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NACIONES UNIDAS EN LA HORA DE LA VERDAD

Feb 24 2005

Juan Moscoso del Prado (*)

MADRID, Feb (IPS) – El proceso de reforma institucional de las Naciones
Unidas se enfrenta en 2005 a la hora de la verdad. La reforma debe
completarse este año, para lo cual se celebrará, en septiembre, una reunión
plenaria de alto nivel que reunirá a Jefes de Estado y de Gobierno.

El proceso de reforma no es nuevo, si bien es a partir de la Declaración del
Milenio de septiembre de 2000, de los atentados del 11 de septiembre de
2001, del desencuentro vivido en la sede de la organización con motivo de la
guerra de Iraq o del resurgimiento de conflictos considerados superados como
Liberia o Haití, cuando adquiere su relevancia actual. Todo ello puso en
entredicho la capacidad de los estados de asumir, de forma colectiva y
solidaria, sus responsabilidades en materia de seguridad, por lo que el
Secretario General, Kofi Annan, decidió relanzar el proceso en septiembre de
2003 tomando diversas iniciativas.

El Grupo de Alto Nivel presentó en diciembre último un inforrme que analiza
las amenazas existentes a escala global -pobreza, proliferación de armas de
destrucción masiva e irrupción de importantes actores que no se asemejan en
nada a los clásicos estados-, los instrumentos disponibles y los cambios
necesarios para afrontarlas con mayores garantías, sugiriendo una definición
más amplia de seguridad colectiva compartida. Esta definición añade a las
amenazas tradicionales otros elementos básicos para la seguridad como el
desarrollo. Aunque el informe se resume en la expresión: «el desarrollo es
una premisa para la seguridad», los países en desarrollo temen que la
obsesión por la seguridad acabe eclipsando la reforma o que no priorice al
desarrollo como tal, sino solamente por su relación con la seguridad, y no
comparten plenamente la ecuación de que es la pobreza la que lleva al
terrorismo.

El informe solicita al Secretario General que plantee una estrategia propia
de lucha contra el terrorismo, define cinco criterios básicos para legitimar
el uso de la fuerza -guerra justa-, acuña el concepto de responsabilidad de
los Estados para defender a las personas, propone la creación de una
Comisión del Consejo de Seguridad para la consolidación de la paz y de un
fondo permanente para financiarlo e, incluso, plantea dos propuestas
alternativas de reforma del Consejo de Seguridad.

Tan importante como la composición del Consejo de Seguridad son sus métodos
de trabajo, porque la mayoría de Estados, por ser pequeños, no van a ampliar
su presencia en el mismo. Por ello, exigen mayores dosis de transparencia,
inclusión, rendición de cuentas para aumentar su deteriorada credibilidad,
mayor rigor en su función legislativa e, incluso, una reforma del uso del
veto.

El segundo informe fundamental es el presentado por Jeffrey Sachs, relativo
al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo de la Declaración del
Milenio, en el que afirma que todavía es posible alcanzar los objetivos del
Consenso de Monterrey, aunque todos los países deben hacer mucho más.
Respecto a los desarrollados, bastaría con que sus ayudas alcanzasen en
2015, como objetivo intermedio, un 0,54% sobre el PIB -¿recuerdan el 0,7?-,
al tiempo que los países en desarrollo deben reorientar sus políticas
domésticas hacia la lucha contra la pobreza y el buen gobierno y movilizar
más recursos. Este informe demanda una mayor coherencia de todas las
políticas de cooperación al desarrollo, mayor continuidad y compromiso. Los
países en desarrollo agrupados en el G-77 ya han anunciado que, aunque
comparten buena parte del mismo, no están conformes con sus llamamientos a
la condicionalidad de las políticas que plantea.

El proceso de reforma afecta a todo el sistema. La Asamblea General debe
recuperar vitalidad y convertirse en el verdadero órgano de representación
de la sociedad mundial. El Consejo Económico y Social (ECOSOC) se enfrenta
al reto de ser el coordinador de las acciones de las instituciones de
Bretton Woods (Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional) en un marco
global en el que el objetivo principal es el desarrollo. Claro que, para
ello, antes es fundamental resolver la cuestión de cómo se debe financiar el
desarrollo para alcanzar los objetivos del Consenso de Monterrey, sin
olvidar la conclusión de la Ronda de Doha y la cuestión de la deuda externa.

La reforma se enfrenta también a cuestiones como la emigración o la
insatisfacción de la sociedad civil que no ha valorado muy positivamente el
Informe del Panel Cardoso sobre la participación de la sociedad civil en los
trabajos de Naciones Unidas. Otra cuestión importante atañe a la Comisión de
Derechos Humanos, que debe recuperar legitimidad y reunirse con más
frecuencia, y la de cuándo se convertirá la democracia en uno de los
objetivos de Naciones Unidas, cuya Carta reconoce los drechos humanos o el
desarrollo, pero no la democracia.

Este es el marco en el que Annan prepara el informe que presentará en marzo
y en el que, sin duda, acotará tantas cuestiones abiertas. Mientras, todos
los países y grupos de países deben ir acercando posiciones paulatinamente,
sin cerrarse a nada.
(FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) Juan Moscoso del Prado, diputado del Partido Socialista Obrero Español,
es miembro de la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso.