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VENEZUELA EN LA ÓPTICA DE SOCIALISTA ITALIANA

Feb 28 2004

por Romana Bianchi (*)

Estuve en Venezuela, en el marco de una delegaciòn de observadores internacionales de la Internacional Socialista, en los dìas en los cuales se recogieron las firmas para el referendum que permite revocar el mandato a los funcionarios pùblicos, y por consiguiente al mismo Presidente Ch vez.

Para efectuar el referendum se necesitan las firmas del 20 por ciento de los votantes. Es decir 2.400.000 firmas. Es como si en Italia para, pedir un referendum, tuvièramos que recoger 9 millones de firmas y no las quinientos mil que preve la ley.

Es la segunda vez que la oposiciòn, reunida en la Coordinadora Democr tica, intenta este camino: La primera vez se trataba de un
referendum consultivo y fue rechazado por el gobierno. Vamos a ver què pasar en esta oportunidad y si las firmas recogidas entre el
28 de noviembre y el 1 de diciembre de 2003 ser n aceptadas.

Los datos indican que hubo m s de tres millones de ciudadanos que
firmaron. Lo que se podìa ver y escuchar en esos dìas era una larga adhesiòn al referendum como instrumento para salir de un
gobierno, el del actual Presidente Ch vez, que gran parte de la poblaciòn considera injusto, autoritario, personalista y por lo
tanto absolutamente contrario a un desarrollo democr tico del paìs y a una ampliaciòn de la participaciòn democr tica.

Caracas, en esos dìas, estaba marcada por largas colas de personas dispuestas a firmar a pesar de las estenuantes esperas, de los controles
militares, de complicados iter burocr ticos, de la dificultad de conseguir las mesas cuya disposiciòn habìa sido previamente
establecida por el Consejo Nacional Electoral. Todo esto lo vi personalmente, no son inventos de la oposiciòn. Eran obst culos
objetivos de una reglamentaciòn que transformò la recolecciòn de las firmas en un proceso blindado.

Para mayor claridad quiero
subrayar que visitè decenas de mesas donde se recogìan las firmas, tanto en las zonas m s pobres que en las urbanizaciones de clase
media. Pude ver personalmente la enorme afluencia y las dificultades que encontraban los que querìan firmar en todos los sectores.

Es evidente que un Presidente como Ch vez, hombre acostumbrado a un costante discurso populista, haga lo posible para quedarse en el
poder, hacièndose pasar como el defensor de los dèbiles contra los fuertes, de los pobres contra los ricos, en pocas palabras de un
«contrapoder» que es el que Ch vez mantiene desde hace cinco anos. Calificar a Ch vez como paladìn de las libertades suena surreal.
Es suficiente hablar, sin tapujos, con muchos ciudadanos venezolanos de todas las clases sociales: la desesperaciòn se confunde con
la rabia y para nadie es suficiente revivir el espectro del pasado para justificar un presente siempre m s pobre.

Muchìsimos venezolanos ya no creen en el cuento del «paladìn de la democracia y del bienestar obstaculizado por los poderes fuertes» que
estarìan, casualidad, en las manos de la oposiciòn. Y tampoco creen en el otro cuento, el del milagro social que se estarìa
desarrollando y que nadie conoce porque los malos, o sea la oposiciòn, lo oculta. Venezuela est marcada por muchos y dram ticos
problema; el gobierno Ch vez los ha agudizado, pulverizò la confianza, debilitò socialmente al paìs, afectando sobre todo a los m s
pobres.

Hoy, tras cinco anos de chavismo, no se puede culpabilizar unicamente a los gobiernos del pasado de la realidad que
enfrentan los venezolanos todos los dìas. De m s est decir, obviamente, que tambièn ellos tienen responsabilidades grandes e
històricas.

Existe una regla fundamental que vale para todos los paìses democr ticos.
Una regla que tienen que respetar todos: Las fuerzas de oposiciòn que no deben dejarse llevar por el espejismo de una soluciòn
r pida y autoritaria al estilo Carmona, y a este propòsito resultò positiva la salida de la Coordinadora Democr tica de las fuerzas
de extrema derecha y declaradamente golpistas (el Bloque Democr tico).

Al mismo tiempo Ch vez quien fue en su momento un golpista
( en el 92 intentò apoderarse del poder con un golpe que habìa estado preparando durante diez anos) ahora tiene que demostrar que es
capaz de aceptar las reglas democr ticas por sì mismas y no solamente cuando se ajustan a sus intereses, impidiendo de esta manera
salidas violentas y dram ticas para la crisis venezolana.
Para tener una idea de la gravedad de los problemas sociales tras cinco anos de gobierno Ch vez, es suficiente comparar el PIB del 1998 con el del 2003.

En la primera mitad del 1998 era de 303.979 millones de bolìvares. En el mismo perìodo de 2003 fue de 224.627
millones de bolìvares (considerados al mismo valor). Eso significa una caìda de 26 por ciento. Los cinco anos de Ch vez, anos de
ingresos petroleros superiores a los de todos los otros gobiernos, se transformaron en un progresivo empobrecimiento de la
poblaciòn.

La actividad econòmica se redujo drasticamente, el desempleo se acerca al 20 por ciento, la economìa informal que est
conformada por buhoneros, ocupa el 50 por ciento de la fuerza trabajo. Medidas populistas como la de «importar» educadores y mèdicos
de Cuba chocan con una realidad hecha por hospitales y mòdulos sanitarios en los cuales falta todo y los mèdicos trabajan como si
estuvieran en un frente de guerra y escuelas deterioradas, asediadas por la delincuencia y con maestros y profesores que reciben
sueldos de hambre.

Por un lado se favorece el trabajo informal que no cuenta con la garantìa de una protecciòn sindical y por el
otro los contratos colectivos esperan inutilmente su renovaciòn. Mientras los empresarios locales son constantemente agredidos por
la palabra del Presidente que los culpabiliza de todos los males del paìs y tienen que paralizar sus actividades (los m s afectados
son los pequenos y medianos entre los cuales est n muchìsimos italianos) se acogen con los brazos abiertos las multinacionales y,
sobre todos en el sector petrolero, jugosos negocios enriquecen los colosos norteamericanos y europeos. Los proclamas contra el
neoliberalismo crean una cortina de humo detr s de la cual se esconde la realidad: grandes capitales que siguen enriquecièndose.

Hay que aprender a mirar detr s de la propaganda y ver la realidad como es. El sueno de pocos se puede transformar en el calvario de muchos. Sobre todo en situaciones como la venezolana en las cuales el observador internacional representa el ùnico muro de
contenciòn dentro de un contesto en el cual las instituciones son peligrosamente dèbiles.

Veremos cual ser el juicio del Consejo Nacional Electoral sobre la validez de las firmas. Si ese juicio ser justo y se lograr en
un clima de equilibrado ejercicio de los poderes, todos quedaremos satisfechos, antes que nada los venezolanos. La democracia es un
camino difìcil pero existe solamente si permite que muchos, distintos entre ellos, puedan recorrerlo respetando reglas y principios.

Hablar hoy de fraude contra Ch vez suena surreal, tiene algo de dej vu, de invocaciòn en favor del que detiene el poder y no quiere
ponerlo en discusiòn, del que detiene los instrumentos de control y niega de poseerlos. Como sabemos el populismo no muere
facilmente pero, almenos, evitemos su utilizaciòn para defender a alguien que del populismo hizo su forma de ser y de ejercer el
poder, sin preocuparse de los derechos de los ciudadanos y sobre todo de los m s pobres.

(*) Ex diputada nacional, miembro de la DirecciÓn nacional del partido DS (Democratas de Izquierda) de Italia

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