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FORO SOCIAL MUNDIAL: UN SIMBOLO DE ESPERANZA

Ene 25 2005

Por Cândido Grzybowski (*)

RIO DE JANEIRO, Ene (IPS) – Considero que el Foro Social Mundial (FSM) es un granero de alternativas. Pero más importa observar el proceso en el que generamos esas alternativas, por medio del cotejo y la discusión, que las alternativas en sí mismas.


El Foro es una plaza pública, un espacio abierto para el encuentro de
ciudadanos en condiciones de igualdad, un lugar de información y de debate,
de alegría y pasión, un ámbito original de invención y de práctica de la
democracia.

Basta participar en el Foro para sentir que su energía conecta a las
personas más diversas, cargando baterías de esperanza. El FSM permite la
renovación de las ideas y fortalece la voluntad colectiva, con colorido y
vibración lleva a cada uno y cada una a confiar en su propia capacidad, nos
hace valorizar nuestras experiencias y conocimientos.

Por lo que digo y escribo resultará evidente que juzgo al FSM como un
experimento político e intelectual renovador, capaz de inspirar sueños y
voluntades ante la grave crisis producida por el capitalismo globalizado. Es
que el FSM contiene la posibilidad de innovar las prácticas y los modos de
pensar, contribuyendo a la formación de una nueva cultura política de
transformación social radicalmente democrática, con propuestas efectivas
para construir otros mundos. Pero esto no me impide reconocer los
monumentales desafíos que tenemos por delante para, responsable y
consecuentemente, inducir al Foro a fermentar las ideas y procesos que
contiene.

La globalización dominante impone patrones homogéneos de vida y cultura,
destruye, excluye, concentra. Respondemos con la afirmación de la igualdad
en la diversidad, el derecho de inclusión de todos y de todas, que todos los
derechos humanos son para todos los seres humanos, con el respeto al
patrimonio común de la vida, el planeta Tierra.

La reunión del FSM el año pasado en la India nos dió universalidad, pero el
universo es mucho más grande y más diverso. Iremos a Africa en el 2007, eso
es fundamental. Pero, ¿cómo quedan las otras regiones y culturas? ¿Qué decir
de Europa Oriental, de Asia profunda, del Caribe, de Centroamérica y del
Mundo Arabe?

Reafirmo aquí lo que muestran los datos sobre nuestro perfil: somos
legítimos activistas de la emergente ciudadanía planetaria, pero sólo somos
su élite. Los representantes de los sectores populares son una minoría en
nuestras reuniones. ¿Cómo encarar este desafío con la necesaria radicalidad
y urgencia?

Debemos ser capaces de movilizar más allá de las barreras geográficas,
sociales y culturales. Debemos desarrollar modos de inclusión activa de los
invisibles en el interior de nuestros pueblos, pues ellos carecen de
organización y de recursos para participar. Tenemos que reconocer cuán lejos
estamos aún de expresar la diversidad de la sociedad civil mundial y de sus
integrantes.

El FSM innova al sostener la primacía de la política en la vida humana y no
la de los mercados. Por ello el Foro es un proceso y un espacio de
innovación democrática que estimula a los diferentes sujetos sociales a
participar y a imponer su voluntad sobre el poder estatal, las instituciones
multilaterales, las corporaciones y los mercados.

Al mismo tiempo el FSM precisa alimentarse más y más de la fuerza de sus
participantes, sacando partido de la diversidad y la pluralidad que consigue
congregar. Esto significa ir más allá del radical pero pasivo respeto de las
actividades autogestionadas, como aún estamos haciendo en el FSM 2005.

Implica radicalizar la democracia interna para que lo diferente sea
transformado en diverso, la mera yuxtaposición, la repetición y la confusión
de múltiples actividades -más de 2.500- en reconocimiento de todos y de
todas. Tenemos que actuar democrática y activamente, con respeto al conjunto
de las personas, buscando construir la verdadera diversidad, superando
«dominios», guetos y protagonismos, de manera que las visiones y los
análisis plurales alcancen consensos posibles y disentimientos dinamizadores
de la propia democracia que obligan a nuevas búsquedas conjuntas.

Al FSM no le compete la definición de un proyecto y una estrategia a seguir
por todos. En esto todos estamos de acuerdo. Sólo puede ser un espacio
abierto de pensamiento estratégico y orientado a la acción transformadora,
que deja a cada sujeto la decisión sobre qué hacer, cómo y con quién, según
sus posibilidades, condiciones y deseos.

Por otra parte, nos falta un poco de osadía. Hemos despertado una enorme
esperanza en el mundo. El FSM es hoy un símbolo de esperanza. No rompamos el
encanto, la utopía. Esto también es política.

Hemos asumido el desafío de rehacer el mundo en escala humana, para todos
los seres humanos. Debemos contribuir a la gestación de nuevas agendas. Y no
debemos permitir que guerreros y terroristas, operadores de mercado y dueños
de corporaciones, con sus fundamentalismos, dicten las prioridades a la
humanidad. Tenemos que proponer alternativas. Las soluciones que iremos
encontrando serán, necesariamente, provisionales, temporáneas y localizadas.
Pero seamos suficientemente osados para que sean las soluciones posibles en
cada lugar. Necesitamos una agenda que abarque, aquí y ahora, el mundo y la
humanidad, en el mayor respeto, pero sin miedo de arriesgar y sin pretender
imponer nada. La construcción colectiva sin modelos o soluciones únicas
conlleva el radical respeto de lo incompleto, lo diverso y lo plural, pero
también una búsqueda constante. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Cândido Grzybowski es sociólogo, director del Instituto Brasileiro de
Análises Sociais e Econômicas (Ibase) y miembro del secretariado
internacional del Foro Social Mundial.