General

ENERGIA EOLICA PARA EL MUNDO DE MAÑANA

Ago 26 2004

Por Mark Sommer (*)

BERKELEY, Ago (IPS) – A medida que la guerra, el terrorismo, la contaminación y la creciente escasez llevan el precio del petróleo inexorablemente hacia arriba, los políticos y los productores energéticos escudriñan el horizonte en búsqueda de alternativas a corto plazo.

La energía solar y la geotérmica, la biomasa y las corrientes oceánicas
pueden contribuir todas ellas de algún modo, pero son insuficientes a corto
plazo para reducir sustancialmente la dependencia del petróleo y la
dominación de las oligarquías que el combustible fósil ha financiado.

Pero una nueva e incitante brisa se está levantando. Quienes abogan por la
energía renovable dicen que el viento ofrece la mejor opción a corto plazo
para reducir la demanda de petróleo, carbón y gas natural. Recientes
adelantos tecnológicos han incrementado la eficiencia de las turbinas de
viento y reducen el precio por kilovatio-hora de la energía eólica, que
ahora resulta competitivo con el del petróleo.

Las guerras libradas en el extranjero, las ocupaciones y las bases militares
para proteger líneas de abastecimiento, la contaminación del aire y el agua,
así como los daños a la salud humana hacen que el verdadero costo del barril
de crudo no sea de 40 dólares sino de 200 dólares o más.

A lo largo y ancho del mundo, el potencial de la energía eólica empequeñece
el de los combustibles de origen fósil y, al contrario de lo que sucede con
el petróleo, el gas y el carbón, su suministro es inagotable. Pero hasta
ahora sólo una minúscula fracción de ese potencial ha sido explotada. A
fines de 2003 se generaban en todo el mundo 39.000 megavatios de energía
eólica, equivalentes a la producción de una docena de plantas de energía
nuclear.

El viento es la fuente de energía de más rápido crecimiento. Según
estimaciones del Departamento de Energía de Estados Unidos, el viento podría
suministrar más de 15 veces la energía total consumida anualmente en el
mundo. Además de disminuir la adicción del mundo industrializado por el
consumo exclusivo de combustibles fósiles, el viento podría llevar la
energía eléctrica a dos mil millones de personas del mundo subdesarrollado
que actualmente no tienen la perspectiva de contar con ese servicio.

Europa occidental ha logrado el más enérgico desarrollo de los recursos
eólicos. Alemania está a la cabeza con un tercio de toda la producción
mundial y la pequeña Dinamarca obtiene del viento el 20 por ciento de su
energía, lo que representa cinco veces más que lo que produce China de la
misma fuente.

Pero incluso en Estados Unidos, cuya política está lubricada con petróleo,
en las propias regiones que dependen de los hidrocarbuuros desde hace largo
tiempo está creciendo una demanda popular a favor de la energía eólica como
único medio de superar el fracasado ciclo económico que ha convertido en
ciudades fantasmas a las que una vez fueron comunidades florecientes.

No obstante lo prometedor de la energía generada por el viento, su
desarrollo está siendo frustrado por numerosos obstáculos, más políticos que
tecnológicos. Los combustibles de origen fósil todavía tienen retorcido el
brazo de la economía y de las políticas globales. Las compañías
transnacionales que dominan actualmente la industria de la energía y las
políticas energéticas nacionales están conscientes de que el petróleo, el
carbón y el gas natural son recursos finitos y en disminución, pero están
decididos a exprimirles los mayores beneficios posibles antes de cambiar a
otros recursos. Su alternativa favorita no es la energía del viento sino la
energía nuclear, una tecnología altamente peligrosa.

Algunas de esas compañías, como BP y Shell, están comenzando a invertir en
instalaciones de energía eólica, pero éstas son más políticas que les sirven
a modo de relaciones públicas que un viraje serio en la política empresarial
en materia de recursos. Su colusión con políticos, fabricantes de autos y
una vasta infraestructura industrial obra en contra de una rápida mudanza
de política.

Con situaciones de guerra en varias partes del mundo, los menguantes
suministros de petróleo y el recalentamiento global causado por los gases
invernadero, un cambio hacia la utilización del viento como fuente de
energía no resulta insensato.

Sin embargo, ello no ocurrirá pronto a menos que tanto los individuos como
las instituciones consumidoras de energía reclamen firmemente que sus
gobiernos se comprometan a instalar en forma masiva generadores de energía
eólica dentro de los próximos 25 años. Bajo el dominio de los intereses
petroleros, Estados Unidos proyecta que la energía eólica satisfaga el 5 por
ciento de las necesidades para el 2020, mientras que actualmente alcanza al
0,4 por ciento; pero un empuje concertado puede hacer que para ese año se
llegue al 20 por ciento.

Para ser completamente eficaz en reducir las múltiples amenazas que
enfrentamos, este viraje debe tener un alcance mundial e incluir subsidios
de fuentes que no sean las de las maltrechas arcas de los erarios
nacionales. La más adecuada fuente de financiamiento sería una sobretasa
para toda la producción de petróleo y carbón, que podría generar tanto
grandes ingresos para el desarrollo de la energía renovable como fomentar la
conservación de recursos declinantes y ambientalmente destructivos.
(FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Mark Sommer dirige el Mainstream Media Project y coordina «A World of
Possibilities», un galardonado programa de radio en Estados Unidos.
—————————————————————————–
‘Other news’ es una inciativa personal, que tiene el fin de proprocionar material que tendria que estar en los medios, y no esta por los criterios comerciales de la informacion. Esta abierta a recibir contribuciones de todos. Su area de trabajo es informar sobre temas globales, relaciones norte-sur, y gobernabilidad de la globalizacion. Su lema es una frase aparecida en el muro de la vieja aduana de Barcelona, a comienzos del 2.003: «Lo que los muros hablan, los medios callan». Roberto Savio