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Hacia un mundo sin armas nucleares

Jul 21 2004

Por Mohamed ElBaradei (*)

VIENA, Jul (IPS) – Hace 50 años, los líderes mundiales estaban luchando para enfrentar una crisis diferente a cualquiera de las que el mundo había visto antes: se trataba de una verdadera amenaza, creían ellos, contra la existencia del planeta. El poder del átomo, desencadenado con horrendos resultados en Hiroshima y Nagasaki, se estaba volviendo asequible para más países.

Los beneficios pacíficos de la energía nuclear, que ampliaron el potencial
para grandes avances en la agricultura, la salud y la industria, estaban por
ser ensombrecidos por la perspectiva de un mundo armado hasta los dientes
con cabezas nucleares.

Fue en el marco de esta inquietante serie de circunstancias que nació la
iniciativa de ?tomos para la Paz y que fue creada la Organización
Internacional de Energía Atómica (OIEA). La visión era global pero la
premisa era simple: el medio para detener el avance del armamentismo nuclear
y para evitar una eventual autodestrucción sería el logro de un pacto que
sirviera a los intereses de todos los implicados.

Ese pacto, que tardó más de 15 años en completarse, se convirtió en el
Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNPN). Esta iniciativa tiene
tres partes: 1) al firmar el tratado, los estados no poseedores de armas
nucleares renuncian a tener ese tipo de armamento; 2) a cambio de esa
promesa, los cinco estados poseedores de armas nucleares que firmaron el
tratado convienen actuar hacia un total desarme nuclear y 3) los estados en
posesión de tecnología nuclear acuerdan compartir con los otros signatarios
del tratado la tecnología nuclear pacífica que pudiera resultar beneficiosa.

Actualmente, con los reflectores enfocados en los desafíos de la
verificación nuclear, en cómo tratar con los países que han desarrollado
programas nucleares clandestinos, y en qué hacer luego del descubrimiento de
un vasto mercado negro de piezas con aplicaciones nucleares, es fácil perder
de vista las otras dimensiones de Atomos para la Paz.

Resulta grato presenciar la creciente aparición de una serie de técnicas con
elementos e isótopos nucleares que han sido utilizadas para hacer frente a
desafíos amedrentadores, particularmente en el mundo en desarrollo, para
producir cultivos con mejores cosechas en climas áridos, para diagnosticar y
tratar enfermedades, para estudiar la desnutrición infantil, para
administrar los suministros de agua potable, para mejorar la salud animal,
para promover la producción ganadera, para incrementar la productividad
industrial, para erradicar plagas portadoras de enfermedades y para resolver
muchos otros problemas relacionados con el hambre, la pobreza y el
inadecuado cuidado de la salud.

A través de su programa de cooperación técnica, la OIEA trabaja para
comprender cuáles son las necesidades y prioridades de cada estado miembro y
para desarrollar un programa de aplicaciones de lo nuclear adaptadas a esas
necesidades.

Aunque el TNPN es a veces percibido como un proyecto occidental, sus
beneficios se extienden a través de cualquier línea divisoria geopolítica
Norte-Sur o Este-Oeste.

Los países en desarrollo han mostrado capacidad de liderazgo para extender
la influencia y el alcance del régimen de no proliferación nuclear mediante
el establecimiento de zonas libres de armas nucleares. Cuatro de esas zonas
han sido exitosamente establecidas en América Latina y el Caribe, en el
Pacífico Sur, en el Sudeste de Asia y en ?frica para reforzar y
complementar, en un contexto regional, los compromisos de no proliferación
asumidos bajo el TNPN. Una zona similar está siendo negociada actualmente en
Asia Central.

Desde el descubrimiento del programa clandestino iraquí para la fabricación
de armas nucleares a principios de los años 90, la OIEA ha también buscado
métodos creativos para fortalecer el régimen de salvaguardias nucleares.
Esos métodos han demostrado ser exitosos de diversos modos: nuestra reciente
experiencia en Iraq, Irán y Libia han confirmado cuan efectiva puede ser la
verificación de la OIEA, incluso en condiciones difíciles, a condición de
que se nos dé la adecuada autoridad, ayudada por toda la información
disponible, respaldada a su vez por un mecanismo creíble para su acatamiento
y apoyada por el consenso internacional.

Pero un aspecto clave de la autoridad de la OIEA es el llamado “protocolo
adicional?, el complemento de un acuerdo de salvaguardias con la OIEA que le
da a ésta derechos más amplios para el acceso a la información y para la
inspección de sitios. Para que el régimen sea creíble, el protocolo
adicional debería ser aceptado como la verificación estándar; la
organización debería tener el derecho de conducir esas inspecciones más
amplias en todos los países. Sin embargo, a la fecha sólo 56 de los 184
estados que no poseen armas nucleares han ratificado el protocolo.

Hace 50 años, la comunidad internacional empezó a propiciar un mundo en el
cual no se necesitarán más las armas nucleares o no se buscará tenerlas y en
el cual las tecnologías nucleares pacíficas proporcionarán beneficios
duraderos para todos los pueblos y todas las culturas. El siglo XXI ha
traído nuevos y críticos desafíos para esta misión.

La pregunta sigue siendo ¿qué legado queremos dejar a nuestros hijos?

Llamo a todos los países a hacer lo suyo para hacer que ese legado sea un
mundo libre de armas nucleares. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Mohamed ElBaradei es el Director General de la Organización
Internacional de Energía Atómica (OIEA).
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