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Más allá de Bush y Kerry: Estados Unidos en el centro de la crisis mundial

Oct 29 2004

Jorge Beinstein

ALAI-AMLATINA 29/10/2004, Buenos Aires.- Hacia el final de la década pasada la economía norteamericana solía ser presentada por los medios de comunicación como el mega motor del
crecimiento global, el paradigma del capitalismo triunfante donde según los gurús neoliberales se estaba expandiendo de manera vertiginosa una Nueva Economía basada en la alta tecnología y desatando un círculo virtuoso de progreso indefinido. Se nos explicaba que las innovaciones tecnológicas generaban ingresos que incitaban a innovar más lo que a su vez expandía la riqueza, etc. Todo ello expresado en una euforia bursártil sin precedentes (nadie recordaba lo ocurrido en 1929). Clinton ocupaba la Casa Blanca y regalaba simpatía, el caso Lewinsky agregaba una nota de alegría suplementaria a la fiesta de los mercados.

Sin embargo algunos hechos disonantes perturbaban la armonía,
en primer lugar el contraste entre el auge consumista y la
casi desaparición del ahorro personal. Los ciudadanos del
Imperio gastaban todos sus ingresos y contraían deudas porque
de manera directa o a través de fondos de inversión o pensión
ganaban mucho dinero especulando en la Bolsa. Las empresas,
en especial las llamadas tecnológicas veían como día tras día
se valorizaban sus acciones lo que les permitía
(sobre)invertir y (sobre)endeudarse. Todo eso hacía subir las
cotizaciones bursátiles sin mayor vinculación con la
rentabilidad real de las firmas.

La burbuja se desinfló en el año 2000, Clinton le dejó su
puesto a Bush y se instaló la recesión, además llegó el 11 de
septiembre de 2001 marcando el despegue de una era
militarista.

No han faltado observadores, en especial del campo
progresista, para señalar el antagonismo entre un Bush
arbitrario e imperial y un Clinton multilateral, negociador,
apegado al juego de las instituciones. Sin embargo Clinton
impulsó una descomunal concentración de ingresos, desató la
guerra en el corazón de Europa (Yugoslavia) e intensifico el
bloqueo y los bombardeos contra Irak que prepararon la
invasión posterior. Todo su andamiaje económico se apoyó en
la hipertrofia financiera acelerando el ascenso de las mafias
que ahora gobiernan a cara descubierta. En realidad el
fascismo crispado de Bush, sus delirios imperialistas y la
corrupción que lo rodea heredan, exacerban tendencias
dominantes durante los años 90. La mutación parasitaria del
capitalismo norteamericano y sus consecuencias sociales,
políticas y militares se gestó durante mucho tiempo, con la
complicidad de demócratas y republicanos, hunde sus raíces en
la financierización del capitalismo mundial.

Motores de la crisis

Estados Unidos salió de la recesión hacia fines del 2001
inflando una segunda burbuja financiera, cuya base no fue esta
vez la especulación bursátil sino el negocio inmobiliario. Se
produjo una nueva concentración de ingresos impulsada por las
reducciones fiscales a los ricos, los gastos militares y otras
transferencias de recursos públicos a camarillas económicas
asociadas al gobierno, entre estas las multinacionales
petroleras que orquestaron la invasión a Irak. Dicha
reactivación amplió los viejos desequilibrios, generó nuevos y
rehabilitó otros que dormían durante la era Clinton. El
resultado ha sido una avalancha de problemas que desbordan la
capacidad de control del sistema empujándolo a la crisis.

El indicador negativo mas visible es el fracaso de la invasión
a Irak que asume un doble aspecto. Por una parte constituye
un duro golpe para la estrategia estadounidense de control de
los recursos petroleros mundiales; la aventura iraquí y la
ocupación de Afganistán fueron pensadas por el equipo Bush
como implantaciones iniciales que serían luego seguidas por la
invasión de Irán y la colonización de las ex repúblicas
soviéticas de Asia Central, presionando sobre Rusia y China
hasta someterlas completamente. El esquema se empantanó y la
posible retirada (derrota) de los invasores de Irak muy
probablemente desatará una escalada de movimientos
antinorteamericanos desde Medio Oriente pasando por Pakistán y
llegando a Filipinas e Indonesia. Los pueblos islámicos (más
de 1300 millones de personas) serán la base humana de esas
transformaciones.

El otro aspecto, mucho más grave aún, es que el fiasco en Irak
desnuda la impotencia del sistema militar estadounidense para
ganar rápidamente una guerra colonial contra un país de solo
25 millones de habitantes destruido por una sucesión de
guerras (la guerra Irak-Irán, la primera guerra del Golfo, la
década larga de bombardeos anglo-norteamericanos). Fracaso
del aparato de inteligencia sobrecargado de sofisticación y
dólares pero incapaz de procesar eficazmente información,
consecuencia del embrutecimiento intelectual de recursos
humanos provenientes de una sociedad decadente. Débil moral
de combate de tropas regulares y mercenarios (los famosos
«contratistas») que despilfarran armamento y masacran
población civil indefensa. Fanfarronería tecnológica
acompañada por una logística desmesurada, paralizante,
resultado de la carencia de apoyos locales significativos. Se
repite así la historia de las declinaciones de imperios y
civilizaciones del pasado.

Otro factor de crisis es la acumulación explosiva de
desequilibrios. El déficit del comercio exterior viene
creciendo desde hace más de una década pero ahora llega a
niveles insostenibles (más de 500 mil millones en 2003
seguramente superados este año) debido a un tejido industrial
cada día menos competitivo corroído por la dinámica
financiera. El déficit fiscal superó este año los 400 mil
millones de dólares afectado por el aumento de los gastos
militares y las reducciones tributarias a los ricos. Cuyo
resultado es una deuda pública que supera los 7,4 billones de
dólares, el 67 % del PBI, unos 25 mil dólares por habitante,
desde hace 12 meses su ritmo de aumento diario es del orden de
los 1700 millones de dólares.

La segunda burbuja

Detrás de la expansión de los desequilibrios se encuentra la
prosperidad efímera generada por la segunda burbuja financiera
centrada en la especulación inmobiliaria. La baja de las
tasas de interés hasta llegar al 1% y la multiplicación de
incentivos públicos impulsaron una avalancha de prestamos
hipotecarios sobre viviendas: los precios de casas y
departamentos se fueron a las nubes. Durante la burbuja
anterior el aumento de las acciones infló artificialmente la
riqueza de las familias (hasta que se pinchó el globo) ahora
el alza de los valores inmobiliarios tiene un efecto similar
engendrando una ola consumista basada en deudas. Aunque
buena parte de estos créditos fueron negociados a tasas
ajustables y con deudores con limitada capacidad de pago, lo que
hace suponer que la inevitable suba de tasas de interés en el
próximo año colocará en situación de insolvencia a una masa
considerable de deudores hipotecarios, desatando una cadena de
impagos que golpeará al sistema financiero, derrumbando los
valores inmobiliarios.

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