General

Bolivia: Trópico de Capricornio

May 26 2005

Antonio Peredo Leigue

ALAI-AMLATINA 26/05/2005, La Paz.- Miles de hombres y
mujeres, arribando desde varios puntos y recorriendo la
ciudad de La Paz, se concentraban en la plaza San Francisco,
este lunes 23 de mayo, ratificando su voluntad de lograr una
Ley de Hidrocarburos que satisfaga las expectativas populares
y la pronta convocatoria a la Asamblea Constituyente. Era la
culminación de una marcha que, una semana antes, iniciaron
integrantes de organizaciones sociales y del Movimiento al
Socialismo (MAS) en Caracollo, a más de doscientos kilómetros
de esta ciudad.

A esa marcha, se unían grandes grupos que se incorporaron a
lo largo de la carretera, se adhirieron en El Alto y llegaron
desde Yungas. También participaban organizaciones sociales de
La Paz. El cabildo colmó la Plaza San Francisco. Los
cabildantes emplazaron al Congreso Nacional para que convoque
de inmediato a la Asamblea Constituyente y aprobara las
modificaciones a la Ley de Hidrocarburos.

La geografía convulsionada

Toda la extensión de Bolivia se halla por sobre la línea del Trópico
de Capricornio; debía ser un país totalmente tropical. De hecho,
gran parte de su territorio forma parte de esa inmensa meseta que
riegan el Amazonas y sus caudalosos afluentes. Pero, una buena
parte de su población se concentra en las partes occidental y
central, que tiene una geografía escarpada y climas que van de
templado a frío.

Aunque Bolivia es conocida como «país andino de ciudades
colgadas de la montaña y rodeadas de nieves eternas», lo cierto es
que la ciudad Santa Cruz, que actualmente ostenta el primer lugar
de concentración urbana, se halla a menos de 500 metros de
altura sobre el nivel del mar, su temperatura promedio anual se
acerca a los 30° centígrados y goza de una abundante vegetación
tropical. Por supuesto, sus habitantes son campechanos en sus
costumbres y fogosos en sus definiciones.

La otra ciudad densamente poblada es La Paz, sede del gobierno
nacional, enclavada a 3.600 m.s.n.m. Sus límites urbanos se
confunden con los de la ciudad de El Alto a 4.000 m.s.n.m., que
rodea el aeropuerto internacional de La Paz y es atravesada por la
carretera que une la sede gubernamental con el resto del país. Hay
una íntima rivalidad entre ellas, por el carácter reservado de sus
habitantes -más notorio en El Alto- y de una compartida
persistencia en sus resoluciones.

Los temas económicos y políticos que delinean el acontecer de
los últimos 20 meses, se desarrollan en estos escenarios.

Las tensiones aumentan

Así, mientras en El Alto se mantenía un paro cívico indefinido y la
ciudad de La Paz se paralizaba por las marchas y
concentraciones de varios sectores, el Comité Cívico pro Santa
Cruz lograba reunir a sus similares de Tarija, Beni y Pando,
tratando de reeditar lo que, hace un año, se llamó «la media luna»,
en un intento gráfico por aislar a los distritos del valle y el altiplano,
donde se concentra el grueso de la población nacional.

Los comiteístas se proponían -este martes 24- lograr que su
autoconvocatoria tenga el refrendo de sus pares interesados en el
aislamiento de los distritos centro-occidentales. Mientras tanto, en
La Paz y El Alto se demandaba, ya no la modificación de ciertos
artículos de la ley de hidrocarburos, sino la nacionalización de
estos recursos y la expulsión de las trasnacionales, además del
cierre del Parlamento y la renuncia del presidente Mesa. En este
caso, parecían encontrarse los extremos. De un lado se busca la
división del país con el sólo objetivo de imponer un referéndum que
implante la autonomía de los departamentos antes que la
Asamblea Constituyente señale el carácter que debe tener ésta.
Del otro, se pretende la disolución de los poderes del Estado con
la idea confusa de que, una Asamblea Constituyente, hará surgir
un nuevo país de estas cenizas. Que esta actitud destructiva es
consciente o no, es materia de innumerables debates en los
medios de comunicación, los círculos políticos y cuanta tertulia se
produce.

Las tensiones se agudizan porque, en concierto con tales
actitudes, el gobierno no toma decisiones y el parlamento cumple
un receso, a cuenta de muchas razones, pero esencialmente
porque no halla acuerdos en su interior y teme volver a mostrar las
duras fricciones que ocurrieron la semana anterior.

Propuestas desoídas

Cuando el Movimiento al Socialismo (MAS) presentó su propuesta
para una Ley de Hidrocarburos, la diseñó sobre la base de
establecer la recuperación de la propiedad de este recurso, la
refundación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos
(Y.P.F.B), el reconocimiento del derecho de los pueblos originarios
a preservar el medio ambiente y un beneficio adecuado para el país
mediante la fijación de una regalía consistente en el 50% de la
producción.

El largo debate que se generó en el Congreso Nacional incluyó esa
propuesta, junto a las de otros partidos políticos, pero
esencialmente se hizo sobre el proyecto presentado por el
gobierno. El texto que se elaboró en la Comisión de Desarrollo
Económico fue resultado del intercambio de opiniones de las
distintas bancadas, pero principalmente con los personeros del
ejecutivo.

La ley que finalmente fue promulgada por el presidente del
Congreso, dado que el presidente de la república decidió no
hacerlo, fue un documento que tenía tanto de una como de otra
propuesta, aunque se haya difundido la imagen de que se trata de
«la ley del MAS». De hecho, el elemento central -la definición de
los beneficios- dista mucho del planteamiento hecho por este
movimiento.

Pero además, en la revisión hecha por el Senado, antes de su
aprobación, se recortó atribuciones al gobierno para fijar precios a
los hidrocarburos y facultades a Y.P.F.B para operar por sí sola.
Con estos elementos claramente definidos, la ley pudo haber
satisfecho las mínimas exigencias populares. No fue así y el
hecho desató una serie de exigencias largamente retenidas por los
diversos sectores, esperando que la nueva Ley de Hidrocarburos
abriese el camino de solución para sus problemas.

Todo parece indicar que, si en principio se hubiese aceptado la
proposición del MAS -50% de regalías-, no se habría producido la
reacción que hoy vivimos. La derecha, rearticulada tras los comités
cívicos, no habría tenido ocasión de hacer sus planteamientos de
confrontación ni los sectores radicalizados habrían podido reflotar
sus demandas que fueron descartadas con los resultados del
referéndum energético, en julio de 2004.

Sumas que dividen

Los conflictos están aumentando cada día. Mientras los
marchistas organizados por el MAS demandan la
complementación de la ley de hidrocarburos y la inmediata
convocatoria a Asamblea Constituyente, los vecinos de El Alto
proclaman nacionalización del recurso, cierre del parlamento y
renuncia del presidente. A esto se agrega la no menos agresiva
decisión de los comités cívicos de Santa Cruz, Tarija, Beni y
Pando de autoconvocarse a referéndum autonómico, exigiendo que
el congreso ratifique esa demanda.

A la vez, los maestros están en huelga general demandando
aumento salarial, lo mismo que los trabajadores en salud. Los
trabajadores de AASANA, que atiende los aeropuertos del país,
anunciaron que pararán en cualquier momento. Los médicos están
en apronte para declararse en huelga por sus propias
reivindicaciones. Por supuesto, todos ellos, levantan la bandera de
la demanda por los hidrocarburos en diversa intensidad.

Sumando conflictos, la situación ha alcanzado el grado de
ebullición. La mañana de este miércoles 25, un par de oficiales del
ejército lanzó una declaración propiciando la entrega del gobierno a
una junta cívico-militar. La reacción de los sectores movilizados fue
de rechazo unánime; el alto mando militar se vio obligado a
convocar a una conferencia de prensa, en la que ratificaron su
sometimiento a la constitución y la defensa de la democracia. No
obstante, el peligro de una salida golpista ha quedado flotando en
el ambiente.

Se baraja otra alternativa, como la sucesión constitucional, que
recaería en el actual presidente del congreso, el senador
Hormando Vaca Díez, quien no despierta simpatías en ningún
sector. Dirigente del MIR que encabeza el ex presidente Jaime
Paz Zamora, es oriundo de Santa Cruz y la opinión pública
destaca su ligazón con los sectores oligárquicos de aquella región.
Se afirma que, tal sucesión, no sería otra cosa que un golpe de
Estado revestido de formalidad constitucional.

La posibilidad de una elección anticipada es sustentada por
algunos grupos. En general, los partidos tradicionales, duramente
castigados al producirse la caída del entonces presidente Gonzalo
Sánchez de Lozada, entienden que no tendrían opción en una
confrontación de ese carácter. Empero, estiman que el ex
presidente Jorge «Tuto» Quiroga sería una carta de triunfo, aunque
la verdad es que no está presente en el país, lo cual le quita
muchos puntos.

La peor alternativa, por supuesto, sería el enfrentamiento de dos
bloques regionales, con el peligro de una guerra civil. La
persistencia de los comités cívicos de Santa Cruz y Tarija,
apoyados por algún otro, podría derivar en esa situación que sólo
podría ser conjurada con un gran esfuerzo al que debieran
contribuir los países de la región.

Desbordes de la situación

No parece que tal situación pueda contenerse indefinidamente en
los límites del país. Sus repercusiones están alcanzado a los
vecinos. Muy preocupados, los gobiernos de Brasil y Argentina,
han enviado altos funcionarios, que quieren contribuir a una
solución que despeje la recargada atmósfera política. Mientras
tanto, intereses de otros países, a buen seguro, tienen enviados
que están trabajando para situarse adecuadamente en cualquier
salida que se produzca en los próximos días.

Pero, por otra parte, no hay razón para esperar que las soluciones
vengan de fuera. La salida pasa, en forma inequívoca, por la unidad
de los sectores populares. Eso permitirá definir claramente los
objetivos de esta parte mayoritaria de la sociedad y, al mismo
tiempo, parar las pretensiones de los grupos oligárquicos que
buscan provocar el caos, como caldo de cultivo de sus mezquinas
pretensiones.

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