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Hacia dónde va \»la nueva\» Venezuela

Nov 18 2004

Aram Aharonian

ALAI-AMLATINA , Caracas.- El tren de la historia sigue parado en Venezuela. Pero hay quienes, en lugar de subirse a él, prefieren quitarle los asientos. La locomotora sigue siendo la gente, los que impiden que salga definitivamente han sido y son el sabotaje, la corrupción, la ineficiencia, la ineficacia. El chavismo es un portaviones. Muchos se montaron en él: algunos sin saber a dónde iba, otros tratando de torcer su rumbo. Hoy está haciendo una parada de reaprovisionamiento y posiblemente algunos otros se monten.

Aun cuando en lo interno la situación pareciera despejada, es
obvio que con la anunciada reelección de George W Bush, la
política de Estado de los Estados Unidos para América Latina
no cambiará, pero sí la realidad latinoamericana y caribeña,
de la que no se ha enterado (o prefiere no enterarse)
Washington. Chávez no está solo. Quizá tampoco demasiado
acompañado. Pero incluso con sus tibiezas o balanceos, sus
peculiares nacionalismos, Tabaré Vázquez, Néstor Kirchner,
Lula da Silva, representantes de una izquierda moderada,
indican que Estados Unidos tendrá que cambiar su relación con
América Lapobre. El triunfo sandinista, la adhesión paraguaya
a la línea del sur, el crecimiento de la izquierda en Chile,
avalan esta necesidad. Incluso, la situación de México debe
cambiar en un par de años y en lugar de mirar con ojos gringos
tal vez comience a mirar el sur con ojos mestizos.

Pareciera que después del 31 de octubre ya no quedan dudas.
Las elecciones regionales dejaron una serie de cadáveres
políticos, sobre todo en la oposición. La mayoría del
chavismo es absoluta, pero eso significa que ahora debe
abandonar el escenario del enfrentamiento y la confrontación –
en el que Hugo Chávez es excelente estratega- para comenzar a
gobernar. Pero la realidad es que el clima de confrontación
que se vivió en Venezuela durante años hizo que muchos de los
gobernadores y alcaldes electos bajo el portaviones de Chávez,
realmente no sean idóneos para gobernar, porque no tienen
experiencia en administración pública, ni antecedentes
políticos.

Los analistas insisten en la pertinencia de ver una de las
causas de los cambios: la abstención de 54,27%, que estuvo en
los niveles de 1989 (54%) y de 1992 (53,85%). No hubo
motivación, pero lo cierto es, también, que los llamados a
votar del presidente Chávez no fueron escuchados por un alto
porcentaje de sus partidarios, alrededor de dos millones que
votaran por el No en el referéndum del 15 de agosto. La causa
fundamental fue la imposición de candidaturas por parte del
llamado Comando Maisanta, que digitó las candidaturas a
alcaldes, asignó las cuotas a los partidos y desoyó las voces
de rechazo que llegaban desde las bases. ¿Democracia
participativa? Vaya paradoja: en muchos, muchos municipios,
candidaturas chapistas de base confrontaban con las
oficialistas y jugaban en favor del candidato opositor y en
alguna se impuso la primera contra la digitada desde las
alturas

La oposición conservó una gobernación (Zulia), reconquistó
otra (Nueva Esparta) y se impuso en 71 alcaldías, entre ellas
las de las importantes ciudades de Valencia, San Felipe y San
Cristóbal. Un caso sintomático se dio en el estado Zulia, el
emporio petrolero venezolano, donde el No (a la salida de
Chávez) ganó en el referendo, pero el candidato chavista -un
general retirado sin mayor carisma- perdió ante el actual
gobernador opositor, Manuel Rosales.

Lo cierto es que esta Venezuela del nuevo milenio quedó
devastada tras 40 años de democracia reclamativa y formal, sin
cuadros políticos, gerenciales ni técnicos. El chavismo tiene
a sus mejores cuadros en el gobierno e, incluso, le va a
costar mucho articular listas para las elecciones de diputados
a la Asamblea Nacional a realizarse en marzo, con figuras que
puedan servir de apoyo legislativo a las propuestas y planes
del Ejecutivo.

¿Peligro autoritarista?

La historiadora Margarita López Maya (1), profesora de la
Universidad Central de Venezuela, se siente preocupada:
«siempre que vemos tanto poder en manos de un único partido
produce mucho temor. Puede haber una acentuación del
autoritarismo. En un país donde la debilidad institucional es
tan acentuada, y con una tendencia autoritaria visible en
todos los actores políticos de ambos lados, pude haber una
acentuación del autoritarismo, de falta de negociación y
debate».

No cabe duda que con estas elecciones regionales, Chávez
fortaleció su liderazgo y que ahora deberá dedicarse a
gobernar, a construir, a institucionalizar la construcción de
la nueva Venezuela. Ahora no tendrá excusas para fracasar en
el combate contra la corrupción y la burocracia y por una
mayor eficiencia en la administración. El director del diario
Últimas Noticias, Eleazar Díaz Rangel (2), insiste en que los
mecanismos de control social deben activarse para que los
ciudadanos tengan una mayor participación en la vigilancia de
la función pública, y ante cualquier expresión de sectarismo,
autoritarismo y prepotencia, y evitar que el poder que ahora
tiene el oficialismo se desborde.

Para la dirigencia media, es preciso fortalecer las
instituciones y las organizaciones de base para que los
cambios avancen. Ahora que la diatriba si Chávez se va o no
ha quedado dilucidada -al menos hasta 2006- parece ser hora de
diseñar nuevos escenarios y también llamar las cosas por su
nombre. La polarización, que para algunos no es más que la
incapacidad de los dirigentes para hacer política, no
desaparecerá, pero quedará soterrada por unos cuantos meses.
La oposición no supo capitalizar los cuatro millones de votos
conseguidos en el referendo: durante dos meses reclamaron un
fraude desmentido hasta por Estados Unidos, para terminar
instando a la gente a que los votara el 31 de octubre y
reducir a dos millones el caudal de sus seguidores.

Por un lado subsiste un archipiélago opositor que busca una
tabla de salvación en nuevos liderazgos que deben surgir luego
de la debacle electoral de viejos dirigentes como Henrique
Salas Römer, Alfredo Peña, Enrique Mendoza, quienes se
empeñaron durante los últimos cuatro años -con ingentes apoyos
externos- a derrocar por cualquier forma a Chávez.

La debacle opositora dejó como corolario que el gobierno
controlará 20 de los 22 estados en que fueron disputados los
cargos para gobernadores y 270 de las 337 alcaldías.
Debilitada, a la oposición no le queda más alternativa que
entrar en el juego político, que es muy distinto hoy al de
1998. Hay agrupaciones que seguramente van a desaparecer,
otras (sobre todo las más conservadoras) sobrevivirán.

Hay que recordar que todos los partidos nuevos son producto de
la antipolítica -producto del desgaste de los partidos
tradicionales, impulsados por los medios de comunicación
social comerciales- y muchos de ellos no pasan de ser
aventuras más mediáticas, virtuales, que acumuladoras de
conciencias u opiniones.

Pero por el otro, aparece una posible oposición desde la
izquierda misma del chavismo, teniendo en cuenta que el
oficialista Movimiento Quinta República no es ni un partido y
mucho menos con coherencia ideológica. Es más una agrupación
electorera que de formación de cuadros.

Es cierto que tras la toma de conciencia de ciudadanía por
millares y millares de venezolanos, se vino desarrollando un
proceso de crecimiento de la organización popular pero todavía
no parece suficiente como para contener el autoritarismo. No
ha habido tiempo para el fortalecimiento de las organizaciones
de base e incluso para el surgimiento de nuevas agrupaciones o
partidos. Viejos militantes de la izquierda saben de la
necesidad de articular plataformas desde las bases, de abajo
hacia arriba. Otros ni siquiera lo saben.

En el chavismo, en las llamadas fuerzas del cambio, hay muchas
corrientes: unos aspiran a una revolución socialista o
meramente nacionalista -como pareciera ser el modelo del
propio Chávez-, otros apenas a cambios en el maquillaje.
Hasta ahora los espacios de debate han sido escasos e,
incluso, la descalificación es esgrimida antes de cualquier
discusión. Por eso no es descartable escisiones por la
izquierda dentro del chavismo de gente que exige profundizar
la revolución, de hacer la revolución dentro de la revolución,
aunque no siempre estén claros en lo que buscan. Inclusive
sin necesidad de abandonar el portaviones.

El gobierno de Chávez bien pudiera ser definido como uno de
corte nacional, popular y revolucionario, con políticas
sociales coherentes y efectivas (que deben ser
institucionalizadas), pero con muchos vaivenes dentro de las
políticas económicas. Y como en casi todo, el petróleo, la
política petrolera y la administración de los enormes recursos
de la estatal PDVSA, están casi siempre en el ojo del debate.
Sobre todo porque con una industria -al menos políticamente-
saneada, los enormes recursos, que durante más de medio siglo
engrosaron las cuentas externas de las élites, están al
servicio del Estado y permean, a través de los planes
sociales, a las capas de menores recursos, a los marginados y
excluidos tradicionales. El nacionalismo petrolero del
chavismo no le impide negociar con las trasnacionales.

Mientras, Chávez y la dirigencia de las llamadas fuerzas del
cambio, deberán decidir qué hacer con un pueblo movilizado.

Hoy subsisten en Venezuela, del otro lado del mostrador
chavista, viejos partidos despojados de contenido y
continente, siglas y dirigentes virtuales perdidos por los
duros golpes de la realidad y los habituales declarantes-
denunciantes, con ya muy poco que decir, que van
desapareciendo de los medios y pasan al olvido total. Enrique
Mendoza y Henrique Salas Römer y su hijo pierden por primera
vez en casi 20 años, en dos poderosos estados como Miranda y
Carabobo. Sus cargos, al igual que el ex alcalde
metropolitano Alfredo Peña, les permitieron estar al frente de
la oposición durante los últimos años. Hoy nadie les da
oportunidad alguna para alcanzar la presidencia en el 2006.
Quizá, aún perdiendo, quien capitalizó mayor futuro es el
dirigente socialdemócrata Claudio Fermín, quien no alcanzó la
Alcaldía Metropolitana pero acumuló un importante porcentaje
de votos que lo dejan como uno de los pocos dirigentes serios
de la oposición.

Notas:

(1) Ver entrevista de Claudia Jardim «Sin oposición, el
gobierno puede ir hacia el autoritarismo, dice historiadora»
en: www.alia2.net

(2) Ver «Nuevo Mapa Político», en revista Punto Final (Chile),
12-11-04

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