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TSUNAMI: DEBE COMENZAR RAPIDAMENTE LA RECONSTRUCCION

Feb 15 2005

Por James D. Wolfensohn (*)

WASHINGTON, Feb (IPS) – De muchos modos, la reacción ante la tragedia del
maremoto del 26 de diciembre último nos hizo recordar que el mundo
verdaderamente tiene un corazón generoso. La comunidad global, que ya está
esforzándose por hacer frente a la abrumadora escala de la crisis en la
región afectada, tiene ahora otro desafío, ya que también debe corresponder
al altruismo de los ciudadanos del mundo, expresada ya sea por la sociedad
civil como por los gobiernos.

La tarea más importante del momento es la de satisfacer las necesidades
básicas de los pueblos afectados por el desastre proporcionándoles
alimentos, agua potable, instalaciones sanitarias y medicamentos. Pero, al
mismo tiempo que nos movilizamos para ayudar a reconstruir es igualmente
decisivo que trabajemos para romper el ciclo de la pobreza y crear un futuro
mejor para los pueblos de la región, así como para evitar que se reproduzcan
las condiciones que los hicieron vulnerables ante la catástrofe.

De una larga historia de respuestas a las crisis y de reconstrucciones luego
de destrucciones en gran escala, el Banco Mundial ha aprendido que los más
pobres son los más vulnerables ante los desastres naturales. Ellos viven
precariamente en refugios endebles levantados en planicies afectadas por
inundaciones, en las márgenes de ríos y en zonas costeras sin protección
ante grandes olas. Son personas que viven en la pobreza, como los pescadores
de Sri Lanka, de Somalía o los tamiles nadu, que se ganan la vida a duras
penas, los campesinos de Ace o las mujeres tailandeses que venden artesanías
a los turistas.

Los esfuerzos por la reconstrucción como los que enfrentamos como resultado
del maremoto sólo pueden ser efectivos si se hacen en asociación con otras
organizaciones. Nosotros, los del Banco Mundial, hemos tendido la mano a la
ONU, que está dirigiendo la ayuda inmediata, y trabajaremos estrechamente
junto a otras instituciones financieras internacionales en particular el
Banco Asiático para el Desarrollo y el Fondo Monetario Internacional- así
como con grupos de la sociedad, cuando se haga la transición de la ayuda
inmediata a la recuperación a largo plazo.

La reconstrucción debería comenzar rápidamente. Esta etapa no es un asunto
sólo de recursos financieros y de infraestructuras físicas sino también de
creencias humanas y de presiones emocionales. Significa reconstruir las
vidas individuales de personas reales. Esto es algo que debemos enfatizar.
En este contexto, los papeles a desempeñar por las comunidades, la sociedad
civil y el sector privado son muy importantes cuando trabajamos para
responder conjuntamente al desafío de la reconstrucción. Nosotros en el
Banco Mundial ciertamente queremos trabajar en ese sentido, o sea tratando
de ayudar a la gente a reconstruir no sólo bienes físicos sino también su
propia confianza y su esperanza.

También creemos muy firmemente que el uso de nuestros recursos públicos
debería ser transparente y eficaz, así como mostrar resultados evidentes.

Pero, mientras la comunidad internacional celebra reuniones importantes y
mientras los gobiernos y las organizaciones siguen haciendo promesas, existe
una creciente preocupación en el sentido de que el nivel general de la
asistencia para ayudar a los países pobres, incluyendo a las naciones
golpeadas por el maremoto, en realidad no se ha incrementado sino que en
realidad sale de fondos ya existentes. Y ésta no es la respuesta adecuada.
No podemos simplemente desviar recursos destinados a esenciales proyectos de
desarrollo para atender una emergencia tras otra.

Las escenas de personas esforzándose por ayudar a otras al comienzo del
desastre han sido inspiradoras. Los grupos de la sociedad civil
internacional y local están reuniendo grandes sumas de dinero y han enviado
voluntarios, alimentos y suministros varios para salvar vidas en muchas
comunidades a las que otros no pueden llegar. En Yakarta, por ejemplo, se
informa que los conductores de rickshaws, las sillas con ruedas para llevar
pasajeros, han donado parte de sus ingresos diarios. Como han mostrado estos
gestos de simple humanidad, estamos unidos en nuestro pesar, unidos por esta
tragedia y unidos en nuestra preocupación por nuestros semejantes en lugares
que muchos de nosotros nunca hemos visto antes.

El desafío para todos nosotros la sociedad civil, los gobiernos y las
organizaciones del tipo del Banco Mundial- es el de seguir unidos en los
meses y años por venir para ayudar a las comunidades pobres que luchan para
recuperarse y reconstruirse, para hacer que los pueblos sean menos
vulnerables ante los desastres, para restaurar la esperanza de un mejor
futuro y para crear mayor seguridad y paz para la gente más pobre en la
región. (FIN/COPYRIGHT IPS)

(*) James D. Wolfensohn es el presidente del Banco Mundial.