General

Neoliberalismo: parte del pasado?

Feb 4 2004

Por Mario Soares (*)

LISBOA, Ene (IPS) – Sostengo desde hace tiempo que el neoliberalismo, tan
de moda hace pocos años, es una doctrina económica que está dando muestras
de agotamiento. Es un hecho que no ha sido capaz de resolver los problemas
cruciales del mundo actual.

Tanto en Estados Unidos -motor de la economía global- como en Europa o
Japón y especialmente en los países emergentes, la sacralización del
mercado, tal como fue practicada en las décadas finales del siglo pasado
dió lo que tenía que dar, hundiendo al mundo en lo que el Premio Nobel de
Economía Joseph Stiglitz describe como «la primera gran crisis planetaria
de la globalización».

En la Unión Europea las consecuencias fueron igualmente desastrosas, con el
añadido de que los partidos socialdemócratas en el gobierno -en once de los
quince países miembro-, al no haber conseguido aplicar, por incapacidad o
falta de coraje político, las políticas sociales que constaban en sus
programas, se dejaron influir por las teorías neoliberales de inspiración
anglo-americana. De esta manera, en muchos casos acabaron por entregar el
poder a la derecha. Se trató de una oportunidad perdida cuya crítica debe
ser hecha con rigor y asumida si estos partidos -que se proclaman de
izquierda-, aspiran a volver al poder en nuevas elecciones.

Es cierto que durante su gobierno el presidente Clinton consiguió un buen
resultado económico en Estados Unidos, que incluyó una drástica reducción
del déficit fiscal. El estaba convencido -pero creo que ya no lo estará- de
que la apertura de los mercados, sin más, conduciría necesariamente a la
eficacia y a la prosperidad. Recuerdo que le escuché decir que en diez o
quince años la globalización terminaría con la pobreza en el mundo.
Sucedió lo contrario, sobre todo en el Tercer Mundo, como hoy todos
admiten.

En efecto, el libre mercado, al ignorar el papel regulador que le
corresponde al Estado lleva a injusticias sociales profundas, cierra los
ojos sistemáticamente ante las exigencias ecológicas que hoy son
irrecusables y en, esta fase del capitalismo especulativo en la que nos
encontramos, ha dado lugar a graves vicios de los que son ejemplos poco
edificantes los escándalos de Enron, Vivendi y otros.

Por ello Stiglitz considera indispensable establecer un «equilibrio entre
el mercado y el Estado, basado en los valores de la justicia social y la
igualdad de oportunidades, y que otorgue la prioridad a la creación de
empleo». Se trata de valorizar la política y el papel del Estado, junto con
el derecho del ciudadano a la información, en relación a las exigencias de
la economía.

George W. Bush, neo-conservador y heredero de la tradición neoliberal tal
como fue interpretada por Ronald Reagan y Margaret Thatcher, se ha visto
obligado en virtud de su política unilateralista orientada a la dominación
mundial, a hacer exactamente lo opuesto a lo que había prometido. Dejó
crecer el déficit presupuestario hasta proporciones difícilmente
controlables, que sólo resultan soportables en razón de las ingentes
inversiones extranjeras. Estas inversiones han afluido mientras la economía
estodounidense ha dado garantías de estabilidad.

Entretanto, como Estados Unidos ha dejado que el dólar se devalúe,
particularmente en relación al euro para así aumentar sus exportaciones y
reducir sus importaciones, las inversiones extranjeras comienzan a mermar,
lo que representa un peligro manifiesto para la economía norteamericana.

Por otro lado, y pese a erigirse como gran heraldo de la apertura de los
mercados emergentes, Bush se ha revelado bastante proteccionista. No vaciló
en decidir intervenciones neo-keynesianas para defender las industrias
nacionales de la aeronaútica, la hotelería y el turismo, después del 11 de
septiembre. También impidió la importación de aceros y cereales por medio
de los subsidios otorgados para proteger esos sectores de la competencia
extranjera. Infructuosamente la Unión Europea y los llamados países
emergentes protestaron en la Conferencia de la Organización Mundial del
Comercio (OMC), en Cancún, contra esas medidas. Pero la
reacción más grave provino del gigante chino ante las medidas de Bush
para frenar la importación (invasión) de productos textiles. Un alto dirigente
chino (un comunista, ¡imagínense!) indignado por ese desplante denunció el
escándalo proteccionista y afirmó que se trataba del «fin del libre
comercio». ¿No es el mundo al revés?

Lo peor es que los chinos están efectivamente en condiciones de asestar
represalias ya que son grandes acreedores de Estados Unidos con unos
cuantos miles de millones de dólares invertidos en bonos del Tesoro y en
fondos norteamericanos. Si vendiesen la economía de la superpotencia
sufriría un colapso y con ello arrastraría en la crisis al capitalismo
mundial.

Bush proclamó después de la invasión de Iraq que «el mundo está ahora mucho
más seguro». ¡Habráse visto! Sólo falta ahora que, en su afán por ganar las
elecciones del próximo año deje librado a su triste suerte al Iraq caótico
y al mundo en una crisis económica sin precedentes. Tendrá razón George
Soros -especulador y filántropo- en haberse comprometido a consagrar gran
parte de su fortuna a la lucha contra la eventual reelección de Bush.
(FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Mario Soares, presidente de Portugal entre los años 1986 y 1996.

——————————————————————————–
‘Other news’ es una inciativa personal, que tiene el fin de proprocionar material que tendria que estar en los medios, y no esta por los criterios comerciales de la informacion. Esta abierta a recibir contribuciones de todos. Su area de trabajo es informar sobre temas globales, relaciones norte-sur, y gobernabilidad de la globalizacion. Su lema es una frase aparecida en el muro de la vieja aduana de Barcelona, a comienzos del 2.003: «Lo que los muros hablan, los medios callan». Roberto Savio