General

Kurdos prefieren dictadura pacífica a caos democrático

Feb 23 2005

Aaron Glantz

ARBIL, Iraq, feb (IPS) – Después de pasar cinco años en una prisión de Irán por pertenecer al proscripto Partido Democrático del Kurdistán (PDK), nada les gustaría más que la caída del régimen de los ayatolás. Pero no mediante una guerra promovida por Estados Unidos, eso es seguro.

Los dos guerrilleros kurdos, llamados ?peshmerga?, cuentan su odisea mientras dan vueltas alrededor de una estufa de aceite en la oficina del PDK, en las afueras de la septentrional ciudad iraquí de Koysenjak, junto a los picos nevados que marcan la frontera entre Iraq e Irán.

?Nos torturaron?, cuenta Idris Hormazina. Tiene 34 años, pero su cabello está completamente blanco.

?Nos cubrieron la cabeza, nos ataron las manos y nos golpearon con cables y con la culata de un arma. Intentaron vencer nuestro espíritu diciéndonos que nuestros familiares estaban en la celda de al lado, o que habían huido del país y nunca más los veríamos?, agrega.

Tras tres meses de tortura diaria, Idris y su compañero confesaron ser miembros del PDK, y fueron enviados ante un tribunal militar secreto.

?Nos dijeron que no teníamos derecho a un abogado porque la República Islámica representa a dios en la Tierra, y que, como habíamos obrado contra la República Islámica, habíamos obrado contra dios y por eso seríamos castigados?, recuerda Idris.

El PDK lucha por un territorio propio para los kurdos, un pueblo sin tierra de religión musulmana. Cerca de 12 millones de kurdos viven en el sudeste de Turquía, cinco millones en Iraq, un millón en Irán y menos de un millón en Siria.

Ambos guerrilleros fueron declarados culpables y enviados a la prisión de Karaj, uno de los mayores establecimientos penitenciarios de Irán para delincuentes violentos.

Según los dos peshmerga, cerca de 90 por ciento de los reclusos eran adictos al opio, las enfermedades contagiosas se propagaban sin control, y las autoridades no hacían esfuerzo alguno por separar a los delincuentes comunes de los políticos.

Después de cinco años tras las rejas, los guerrilleros kurdos consiguieron permiso para una salida transitoria, soborno mediante, y huyeron hacia la frontera con Iraq.

Tras cruzar las montañas cerca del paso fronterizo de Haj Omran, llegaron este mes a la base del PDK, con el fervoroso deseo de que caiga el gobierno iraní dominado por los clérigos islámicos.

Pero ahora, al escuchar el discurso amenazante del presidente estadounidense George W. Bush hacia Irán, tienen sentimientos encontrados. Quieren la caída del régimen de Teherán, pero no si para ello es necesario que Estados Unidos lance una guerra contra Irán.

Sus sentimientos son compartidos por muchos kurdos habitantes del norte de Iraq.

Mohammed Amín es un traductor que pasó gran parte de su vida como refugiado en Irán antes de la fundación de un área autónoma kurda en el norte de Iraq, después de la primera guerra del Golfo (1991).

?Antes de la guerra en Iraq, muchos iraníes rogaban a Estados Unidos que los liberara. Pero ahora saben que si Estados Unidos interviene, Irán se convertirá en otro Iraq. Saben que una dictadura pacífica es mejor que un caos democrático como el de Iraq, donde nadie puede prever qué va a pasar?, dijo.

Los kurdos iraníes también discrepan de la administración Bush en cuanto a la imposición de duras sanciones a Irán para obligarlo a desmantelar su programa nuclear. Washington impuso un embargo a ese país en 1979, tras la Revolución Islámica que derrocó al sha Reza Palevi, y lo reforzó en 1996, bajo la presidencia de Bill Clinton.

Idris Hormazina espera que Bush levante las sanciones. ?Por más de 20 años, Irán ha vivido bajo el embargo de Estados Unidos, y esto ha perjudicado mucho a su pueblo?, dijo.

?Bajo estas sanciones, los habitantes se empobrecen y al final sólo piensan en cómo alimentar a sus hijos. El gobierno obtiene así una buena oportunidad de controlar a una población hambrienta?, señaló.

Sin embargo, el gobierno de Bush está decidido a endurecer las sanciones. Uno de los objetivos de la gira este mes de la secretaria de Estado (canciller) estadounidense Condoleeza Rice por Europa fue recabar apoyo para trasladar al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas la cuestión del programa nuclear iraní.

Estados Unidos e Israel acusan a Teherán de intentar engañar a la comunidad internacional y perseguir en secreto su objetivo de alcanzar la capacidad de fabricar armas atómicas.

Sin embargo, Mohammed El Baradei, director de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), aseguró que actualmente Irán está ?cooperando? con ese organismo, aunque admitió que Irán ?engañó? en el pasado a la comunidad internacional en torno de su programa nuclear.

La AIEA determinó el pasado noviembre que Teherán cumple con un acuerdo que la obliga a interrumpir su programa de enriquecimiento de uranio. Por su parte, el régimen islámico insiste en que su programa persigue como finalidad exclusiva la producción de electricidad. (FIN/2005)