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EL FANATISMO AL PODER

Nov 26 2004

Por Mario Soares (*)

LISBOA, Nov (IPS) George W. Bush tiene la gran condición de ser claro, directo y de no engañar a nadie. Es un radical de derecha -un «neo-con»- y un fanático religioso convencido de que tiene una relación directa con el Dios en el que cree, que no es el Dios misericordioso de la mejor tradición cristiana sino un Dios «justiciero» en el estilo del Far West de los filmes de cowboys norteamericanos, que aplica la regla del «ojo por ojo y diente por diente».

Mi juicio sobre el Presidente estadounidense no obedece a razones
subjetivas. No lo conozco, pero sé lo que piensa y quienes lo rodean.
Conocí a su padre cuando era Vicepresidente y después, cuando fue designado
Presidente. Siempre mantuve con Bush senior relaciones de gran cordialidad
y aprecio, no obstante que fuese conservador y republicano.

Bush junior es diferente. Lo considero, políticamente, un verdadero
desastre, para los Estados Unidos y para el mundo.

Es indudable que es un Presidente legítimo, ya que esta última elección la
ganó con una mayoría de votos. Y es obvio que en una democracia todos los
votos valen lo mismo, provengan de pobres o de ricos, de cultos o de
incultos. Pero el respeto a la democracia no supone que no se pueda hacer
el análisis de la votación o que las minorías pierdan sus derechos
inalienables. Es un hecho que Bush fue votado mayoritariamente por los
sectores rurales y por los del credo evangélico, y no por los
frecuentadores de las universidades, de las artes y de las ciencias.

En ese sentido, como demócrata y amigo de la libertad, recuerdo que en la
democracia el voto es decisivo pero no es todo, lejos de ello. La
democracia implica el dominio de sus reglas y la observancia de la ley, del
derecho, del derecho internacional, de los derechos humanos tristemente
puestos en causa en las prisiones de Guantánamo y de Abu Ghraib, en Bagdad
y ahora en Faluya- así como de la justicia en su acepción más lata. Y
carateriza a la democracia el sistema de controles y de equilibrios entre
los poderes (checks and balances) tan alabado por los grandes teóricos
políticos norteamericanos como John Rawls.

Precisamente, ese equilibrio es lo que está faltando en la democracia
estadounidense desde que Bush y su equipo asumieron el gobierno. Esto es
sintomático y extremadamente grave. Porque esta reelección no ha sido igual
a otras. Ha reforzado el poder de un fanático, el Presidente Bush, y de su
equipo de gobierno que no sólo es conservador -esto sería lo de menos- sino
que tiene además un proyecto contrarrevolucionario coherente de poder
concebido para transformar la fisionomía de la Norteamérica que conocemos y
para dominar el mundo.

Agrego que la victoria de Bush tal vez sea la primera señal del comienzo de
una gran crisis estadounidense e incluso de Occidente, si la Unión Europea
no es capaz de encontrar líderes con el coraje de señalar las diferencias
de valores que, desde ahora, orientan a las dos márgenes del Atlántico.

Tenemos, en los Estados Unidos, el predominio de un conservadurismo sin
compasión, el recurso a la represalia y a la violencia, el desprecio por
los derechos humanos, el unilateralismo, el fanatismo religioso, el
irracionalismo y una fuerza ciega para combatir al terrorismo que no busca
erradicar sus causas complejas, entre las que sobresalen la pobreza y la
humillación.

Y en Europa tenemos el culto de la racionalidad y del diálogo, el
multilateralismo y el respeto por las Naciones Unidas, el laicismo, la
tolerancia, la prioridad para los derechos humanos y el desarrollo
sustentable con su dimensión social y ecológica.

Este es el foso que hoy en día nos separa.

Si no tenemos el coraje de señalar la verdad en tiempo útil- más temprano
que tarde nos deslizaremos hacia el abismo hacia el que se dirige la gran
Norteamérica, rodeada por la incomprensión y aún del odio, con una
fragilidad social que se está acentuando y sumida en el atolladero de Iraq.

Los próximos años serán duros. Pero la opinión mundial está alerta y hoy
cuenta mucho,
También en los Estados Unidos. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Mario Soares, Presidente de Portugal entre 1986 y 1996.

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