmanuel Constant y Raoul Cedras. La masiva afluencia de refugiados que huían del brutal régimen paramilitar del FRAPH en Haití, además de una corriente de apoyo interior para Haití, forzaron a Clinton a «restaurar la democracia» en Haití en 1994. Aristide, con su camino allanado por las tropas de EE.UU., volvió a Haití reconocido internacionalmente como su legítimo líder.

El retorno de Aristide fue posibilitado sólo cuando «estrechó a la burguesía haitiana y aceptó una ocupación por EE.UU. y la agenda neoliberal de Washington». Como ha detallado Noam Chomsky: «El gobierno Aristide [debía] seguir un paquete estándar de «ajuste estructural», dedicando los fondos extranjeros sobre todo al pago de la deuda y a las necesidades de los sectores empresariales, y adoptando una «política abierta de inversiones extranjeras». (8)

Para entonces la agenda neoliberal se había afianzado como parte del Nuevo Orden Mundial, orientado para reaccionar ante «el llamado del Sur por justicia, igualdad, y democracia en la sociedad global». Esta agenda ha llevado a otros como Susan George a resumirla como sigue:

«El neoliberalismo se ha convertido en la principal religión mundial con su doctrina dogmática, su sacerdocio, sus instituciones legisladoras y, lo que tal vez sea lo más importante, su infierno para infieles y pecadores que se atrevan a desafiar la verdad revelada.» (9)

El Banco Mundial predijo en 1996 que hasta un 70 por ciento de los haitianos difícilmente sobrevivirían las medidas de mercado libre propugnadas por el banco en Haití. Según un artículo del Guardian de 2002, a fines de los años 90 la producción de arroz de Haití había sido reducida a la mitad y las importaciones subvencionadas de EE.UU. representaban más de la mitad de las ventas de arroz en el país». (10) Mientras Haití se convertía en el «alumno estrella» del FMI y del Banco Mundial, tales políticas «devastaban» a los agricultores locales.

Los Programas de Ajuste Estructural [SAPs, por sus siglas en inglés], que han sido impuestos a Haití, han, como es tradicional, impulsado la privatización de las industrias estatales. Según Aristide en su libro de 2000 «Eyes of the Heart» [Ojos del corazón], la privatización «concentrará aún más la riqueza» en circunstancias que un 1 por ciento de la población ya controla un 45 por ciento de la riqueza. En cuanto al por qué Haití aceptaría las medidas del Banco Mundial y del FMI, Aristide muestra el contexto en la línea de «muertos si lo hacemos, muertos si no»: «O ingresamos a un sistema económico global, en el que sabemos que no podemos sobrevivir, o rehusamos, y enfrentamos la muerte por inanición lenta». (11) Sin olvidar que EE.UU. efectivamente controla el Banco Mundial y el FMI (12), debemos considerar las conclusiones de Susan George y de los Institutos Transnacionales basados en una investigación extensiva de esas instituciones: «Las políticas económicas impuestas a los deudores… causaron incalculables sufrimientos humanos y un sufrimiento medioambiental generalizado mientras al mismo tiempo extraían los recursos de los países deudores». (13) George subraya cómo las consecuencias de este «bumerang de la deuda» que resulta en que las naciones ricas se benefician realmente con el enorme servicio de la deuda de las pobres, nos afectan a todos. Mientras la gente en el Sur «es mucho más gravemente afectada por la deuda que la del Norte, en ambos casos una ínfima minoría se beneficia mientras la abrumadora mayoría paga». (14) La administración de EE.UU., el par Banco Mundial-FMI y las elites haitianas que se benefician con una agenda neoliberal, saben todos que Aristide prefiere la auténtica democracia por sobre la reforma neoliberal. Aristide sigue apoyando las ideas que lo llevaron al poder como el primer líder haitiano democráticamente elegido en 1991. Como me dijo ayer Kevin Pina, las masas populares [empobrecidas] que veneraron a Aristide en 1991 «siguen dispuestas a luchar por él. Están dispuestas a morir si significa que Aristide puede completar su período».

El mes pasado en Monterrey, en la Cumbre Especial de las Américas, una Iniciativa Tercera Frontera fue acordada por la Comunidad del Caribe y Estados Unidos. Uno de los principales objetivos de la iniciativa es «asegurar que los beneficios de la globalización se sientan incluso en las economías más pequeñas», mientras se coordinan lazos que desalienten las actividades terroristas y aumenten la seguridad en el área. (15)

Sólo sabremos con certeza cómo esto se aplica al caso de Haití con el progreso – o deterioro – de la situación. Al terminar nuestra conversación de ayer, Kevin Pina subrayó lo siguiente:

«Haití necesita desesperadamente el establecimiento de tradiciones democráticas. ¿ Cómo se supone que se rompa el modelo de inestabilidad? ¿Qué va a impedir que se pida al próximo presidente democráticamente elegido que dimita? Si la gente se deja engañar por estas deformaciones y mentiras perjudica la causa de Haití.»

Los ciudadanos de Canadá, Estados Unidos y Europa tienen todos un papel que jugar en este asunto, porque la instigación de la inestabilidad haitiana y la continuación de la miseria haitiana están siendo realizadas y financiadas en nuestros nombres. Al dejarnos engañar por el cuadro engañoso de Haití que es presentado por nuestros medios corporativos, estamos violando activamente los derechos humanos fundamentales junto con el derecho de Haití a la autodeterminación. Todo lo que se pueda hacer para denunciar esta circulación de mentiras debe ser hecho con una urgencia que sobre todo aprecie el derecho de todos los haitianos a determinar su propio futuro.

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Notas

[1] Globe and Mail, February 10, 2004, «Haitian Insurrection Spreads to several more towns.» A16.

[2] Globe and Mail, February 11, 2004 «Haiti’s ‘peaceful people’ erupt in Violence», A16.

[3] National Post, February 13, 2004.

[4] «Unfair and Indecent Diplomacy: Washington’s Vendetta against Haiti’s President Aristide,» January 15, 2004.

[5] Trascripción obtenida de Enlace de Prensa Extranjera de Haití, Michelle Karshan, February 11, 2004.

[6] De la oficina de la congresista Barbara Lee. Contacto: 202-225-2398

[7] Alex Dupuy, «Haiti in the New World Order: The Limits of Democratic Revolution,» p. 7.

[8] Vea Chomsky: «The Tragedy of Haiti» en su: «Year 501: The Conquest Continues» pp. 197-219.

[9] Susan George, conferencia: «A Short History of Neoliberalism», marzo de 1999: http://bolivar.c.tep1.com/maabZrkaa4I26b36lAeb/

[10] Vea The Guardian: «Haiti: proof of hypocrisy», April 11, 2002:

[11] Pasajes del libro de Aristide

[12] Cita de Brookings Institution: «U.S. Relations with the World Bank: 1945-1992»: «Más que ningún otro país, Estados Unidos, ha moldeado y dirigido el desarrollo institucional, las políticas y las actividades del Banco Mundial,» p. 88. The Brookings Institution, a propósito es un conocido afiliado del Proyecto Democracia Haití, que tiene una relación amistosa con Andre Apaid Jr., y el G-184.

[13] Vea George: «The Debt Boomerang,» 1992.

[14] Ibid.

[15] Cita de Bush II, Sitio en la red del Departamento de Estado

Título original Media vs. Reality in Haiti
Autor: Anthony Fenton, 13 de febrero de 2004
Link: http://bolivar.c.tep1.com/maabZrkaa4I27b36lAeb/
Traducido por Germán Leyens

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