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Los desafíos de la izquierda brasileña

Sep 3 2004

Joao Pedro Stédile

ALAI-AMLATINA 02/09/2004, Sao Paulo.- La sociedad brasileña vive un período muy especial, por diversas razones. Una de ellas es el largo período de crisis del modelo económico. Siempre que
hay crisis, hay inestabilidad, pero al mismo tiempo se caracteriza por ser un proceso de transición, aún cuando no sepamos hacia donde iremos. Eso va a depender de la correlación de las fuerzas sociales.

Después de 50 años del llamado modelo de industrialización
dependiente -en la definición de Florestan Fernández-, en la
década de los 80, ese modelo entró en crisis como patrón de
acumulación del capital. En la década siguiente, la clase
dominante brasileña aceptó un papel de subalterno al capital
internacional y pasó a implementar las políticas neoliberales, con
la «ilusión» de que constituiría un nuevo modelo de desarrollo de la
economía nacional.

Las políticas neoliberales desnacionalizaron nuestra economía,
debilitaron el poder del Estado y dieron libertad total al capital
internacional. Pero esa subordinación no condujo a un nuevo ciclo
de desarrollo. El capitalismo internacional había entrado en una
fase de total hegemonía del capital financiero, mezclado con los
grandes grupos monopólicos, que dominan el comercio, la
industria y los servicios.

Ahora, la forma principal de acumulación es en la esfera financiera.
Se acumula por medio de los intereses y del lucro en la compra
de acciones de las empresas estatales o nacionales ya
instaladas; y se da total libertad al envío de remesas al exterior.
Nada de eso genera riqueza nacional, empleo, trabajo, distribución
de renta.

En doce años de esas políticas, la economía, como todo,
permanece inestable. Independientemente que el PIB crezca,
permanezca inestable o decrezca, las grandes transnacionales y
el capital financiero siempre ganan. O sea, el modelo no sirve para
las naciones, no sirve para que las poblaciones mejoren su vida,
pero sirve a las grandes empresas oligopólicas y al capital
financiero.

Cambios y contradicciones

Con resultados sociales cada vez peores, el pueblo entendió el
significado de esas políticas y, en las elecciones de 2002, votó
contra el modelo. No se sabía, sin embargo, qué debería ser
colocado en su lugar, incluso por el bajo nivel del debate político
de la campaña de 2002. En la desesperación de la amenaza de la
crisis Argentina, parte de las elites brasileñas aceptó la posibilidad
de cambio e hizo una alianza con la alternativa Lula.

Del lado de ac , del PT y de las fuerzas sociales que apoyaron a
Lula, esa posibilidad era entendida como una alianza táctica entre
la clase trabajadora y sectores de la burguesía industrial, para
enfrentar al capital financiero, nacional e internacional. Pero de
parte de las elites no fue esa la lectura. Hicieron una alianza para
no perder los dedos, y para seguir influyendo en las políticas
públicas en el rumbo del neoliberalismo.

Pasado casi la mitad del mandato, el resultado está ahí. Se sigue
una política económica neoliberal, hegemonizada por esos
sectores de la clase dominante brasileña que controlan toda el
área económica del gobierno, desde el Banco Central hasta el
Ministerio de Agricultura. La naturaleza y las consecuencias de
esa política todos ya conocemos desde hace 12 años.
Representan la hegemonía del capital financiero, que usa las
políticas públicas para garantizar sus tasas de lucro, a través de
los intereses, del poder de oligopolio y de la libertad total de
actuación.

¿Y cuál la contradicción que acaba ayudándonos? Es que este
conjunto de políticas de corte neoliberal no se constituyó en un
modelo sólido de acumulación de capital y de reimpulso de un
proceso de desarrollo nacional. Podremos tener hasta crecimiento
económico, pero este será hegemonizado por el capital financiero,
por el sector oligopolizado de la economía y por las exportaciones
de las empresas transnacionales, que usan el libre comercio para
aumentar sus tasas de lucro.

En esas políticas no hay espacio para la distribución de la renta,
para la reforma agraria, para el mercado interno, para la elevación
del consumo de bienes masivos y mucho menos para las políticas
sociales. Sin catastrofismo, con esa opción los problemas
sociales solo se agravarán. Aquí, en la China o en cualquier país
que fueran aplicadas.

Ese es el desafío de orden económico. No hay salida para el
pueblo con las políticas económicas neoliberales. Ellas solo
interesan al gran capital. Manteniéndose en ellas, solo se
agravarán los problemas del pueblo, incluso con el PIB creciendo y
con algunos sectores, en especial vinculados al mercado externo,
aumentando el número de empleos.

El desafío de la izquierda social

¿Y como enfrentar esta realidad? Hay una tendencia natural de
las fuerzas sociales y políticas tener como referencia solo lo que el
gobierno hace. Empero, como se dice en el pueblo , «el agujero
está más abajo». La sociedad brasileña precisa debatir y construir
un nuevo proyecto de desarrollo, pensando que modelo puede hoy
organizar la producción y la economía apuntando a encontrar
solución a los problemas de la población, y no solamente a la
acumulación del capital. Es preciso una verdadera minga social,
que lleve ese debate a todos los espacios sociales, de las
escuelas, colegios, universidades, sindicatos, iglesias y
movimientos sociales. Y esto extrapola la tendencia simplista de
solo hablar mal del gobierno o defenderlo.

El segundo desafío. En la lucha de clases todo se resuelve por la
correlación de fuerzas. No basta un ejercicio de retórica, por más
combativo que sea. Quien no tiene pueblo organizado, no tiene
fuerza para defender sus ideas. Quien tiene apenas ideas buenas,
y no se preocupa en organizar a los trabajadores, a los pobres,
cae fácilmente en el sectarismo, en el izquierdismo o en el
«amarillismo».

La correlación de fuerzas sociales actual es desfavorable para la
clase trabajadora, por el largo período histórico de reflujo del
movimiento de masas. Eso no quiere decir que no hayan luchas
sociales. Pero no existe un movimiento creciente y masivo, que
construya orgánicamente una unidad popular en torno a un
proyecto unificado de cambios. Es preciso estimular las luchas
sociales y la construcción de un amplio movimiento de masas,
unitario, que consiga contraponerse a la hegemonía del capital
financiero, que se expresa en las más diversas esferas de la
sociedad y, a veces, hasta en el movimiento sindical.

Aquí cabe una reflexión autocrítica de todos nosotros. Para
estimular y organizar las luchas sociales es necesario hacer un
trabajo de base, lo que significa para la militancia social dedicarse
prioritariamente a hacer el trabajo de convencimiento y de
organización nuclear del pueblo. Precisamos colocar nuestras
energías allá donde el pueblo vive, trabaja, y organizarlo.

Es preciso llevar nuestras ideas, nuestros materiales, hacer
pequeñas reuniones, ir aglutinando, construyendo fuerza social
organizada. Desgraciadamente, parte de la militancia no percibe
que sin organizar al pueblo no se va a ningún lugar, y muchas
veces se elude con eternas reuniones de cúpula o meros
discursos evaluativos de la coyuntura.

Disputa ideológica

El tercer desafío que la izquierda social tiene se da en el campo de
la disputa ideológica. Precisamos organizar la disputa de la
hegemonía en la sociedad, como nos alertaba Gramsci. No solo
hacer luchas económicas, corporativas, que pueden resultar en
pequeñas conquistas sociales para la clase, pero que no
organizan a la clase para transformaciones sustantivas ni disputan
proyectos en la sociedad.

En este campo ideológico tenemos varios frentes y tareas
pendientes. Tenemos el trabajo de formación política de nuestra
militancia, de nuestros cuadros, actualmente muy raro. Tenemos
la tarea de construir nuestros propios medios de comunicación
social: radios comunitarias, televisoras comunitarias y públicas,
periódicos y boletines. ¿Hasta cuando vamos a estar ilusionados
con conquistar pequeños espacios en la televisión, en los
periódicos y en las radios de la burguesía? Ellos siempre van a
estar al servicio de los intereses de su clase, la clase dominante,
como nos advertía el entrañable Perseu Abramo.

Debemos también utilizar las más variadas formas de expresión
cultural. El teatro, la música, la danza, las artes plásticas y las
fiestas populares representan una excelente forma de
comunicación social y de ideas con nuestro pueblo.

Como ven, tenemos muchas tareas por delante, si queremos salir
de esa crisis económica e ideológica que la sociedad brasileña
vive. Las izquierdas precisan hacer una buena autocrítica y
comenzar a trabajar mirando a largo plazo.

Joao Pedro Stédile es miembro de la dirección del MST, participa
en la CMS.

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