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¿LA GLOBALIZACION PASO DE MODA?

Sep 30 2004

Por Rubens Ricupero (*)

GINEBRA, Sep (IPS) – Uno de los efectos de los atentados del 11 de septiembre fue el de atascar el proceso de globalización. En la década de los años 90 la globalización fue en gran parte impulsada por el creciente movimiento de convergencia política y por la solución de muchos problemas de larga data, desde la división de Berlín, de Alemania y de Europa en campos comunista y capitalista hasta el fin del apartheid en Sudáfrica.

Subyacente a la lógica de la globalización estaba la idea de que las
fronteras nacionales estaban perdiendo relevancia en la medida en que la
cantidad de transacciones a través de las fronteras se elevaba
espectacularmente no sólo en materia de mercaderías sino también en
servicios, operaciones financieras e inversiones. Por otra parte, una
creciente porción de esas actividades no eran físicas sino electrónicas, lo
que hacía que los límites entre naciones se convirtieran en obsoletos.

Desde el 11 de septiembre ha habido un cambio de dirección. Los límites
nacionales son de nuevo una preocupación central. Un ejemplo concreto de
ello es el hecho de que entrar a Estados Unidos es mucho más difícil ahora
que hace 10 años. En todo el mundo hay muchos más obstáculos para el
movimiento de las personas y de los bienes. A causa del miedo ante el
terrorismo hay más inspecciones aduaneras y una panoplia de nuevas leyes
tales como las que regulan los productos biológicos, que son extremadamente
estrictas. Se han levantado nuevas barreras incluso para las transacciones
financieras como resultado de la creciente vigilancia con motivo de la
financiación del terrorismo internacional.

A largo y medio plazo, la globalización y el reforzamiento de las fronteras
nacionales son incompatibles. Esta última tendencia, por supuesto, sólo
tiene tres años, de modo que es prematuro predecir que ocasionará el fin de
la globalización.

Lo que siguió al 11 de septiembre no fue una inversión total de la marcha de
la globalización sino más bien una pérdida de su impulso: simplemente se le
hizo mucho más difícil seguir adelante. Una clara indicación de ello es el
hecho de que el gobierno de George W. Bush nunca habla de la globalización.
La razón es evidente: el gobierno de Bush está concentrado sobre todo
en asuntos nacionales y esa tendencia no es compatible con la globalización.

La segunda área en la cual sentimos el atascamiento de la globalización se
refiere a la seguridad, que actualmente se ha convertido en la preocupación
principal de los países. Los temores provocados por el terrorismo
internacional y la proliferación de armas de destrucción masiva han
conducido a un fuerte atrincheramiento del estado contra el mercado y contra
la sociedad civil. Lo que era una suposición básica durante los años 90 que
los mercados se harían cada vez más y más importantes con relación a los
estados- ahora se ha revertido. Ahora es el estado el que es importante.
Esto comenzó con Estados Unidos y es más vivamente evidente en el hecho de
que los estadounidenses no están ya prestando mucha atención al déficit del
presupuesto. El Congreso puede aprobar enormes incrementos en el presupuesto
de seguridad porque cuando uno está en las garras de la guerra de la guerra
total, según lo ve el gobierno Bush- los costos dejan de ser una
preocupación.

Estamos viendo hasta cierto punto en Estados Unidos el surgimiento de una
nueva economía de guerra, como la de la época de Vietnam, cuando los gastos
militares eran tan altos que en 1971 Washington tuvo que abandonar los dos
pilares del orden monetario de Bretton Woods, en vigor desde 1944: la
convertibilidad del dólar al oro y la vinculación de las monedas de otros
países signatarios con el dólar. La vertiginosa inflación generada por la
guerra de Vietnam y el dispararse del déficit federal, sobre otros factores,
hizo imposible para Estados Unidos permanecer en el sistema de Bretton
Woods. La inflación continuó elevándose incluso después de la guerra de
Vietnam, finalizada en 1975-76, y alcanzó cifras de dos dígitos a fines de
los años 70 y principios de los 80, una situación que fue ulteriormente
agravada por los dos shocks del petróleo.

Esta combinación de una economía de guerra con una considerable presión en
el sector del petróleo que también vemos actualmente- finalmente condujo a
la decisión de Paul Volcker, en ese entonces presidente del banco central
estadounidense de aumentar las tasas de interés, que a su vez acentuó la
crisis de la deuda externa. Aunque no se puede argumentar que lo mismo
ocurrirá ahora en gran parte porque, al contrario de lo ocurrido en los años
70, no tenemos más una inflación alta- de todos modos hay elementos que son
similares de modo preocupante. Es necesario, entonces, vigilar los
acontecimientos. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Rubens Ricupero es el Secretario General de la Conferencia de las
Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD).
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