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APEC 2004: Un viaje al centro de la globalización

Oct 19 2004

Lo que la propaganda oficial oculta son los objetivos geopolíticos de Asia Pacific Economic Cooperation. Entender ese aspecto nos puede hacer viajar al centro del proceso de la globalización financiera.

Por ?lvaro Ramis
Fuente: Portal del Pluralismo

Mientras los medios masivos de prensa especulan sobre la cantidad de policías que se requieren para proteger la cumbre APEC, o sobre temas todavía mucho más frívolos como probables visitas a cabarets o nights clubs por parte de los delegados a este evento, para el grueso de la ciudadanía chilena lo que acontecerá entre los días 19, 20 y 21 de Noviembre sigue siendo un misterio. Mucha propaganda, pero ni Lagos Weber ni otros organizadores de ese encuentro han aceptado debatir públicamente lo que el proceso APEC realmente significa. Hasta ahora, sólo una política de frases cortas para prometer que esta cumbre ayuda promocionar el país para recibir nuevas inversiones, incentivar negocios y preparar nuevos tratados de libre comercio. En síntesis, crecimiento, comercio y desregulación.

Lo que la propaganda oficial oculta son los objetivos geopolíticos de Asia Pacific Economic Cooperation. Entender ese aspecto nos puede hacer viajar al centro del proceso de la globalización financiera, y vislumbrar que lo que aparenta ser un espacio informal de cooperación, es realmente una pieza más en la guerra comercial entre bloques económicos que pugnan por controlar mercados y zonas de influencia.

APEC nació en 1989 por invitación a una cumbre en Canberra, del primer ministro de Australia, pero en realidad se trató de una iniciativa política norteamericana. El objetivo: articular a las potencias económicas de la rivera del pacífico, Estados Unidos y sus aliados: Australia, Nueva Zelanda, Canadá y Japón, con las nuevas economías emergentes, los ascendentes tigres asiáticos: Singapur, Corea del Sur, Brunei, Filipinas, Indonesia, Malasia y Tailandia.

Esta articulación tenía a la vista la conformación de un sólido bloque rival: la Unión Europea, que concluyó su proceso de conformación de un mercado unificado en 1992 por medio del tratado de Maastricht. El fin de la guerra fría, la desaparición del bloque soviético y la conformación del bloque europeo cambió el eje de las disputas geopolíticas y comerciales, lo que implicó un nuevo marco de alianzas. Hasta 1989 la política norteamericana se sostuvo en fortalecer Europa Occidental, compartiendo mercados y tolerando que sus gobiernos mantuvieran su costoso y generoso sistema de estado de bienestar, con la finalidad de contener al enemigo principal que acechaba tras la cortina de hierro. Sin embargo, cuando ese enemigo se extinguió, la alianza entró en crisis y pronto las disputas trans-atlánticas estallaron.

En esta confrontación, tanto los Estados Unidos como Europa comenzaron a utilizar como estrategia de batalla comercial la deslocalización de sus industrias, a fin de lograr mayor competitividad. Para ello, las transnacionales trasladaron sus talleres a los países emergentes del Asia Pacífico, donde podrían producir por medio de mano de obra más barata, y prácticamente sin regulaciones laborales ni ambientales. Así, las grandes marcas acudieron a sub-contratistas que asumieron la fabricación de partes de un mismo producto, al más bajo costo. En territorio norteamericano o europeo sólo conservaron la industria militar, la alta tecnología y la industria mediática y cultural.

La APEC original se amplió en 1991, con al incorporación de China, que luego de la crisis de 1989, que incluyó la matanza de la plaza de Tiananmen, se encaminó decididamente hacia la liberalización comercial. Junto a ella, ingresó Taiwán, bajo el nombre diplomático de Taipei Chino, para poder dejar contentos a China continental que teme su reconocimiento internacional como nación independiente, y Hong Kong, entonces todavía una colonia británica. Por esta razón APEC asumió un carácter muy laxo en las relaciones entre sus miembros. Hoy no se define como una reunión de estados constituyentes, sino de “economías miembros?, para evitar las discusiones sobre el status de Taiwán, y para dar un espacio especial a Hong Kong, que desde 1997 es una zona autónoma dentro de la República Popular China.

Por eso, el carácter informal de APEC apunta a generar alianzas que van más allá de disputas de política internacional, para centrarse en los aspectos derechamente comerciales, actuando como un espacio de presión económica, a favor de las transnacionales en general y de Estados Unidos en particular. Sin duda, lo que une a APEC, más allá de las tensiones entre China y Estados Unidos, es el deseo de las empresas transnacionales de mantener la dinámica de la globalización financiera, y la deslocalización de industrias desde Europa y Estados Unidos, hacia países que supongan bajos costos laborales, sociales y ambientales. Eso ha beneficiado a las élites de los países receptores de esas inversiones, pero evidentemente ha significado un enorme costo social para los y las trabajadoras que han sufrido por las condiciones de trabajo en las maquiladoras que se han instalado en esa región. Basta leer los relatos de Naomi Klein, en su libro “No Logo?, donde describe la fabricación de zapatillas deportivas en Filipinas o de balones de fútbol en Tailandia para saber lo que ha significado este proceso para esos países. Después de leer los testimonios que allí aparecen, no es difícil reconocer la necesidad de volver a luchar por la prescripción de la esclavitud.

Mientras esto ocurre, Europa debe desmantelar su sistema de previsión social, su sistema de público salud, y generar privatizaciones y recortes sociales. En este mismo momento, el gobierno Alemán trata de implementar el plan Hartz IV, que ha desatado multitudinarias protestas de sus ciudadanos. Este plan cortará en más de la mitad las prestaciones que reciben los cesantes, en un momento en que las cifras de cesantía suben del 10%. En la misma línea, el sábado 2 de octubre, en una manifestación que ningún medio chileno consignó, 250000 holandeses protestaron en Amsterdam por el plan de recortes sociales que lleva adelante el gobierno de ese país. Michael Moore, describe las consecuencias del mismo proceso en Estados Unidos, con el ejemplo de su pueblo natal, Flint, Michigan, desde donde la General Motors trasladó sus talleres a países del sud-este asiático.

En medio de esta dinámica, México ingresa a APEC en 1993, en momentos en que estaba a punto de entrar en vigor su tratado de libre comercio con Estados Unidos. Chile segundo en la lista para suscribir un tratado de esas características, recibe el “placet? norteamericano para ser parte del club del pacífico en 1994. En 1998, ingresó Perú, que hoy es el país que está más cercano a firmar un tratado de libre comercio con EEUU. Esta lógica de acción indica que APEC es un espacio que complementa los acuerdos comerciales que Estados Unidos impone a sus países subordinados, permitiéndoles por una parte participar de los negocios y transacciones que se dan en el bloque, pero a costa de apoyar la agenda des-reguladora y de formar parte de la comparsa que presiona a la baja en materia del respeto a normas laborales, ambientales y de políticas sociales activas.

Por ello, APEC es un “club? complementario al proyecto ALCA, en la medida en que inserta a los países que adhieren a este tratado, en un bloque que presiona por profundizar el neoliberalismo. La cooperación entre los países de APEC es una ínfima compensación por los costos que implican los acuerdos comerciales que se suscriben entre las empresas y naciones implicadas en ese espacio.

En el caso chileno, la competitividad de nuestra economía se basa en las bajas remuneraciones de los trabajadores, la desprotección de los recursos naturales, las ínfimas tasas de tributación, la nula conciencia ambiental de las actuales autoridades, y la impunidad con que se mueven las empresas cuando violan el débil marco regulatorio que actualmente tenemos.

Para un país así, insertarse internacionalmente es fácil en estas condiciones. Participar de acuerdos y espacios como APEC suena bonito, pero es un mito que no se sostiene más que a punta de farándula mediática y cortinas de humo, porque penetrar en los intereses que están en juego es algo que no puede dejar de desconcertar.

Afortunadamente, la ciudadanía chilena es mucho más lúcida que lo que creen los líderes de APEC y profundizará en estos y otros temas convergentes en el primer Foro Social Chileno, que se desarrollará en paralelo al desarrollo de esta cumbre. Su sola realización revela que hay una enorme reserva de conciencia y resistencia en los pueblos. Algo se levanta, otro Mundo es posible, y otro Chile también.

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