General

LA OTRA AMERICA

Sep 15 2004

Por Mario Soares (*)

LISBOA, Sep (La Vanguardia) – La convención del Partido Republicano en Nueva York para aclamar a Bush no ha sido únicamente un acto gratuito de provocación celebrado en la ciudad más cosmopolita de Estados Unidos y mayoritariamente demócrata, sino también la demostración de que el país se halla profundamente dividido, como en ninguna otra convocatoria electoral del pasado. Repárese al respecto en lo que significa la extraordinaria y sorprendente manifestación anti-Bush del domingo pasado.

No es John Kerry, un moderado y supercivilizado senador de Boston la ciudad
más aristocrática de Estados Unidos, quien suscita esta división
irreductible: es el odio a Bush. La incapacidad visceral de millones de
norteamericanos que se sienten hijos de una tierra de libertad para aceptar
el fanatismo y fundamentalismo de Bush y su equipo. Su aguda conciencia (que
confío se afiance) de que la reelección de Bush constituiría una catástrofe
para Estados Unidos, en primer lugar, para Occidente (Estados Unidos y
Europa) y para el mundo en general.

Cualquier atento observador de las imágenes televisivas de todo el mundo
sobre la manifestación del domingo un día antes de la convención republicana
pudo caer en la cuenta de que una realidad muy profunda e inédita se abre
paso en Estados Unidos: la explosión popular de los que detestan a Bush y no
soportan su política ultraconservadora estrechamente vinculada a su
fundamentalismo religioso. Se trata de un fenómeno tan evidente hace muchos
decenios que no se presenciaba en Nueva York una manifestación de estas
dimensiones, calculada en 400.000 personas que la estrategia de Bush en la
convención se ha mostrado absolutamente a la defensiva y ha consistido en
ocultar de las miradas a sus más conocidos neocons, colocando en la tribuna
de oradores a republicanos menos fanáticos en el plano religioso y más
moderados políticamente, como por ejemplo Michael Bloomberg, el
multimillonario alcalde de Nueva York; el gobernador de California, Arnold
Schwarzenegger; el ex alcalde de Nueva York Rudy Giuliani. La tropa de
choque de los neocons, empezando por Dick Cheney, Donald Rumsfeld y los
teóricos del ultraconservadurismo, así como algunos ex izquierdistas
confesos como Paul Wolfowitz, Bill Kristol, Richard Perle, Ralph Reed (de la
Christian Coalition of America), etcétera es decir, los que sujetan las
riendas del poder se esfumaron como por arte de magia.

El triunfo de los republicanos parece desembocar en la realidad de una
«nación en guerra», el llamamiento a un patriotismo ciego que presenta a
Bush como un hombre fuerte, el ideal «presidente de tiempos de guerra».
¿Guerra contra quién y contra qué? ¿Contra el abominable Saddam Hussein?
Pasó a la historia con la celeridad con que desaparecen los déspotas. Contra
el terrorismo, obviamente.

Sin embargo, el terrorismo se encuentra más fuerte y amenazador que nunca.
Iraq se ha convertido en un inmenso campo de entrenamiento de nuevos
terroristas. Efectivamente, después del día inicial de la convención, en una
de sus meteduras de pata habituales, Bush pensó dar en el clavo al proferir
que «la guerra contra el terrorismo no puede ganarse». ¿Entonces…? ¿No
equivale este franco y súbito desahogo a la confesión de que la estrategia
de lucha contra el terrorismo, basada en la «guerra preventiva», ideada o si
se quiere actualizada por la Administración Bush, se halla entera y
totalmente equivocada y superada?

Afortunadamente, se oponen a Bush, en general, las universidades
norteamericanas y la flor y nata de la intelectualidad, así como la mayoría
de los artistas de varia condición; los parados crecientemente en aumento;
los cuadros directivos, que temen la crisis económica y el déficit colosal
estadounidense, cuya responsabilidad recae sobre Bush; las minorias étnicas,
la mayoría de los hispanos, afroamericanos y asiáticos; los pobres
preocupados por los recortes en las políticas de ayuda a la educación, la
sanidad, la vivienda…; las miles de ONG que batallan por los derechos
humanos; los promotores de causas humanitarias; los medioambientalistas; las
asociaciones feministas; los homosexuales; numerosos antiguos combatientes;
algunas de las familias de los fallecidos el 11-S y en Iraq, que se elevan
ya a casi un millar (además de los heridos y lisiados); las asociaciones
religiosas temerosas del fundamentalismo evangélico de Bush y de sus
mentores; los pacifistas y, sobre todo, todos quienes poseen una visión
progresista de Estados Unidos, inquietos por su aislamiento y su creciente
desprestigio en el mundo. Son, efectivamente, muchas personas, como ha
señalado Michael Moore, uno de los organizadores de la gran manifestación de
Nueva York, «unidas por la paz y la justicia», codo con codo con el
reverendo Jesse Jackson y la líder del movimiento, Leslie Cagan. Además de
reclamar el regreso de los soldados norteamericanos de Iraq, exclamaban: No
más sangre por petróleo y reclamaban otra América.

Lo más inquietante es el auge del fundamentalismo religioso como factor de
explicación de las opciones políticas. Representa un retroceso de varios
siglos en términos de civilización, intolerable, que de tener éxito
destruiría todas las esperanzas humanistas que pueda presenciar el siglo XXI.

El editorial del diario Le Monde del pasado 29/30 de agosto, titulado
Fundamentalismos, señalaba: «Cualquier amalgama entre los distintos
fundamentalismos religiosos sería evidentemente absurda. Existen numerosas
diferencias entre los milicianos islamistas de Moqtada Al Sadr que defienden
el mausoleo de Ali en Najaf y los fundamentalistas del sur baptista
estadounidense que creen en la creación divina del mundo en siete días,
detestan a los homosexuales, defienden la pena de muerte, apoyan a Israel en
nombre del sionismo cristiano, favorable a la reunión de todos los judíos en
Israel a fin de convertirles mejor (…) Dios se ha convertido en el
pretexto de la mayoría de las reivindicaciones nacionalistas, étnicas,
políticas e identitarias (…) Bush predica la reforma moral. Pero el peso
del fundamentalismo evangélico de los congresistas republicanos en el
Congreso y la Casa Blanca preocupa». Concluye: «Esta visión de la religión
debe ser denunciada. Refuerza la peligrosa tesis del choque de
civilizaciones, que es en el fondo el credo que comparten todos estos
fundamentalismos más allá de sus diferencias».

No es posible ser más explícito. Es el mismo factor que se halla en liza
aparte de tantas y tan importantes cuestiones en las próximas elecciones
presidenciales estadounidenses.

¡Viva, entonces, la otra América la que nos proporciona esperanza, la de la
paz, la libertad, la laicidad y el progreso para todos, la de la solidaridad
y la justicia!

(*) Mario Soares, Fundador del PS portugués, ex primer ministro y ex presidente de la república.

—————————————————————————–
‘Other news’ es una inciativa personal, que tiene el fin de proprocionar material que tendria que estar en los medios, y no esta por los criterios comerciales de la informacion. Esta abierta a recibir contribuciones de todos. Su area de trabajo es informar sobre temas globales, relaciones norte-sur, y gobernabilidad de la globalizacion. Su lema es una frase aparecida en el muro de la vieja aduana de Barcelona, a comienzos del 2.003: «Lo que los muros hablan, los medios callan». Roberto Savio