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LECCIONES DEL TSUNAMI PARA QUIENES MENOSPRECIAN A LA MADRE TIERRA

Ene 13 2005

Por Vandana Shiva (*)

NUEVA DELHI, Ene (IPS) Gaia, diosa de la tierra, no podía haber elegido un sitio y un tiempo más apropiados para enviarnos este mensaje acerca de sus poderes ocultos: nosotros somos indios e indonesios, cingaleses y suecos, tailandeses y maldivos sólo en segundo lugar, puesto que por sobre todo somos ciudadanos e hijos de la tierra y estamos compartiendo el destino común de una catástrofe y un común deseo de ayudar y tratar de remediar el mal sufrido.


Las vacaciones de Navidad y de Año Nuevo traen gente del mundo entero a las
playas de Asia. La tsunami, el maremoto provocado por un terremoto el 26 de
diciembre pasado en el Océano ?ndico se convirtió en una tragedia planetaria
porque afectó no sólo a los asiáticos sino también a gran número de turistas
occidentales.

Aunque la tragedia inmediata sufrida por millones debe ser nuestra primera
preocupación y objeto de rápida respuesta hay también lecciones a largo
plazo que nos da la tsunami. Necesitamos escuchar a Gaia.

La primera lección se refiere al desarrollo en las regiones costeras. A lo
largo de los últimos años de globalización dirigida por el libre mercado, el
respeto a la vulnerabilidad de los ecosistemas costeros ha sido sacrificado
en aras de la construcción de hoteles, de criaderos de camarones a escala
industrial y de refinerías. Los manglares y los arrecifes de coral han sido
implacablemente destruidos, quitándose así las barreras protectoras
naturales contra tormentas, ciclones, huracanes y tsunamis.

Cuando realizamos un estudio sobre el ciclón de Orissa, que mató a 30.000
personas en 1999, hallamos que la destrucción fue mucho más severa donde se
habían eliminado los manglares para hacer criaderos de camarones y
refinerías. El movimiento popular hizo que la Suprema Corte de India
ordenara cerrar los criaderos de camarones ubicados a menos de 500 metros de
la línea de la costa de acuerdo. Al fundamentar su voto dos miembros de la
Suprema Corte señalaron que “el daño causado a la ecología y la economía por
los establecimientos industriales de piscicultura es más alto que las
ganancias por la venta de sus productos. Quizás por esa razón los países
europeos y Estados Unidos no permiten que sus aguas costeras sean explotadas
por criaderos de camarones.”

Sin embargo, en lugar de obedecer la orden judicial, la industria camaronera
trató de hacer anular las leyes ecológicas para la protección de las zonas
costeras e influyó sobre los gobiernos para que la eximieran de cumplir con
esas leyes. Este incumplimiento de las normas ambientales que protegen a las
áreas costeras tuvo claramente un papel en el incremento de la destrucción
causada por la tsunami.

Nagapattinam, la zona más duramente golpeada por el maremoto fue también la
más afectada debido a la abundancia de criaderos industriales de camarones.
Las tribus indígenas de los andamanes y los nicobar, los onges, los jaawas,
los sentinelese y los shompen, que viven con métodos naturales y ecológicos,
tuvieron las menores pérdidas humanas aunque en el subcontinente indio son
los que están más cerca del epicentro del terremoto.

Ojalá que los gobiernos aprendan una lección que la tierra ha tratado de dar
al “desarrollo” que hace caso omiso de los límites ecológicos y de los
imperativos ambientales y que sólo puede llevar a una destrucción inimaginable.

La segunda lección que nos enseñó la tsunami es que un mundo organizado en
torno a los mercados y al lucro, y que olvida a la naturaleza y la gente,
está mal pertrechado para hacer frente a tales desastres.

Aunque nos engañemos a nosotros mismos al creer que vivimos en una “era de
la información” y en “economías del conocimiento”, el conocimiento de los
8,9 grados de la escala Richter para los terremotos no pudo ser comunicado a
tiempo por el US Geological Survey -el organismo estadounidense que vigila
ese tipo de accidentes geológicos- a los países amenazados para que pudieran
tomar medidas oportunas para salvar vidas.

Mientras que los mercados de valores del mundo reaccionan instantáneamente
ante las señales y mientras que toda la economía de las tecnologías de la
información (IT) se basa en comunicaciones instantáneas, al mundo le ha
llevado días poder establecer cuántos murieron y cuántos han quedado sin
hogar a causa del maremoto.

La tsunami nos enseña que no vivimos en una era de la información basada en
la “conectividad” sino en la ignorancia, en la exclusión y la
incomunicación. La revolución de las IT ha evolucionado para servir a los
mercados, pero ha dejado de lado a las necesidades de la gente. Los animales
y las comunidades indígenas tienen la inteligencia de anticipar a la tsunami
y de protegerse a ellos mismos.

A las culturas del siglo XXI personificadas por la tecnología de la
información les faltó el respeto a Gaia y la disposición para conectarse y
protegerse a tiempo del terremoto y de la tsunami. Tenemos que reconsiderar
los conceptos dominantes en el área de la inteligencia y la información y
tomar lecciones de Gaia acerca de cómo vivir inteligentemente en el planeta.
(FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Vandana Shiva, escritora y militante internacional en campañas por los
derechos de la mujer y por el ambiente.