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Ocupación de Iraq, según Soares y Bonino

Mar 25 2004

IRAQ: LA RETIRADA ES LA ANTESALA DE LA GUERRA CIVIL

Por Emma Bonino (*)

BRUSELAS, Mar (IPS) – Con todo el respeto por los ciudadanos
españoles que lloran sus muertos y han emitido sus votos, creo que,
objetivamente, la posición del líder socialista José Luis Zapatero
de retirarse de Iraq, implica de hecho una victoria para Al
Qaeda. Precisamente así la organización terrorista ha interpretado
esa posición, que profusamente difunde y celebra a través de
Internet y las televisiones árabes proclamando (con razón o sin
ella): «Hemos vencido».

Muchos en Europa seguían pensado que el terrorismo era, casi
exclusivamente, un problema entre árabes y estadounidenses y
que estos últimos, en algún modo «se lo han buscado». Ahora tienen
la prueba irrefutable de que Al Qaeda representa una amenaza real
también para nosotros, pues se trata de una organización que opera
a escala global y de acuerdo con una agenda política que lejos de ser
secreta, es anunciada, predicada y desplegada.

Si hay todavía alguien piensa que estas son obras de «cuatro
beduínos» o que puede estar más seguro encerrado en su casa, en
la mejor de las hipótesis es un ingenuo y por cierto no ha
entendido lo que está en juego en esta dramática guerra en
curso.

Basta leer la lista de las matanzas de los dos últimos años
-Nueva York, Balí, Estambul, Riad, Casablanca, Bagdad,
Nasiriya, Karbala, ahora Madrid-, que se agregan a las precedentes
(Nairobi, Dar Es Salaam, etcétera) para advertir la dimensión
del reto. Y no puede servir de excusa la enumeración de
los errores reales o presuntos cometidos por algunos de los
protagonistas de este drama en los últimos meses.

El problema es uno sólo: ¿qué debemos hacer ahora? ¿Preparar
las maletas? Si esa es la respuesta, significa abandonar una vez
más a los iraquíes y dejarlos sumidos en una violenta guerra civil,
con repercusiones inimaginables en toda la región y el mundo.

Sería realmente oportuno que los occidentales comprendamos que
no somos los únicos protagonistas y árbitros del mundo, y que
cada palabra que pronunciamos es traducida, escuchada, interpretada
y repetida, hora tras hora, por 220 millones de árabes o
musulmanes.

Involuntariamente -estoy segura- algunos líderes de la izquierda
europea han declarado: «Nuestra línea es la misma de Zapatero».
Quizás no han advertido cómo este anuncio puede ser leído e
interpretado por los mismos teroristas. (No por casualidad el
candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, John
Kerry, intervino de inmediato para criticar esa posición.)
Pero si pensamos un momento, la adivinanza no es difícil:
otros atentados más, contra organizaciones internacionales
o regionales, civiles o militares, árabes, norteamericanos o
europeos de Estados o gobiernos escogidos con gran
precisión táctica y «política» para esparcir el terror, para
aterrorizarnos y convertirnos a todos en rehenes y
prisioneros.

Por ello, un compromiso electoral del candidato socialista a la
presidencia de España, convertido inesperadamente en programa de
gobierno, no debe dar lugar a una orden de retirada que puede
hacerle el juego a los estrategas de Al Qaeda.

No todos somos Zapateros. No debemos serlo ni podemos estar (o
parecer que estamos) al servicio de Bin Laden y de su explícita
agenda política.

Como militante radical he luchado desde el comienzo para que
se otorgase un papel en el conflicto iraquí a las Naciones
Unidas y para que se tratase de evitar el pasaje a la fase
bélica por medios diplomáticos, mediante una propuesta para
forzar a Sadam Husein al exilio, que en otros casos (pienso
por ejemplo en Liberia) probó ser concreta y racional.

En un contexto más amplio, nuestro proyecto para una Organización
Mundial de la Democracia implica una reforma de las Naciones Unidas
orientada a restaurar el espíritu y la letra de la carta fundacional
de la ONU.

Pero en las circunstancias actuales es necesario decir claramente
que, después de las divisiones en el Consejo de Seguridad de la ONU
y de los atentados terroristas que segaron la vida de los más altos
funcionarios de la ONU en Bagdad, un llamamiento a la ONU puede
servir de coartada retórica si no está acompañado por un reclamo
categórico a los países que continúan mirando la escena desde la
ventana y a los mismos países árabes para que se decidan a asumir
responsabilidades claras, pesadas y serias en el teatro iraquí.

En resumen: al contrario de los Zapateros, la respuesta adecuada
debe ser «vayamos todos a Bagdad» con la determinación de
participar efectivamente en la lucha contra el terrorismo. Sólo de
este modo pueden adquirir sentido y concreción los llamamientos a la
ONU y/o a la OTAN como expresiones de responsabilidad compartida.

Por último, abandonar a los iraquíes (como a los chechenos y ayer
a los bosníacos y a tantos otros) cuando más nos necesitan, en
un momento tan decisivo para su futuro, nada tiene de noble. No
es un comportamiento del que los demócratas podamos sentirnos
orgullosos. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Emma Bonino, diputada en el Parlamento Europeo y dirigente
del Partido Radical Transnacional.
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IRAQ : LA OCUPACION ILEGAL ENGENDRA EL CAOS

Por Mario Soares (*)

LISBOA, Mar )IPS) – José Luis Rodríguez Zapatero, consecuente con su
participación en las manifestaciones por la paz, contra la guerra ilegítima
y la ocupación ilegal de Iraq, y en cumplimiento de sus promesas
electorales, ha confirmado como Presidente electo del gobierno el retiro de
las tropas españolas a menos que las Naciones Unidas asuman el comando de
las operaciones en ese país árabe.

Es simplemente una decisión lógica y coherente. Estoy totalmente de acuerdo
con Rodríguez Zapatero y sostengo que la fuerza bruta no basta para derotar
al terrorismo. Es necesario estudiar sus causas y comprender por qué logra
imponerse en las poblaciones humilladas y en estado de desesperación.

El horroroso atentado del 11 de marzo en Madrid nos demuestra que el
terrorismo global mantiene sus recursos y puede ampliar su radio de acción,
alcanzado por primera vez a un país europeo. Aquellos que pensaban que la
«guerra contra el terrorismo», como el Presidente Bush la calificó, estaba
por ser ganada con el apresamiento de Sadam Husein, y antes con la derrota
y la ocupación de Iraq, no logran explicarse lo que está sucediendo.

La estrategia concebida para la llamada guerra contra el terrorismo, que
previlegia el empleo de la fuerza militar y prescinde de acuerdo con la
conveniencia del derecho internacional y de los derechos humanos, tal como
sucedió en Afganistán e Iraq, ¿habrá sido la más adecuada e inteligente? La
pregunta resulta más inquietante cuanto más se tengan en cuenta el
deterioro progresivo de la situación en los dos países, las tensiones que
sacuden a Irán, Siria y Paquistán y, en forma más discreta pero no menos
inquietante, al mundo islámico en general. Para no hablar del agravamiento
constante del conflicto israelo-palestino, con la construcción inaceptable
del nuevo «muro de la verguenza» en Cisjordania.

El mundo, cualquiera sea el continente que miremos, se está deslizando en
una crisis profunda. Crisis de valores y de moralidad. El choque de
civilizaciones y de religiones y, entre estas, sectas fanáticas y
extremistas como la de los evangélicos -los llamados «cruzados del
Apocalipsis»- a la que Bush pertenece, parece inscribirse como un futuro
probable y terriblemente peligroso.

La «globalización depredadora» -título de un libro notable del profesor de
Princeton Richard Folk- está reduciendo a la miseria a los países del
Tercer Mundo, principalmente a Africa, pero también está creando sociedades
duales en los países desarrollados, donde el foso entre pobres y ricos es
cada vez más profundo y más indignante.

El propio capitalismo está mudando su naturaleza, dejando de ser productivo
(e industrial) para transformarse esencialmente en financiero y
especulativo. Un capitalismo de casino.

Lo que hace falta comprender es que el mal se está generalizando por todo
el planeta, al paso de la globalización desregulada que nos está
conduciendo a un desastre de consecuencias imprevisibles. También son
responsables de este estado de cosas la inmoralidad y la ausencia de
valores éticos, así como la subordinación de la política a los intereses y
a los injustos criterios economicistas.

Es necesario reaccionar. Hace pocos días ocho millones de ciudadanos -uno
de cada cinco- se manifestaron en las calles y las plazas de las ciudades
de España contra los atentados terroristas del 11 de marzo. Es un camino y
es un ejemplo. Es necesario que todos rechacen la inmoralidad en las
actividades económicas, la mentira en la política para engañar a los
ciudadanos honestos, el egoísmo de quienes se muestran indiferentes ante la
miseria del prójimo y de los insensibles ante las catástrofes y las
pandemias como el SIDA, hasta que no los afectan a ellos o a sus familiares.

Si es cierto que este es un mundo interdependiente, quiere decir que todos
somos responsables. Por lo tanto, la solidaridad y la justicia social no
pueden seguir siendo vanas palabras. Como siempre, todo depende de que
estemos o no decidimos a mejorar el mundo
inicuo en el que nos quieren obligar a vivir.

Es por ello que considero auspiciosa la victoria de Rodríguez Zapatero y
del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Es una victoria
que refuerza las filas de todos los que luchan por la paz, por la justicia
social, por el diálogo, por los derechos humanos y por el derecho
internacional. ¡Es así como se combate al terrorismo! (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Mario Soares, presidente de Portugal en el período 1986-1996.

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