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SILENCIO EN NEPAL

Feb 21 2005

Por Kunda Dixit (*)

KATMANDU, Feb (IPS) – Cada vez que en Nepal pensamos que las cosas no
podrían ir peor de lo que van, la realidad nos dice lo contrario. Es lo que
está ocurriendo ahora, puesto que el rey decretó la suspensión de las
libertades civiles, incluyendo la de prensa.

Mientras la insurgencia maoísta se intensificaba en 2001 y las víctimas
aumentaban vertiginosamente, ocurrió que, además, casi toda la familia
real, incluyendo el rey Birendra, fue masacrada. Al año siguiente, el
parlamento fue disuelto. Cuando los partidos políticos riñeron, el rey
Gyanendra, que sucedió a su hermano, destituyó en 2002 al primer ministro y
asumió el gobierno.

La semana pasada, el rey Gyanendra destituyó de nuevo a su primer ministro,
declaró el estado de emergencia y suspendió las libertades civiles. El
experimento de 15 años de Nepal con la democracia parece haber terminado.
Con la censura de prensa, una de las últimas libertades restantes de las
logradas por el Movimiento Popular en 1990 se ha ido.

Desde el 1º. de febrero, los medios de comunicación nepalíes han sido
sometidos a una censura absoluta. No se permite la difusión en la prensa
escrita o radial de nada que vaya contra la letra o el espíritu de la
gestión del rey y se toman medidas contra cualquiera que, según la corona,
viole esa prohibición.

Soldados armados están sentados dentro de las salas de redacción de los
diarios desde esta semana y revisan las galeras con los artículos y noticias
antes de que vayan a la imprenta. A veces, los militares cambian los
titulares que ellos piensan que son críticos hacia las medidas del rey. A
las vibrantes estaciones de radio FM de Nepal, que eran modelos de servicio
público radial descentralizado, y a las radios comunitarias, se les ha
prohibido emitir información sobre asuntos actuales. Asimismo, algunas de
las estaciones de radio FM fueron clausuradas.

El servicio nepalí de la BBC de Londres, que era habitualmente retransmitido
a través de una red de 12 estaciones FM por todo el país ha sido bloqueado.
Todos los canales indios de noticias han sido retirados de las redes de TV
Cable. El sábado pasado, dos importantes periodistas fueron detenidos por
expresar opiniones críticas sobre las medidas reales.

Los diarios y las revistas están reproduciendo blandamente las declaraciones
oficiales. Algunos de estos medios han tomado el riesgo de recurrir a
metáforas y alegorías, mientras que otros ridiculizan la situación al
escribir editoriales sobre ballet o apicultura. Un diario salió con sus
páginas de noticias en blanco.

La mayoría de los periodistas jóvenes, se han sorprendido por la censura, ya
que les han sido arrebatadas las libertades que ellos acostumbraban a usar y
que quizás tomaban por definitivamente otorgadas. Pero para los periodistas
más viejos, como yo, hay una fuerte sensación de déj vu: los controles nos
recuerdan los tiempos de la monarquía absoluta y sin partidos políticos de
antes de 1990, cuando la autocensura estaba a la orden del día. También en
aquellos días, los editores, los reporteros y los columnistas jugaban al
gato y al ratón con las autoridades al recurrir a la sátira, el humor o la
metáfora.

Pero los castigos podían ser duros. Muchos periodistas fueron encarcelados y
había que pagar un fuerte precio cuando errores tipográficos accidentales
aparecían en los diarios, como cuando una vez en un titular sobre un
cumpleaños real se imprimió la palabra «sospechoso» en lugar de
«auspicioso».

Es preciso decir que las medidas tomadas esta semana por el rey Gyanendra
han sido bien recibidas por muchos nepalíes que están desencantados por la
inestabilidad que causan los díscolos y corruptos parlamentarios y por una
insurgencia maoísta que ha costado 12.000 vidas en nueve años. Si esto es lo
que el rey tiene que hacer para restaurar la paz, dicen esas personas, que
así sea. Después de todo, el rey ha arriesgado todo y puesto en juego su
propio trono al tomar esos superpoderes, agregan.

Y muchos esperan que el rey saque un conejo de la galera y restaure la paz,
de modo que el país pueda levantar los niveles de vida de 25 millones de
nepalíes, la mayoría de los cuales vive por debajo de la línea de la
pobreza. En su discurso del 1º. de este mes, el rey dijo que el pueblo
deberá renunciar por un tiempo a la democracia a fin de salvar a la propia
democracia y muchos nepalíes están de acuerdo con ello. Pero sólo por un
tiempo breve. Al rey se le abre la oportunidad de un corto espacio de tiempo
dentro del cual deberá cumplir con el objetivo planteado.

Sin embargo, a largo plazo la verdadera respuesta al totalitarismo maoísta
consiste en ofrecer una mayor y más inclusiva democracia, una vibrante
prensa libre y libertades civiles. Restringir las libertades significa
polarizar a la sociedad entre dos radicalismos y liquidar a quienes están en
medio de los dos. E incluso como una estrategia contra los maoístas podría
resultar contraproducente.

Pero quizás el rey guarde alguna carta en la manga. (IPS)

(*) Kunda Dixit es el editor del semanario Nepali Times.