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Comercio justo para reducir la pobreza

Mar 24 2004

Por Eveline Herfkens (*)

NUEVA YORK, Mar (IPS) – Aunque las Metas de Desarrollo del Milenio están
técnica y económicamente a nuestro alcance, lo que está faltando es la
voluntad política para ubicarlas en el centro de las políticas locales,
nacionales e internacionales.

En el año 2000, en la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, 189 jefes
de estado y gobierno acordaron unánimemente una serie de metas concretas
tales como la reducir a la mitad antes del 2015 la proporción de personas
que viven con menos de un dólar diario y de quienes sufren hambre. Pero si
se mantiene el paso actual recién en el año 2147 se podría alcanzar la meta
número uno de reducir la pobreza extrema y el hambre en Africa subsahariana.

Las comunidades donantes del mundo nunca han sido tan ricas. La riqueza por
persona se ha duplicado en esos países entre 1961 y el 2000. No obstante,
la ayuda por persona es actualmente menos de lo que era hace cuatro décadas.

El comercio internacional tiene un enorme potencial para reducir la pobreza
y conducir el crecimiento económico. Estimaciones del Banco Mundial revelan
que la eliminación de las barreras comerciales y los subsidios agrícolas de
los países ricos puede mejorar el bienestar global en cerca de 120.000
millones de dólares. Un aumento de 1% en la participación de los países en
desarrollo en las exportaciones mundiales bastaría para sacar de la pobreza
a 128 millones de personas. Pero las actuales políticas comerciales
discriminan a los países en desarrollo e impiden su participación en la
economía global.

Las políticas que distorsionan más el comercio están en el sector agrícola.
Tres cuartos de los pobres del mundo -900 millones de personas- dependen de
la agricultura. Los países ricos -la Unión Europea está entre los
principales culpables- proporcionan subsidios a sus propios productores
agrícolas por un total de 300.000 millones de dólares anuales, o sea mucho
más que los 57.000 millones de dólares que brindan en ayuda oficial para el
desarrollo. Esos subsidios llevan a una superproducción mundial, lo que
deprime los precios de los productos agrícolas, inunda los mercados de los
países pobres y socava los ingresos de los campesinos de las comunidades en
desarrollo.

Las vacas de Europa reciben diariamente más de dos dólares de subsidios, es
decir más que el ingreso diario de la mitad de la población mundial. Los
contribuyentes de la Unión Europea están pagando 2.500 millones de dólares
cada año para apoyar a su industria lechera a través de un régimen que
destruye los medios de vida de la gente en algunos de los países más pobres
del mundo. A causa de estos subsidios, la leche en polvo holandesa es tan
barata que los comerciantes de Tanzania prefieren comprarla en lugar de
adquirir leche a los pequeños granjeros locales.

Los países ricos rico tiene el derecho de dar apoyo al medio rural. Sin
embargo, ello debería hacerse de modo de no distorsionar los mercados de
los cuales dependen los campesinos pobres de los países pobres, por ejemplo
mediante un sostén a los ingresos de sus propios campesinos o de
gratificaciones por el cuidado ambiental o la preservación del paisaje.

Actualmente, sólo 4% del gasto total de los países ricos en favor de su
agricultura está dirigido a objetivos ambientales. Estos subsidios, en
general, proporcionan un incentivo para producir más e incluso conducen a
un incremento del uso de fertilizantes y productos químicos, es decir a una
mayor contaminación del aire, el agua y el suelo. La reforma de las
políticas agrícolas podría reducir profundamente los niveles globales de
apoyo, liberando cientos de miles de millones de dólares y recortaría
efectivamente la carga doméstica sobre los consumidores y contribuyentes.
Al mismo tiempo ayudaría a eliminar los dañinos subsidios a la exportación.

Por lo tanto, poner fin a la distorsión de los mercados agrícolas
internacionales y locales es un ingrediente decisivo para alcanzar la
primera de las metas del milenio para el desarrollo.

Los países en desarrollo continúan enfrentando restricciones en el acceso a
los mercados. Pese a una significativa liberalización en las recientes
décadas, las barreras comerciales son todavía altas, especialmente en
bienes en los que se emplea mucha mano de obra y en servicios en los que
los países en desarrollo tienen una ventaja comparativa. A las
exportaciones de las naciones pobres se les cierran las puertas por medio
de altos aranceles (concentrados en los productos agrícolas, los textiles y
la ropa) y por escaladas de aumentos de aranceles. Las barreras que se
ponen a los productos de los países en desarrollo son dos veces más altas
que las que se aplican a los de las naciones desarrolladas.

La Ronda sobre el Desarrollo de Doha prometió ser la primera negociación
mundial sobre comercio en la que los países en desarrollo no sean sólo los
pordioseros de un festín. Sin embargo, la reunión de la Organización
Mundial del Comercio (OMC) del año pasado en Cancún se transformó en otra
frustración. Los países desarrollados tienen que dar pasos concretos para
poner a la Agenda de Doha de nuevo en camino y reformar las políticas
comerciales a fin de asegurar que las naciones en desarrollo obtengan
beneficios del sistema comercial internacional. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Eveline Herfkens es la Coordinadora Ejecutiva de la Campaña para las
Metas del Desarrollo del Milenio y fue ministra para la Cooperación para el
Desarrollo de Holanda entre 1998 y 2002.

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